Lennon y McCartney, Jagger y Richards, Plant y Page, ¡¿Roger Waters y David Gilmour?!

Todas estas parejas de dioses del rock tienen en común la nacionalidad, el talento, el glamour, la fama, la fortuna y hasta los pleitos de vez en cuando. Pero la mancuerna de Roger Waters y David Gilmour nunca compartieron la amistad (al menos de forma evidente) que en algún momento formó estas uniones gigantescas de talento. Y esto fue desde el inicio.

Cuando prácticamente en todas las bandas la amistad es el primer elemento de cohesión, en Pink Floyd no sucedió así con quienes al final se convirtieron en los líderes de la banda. Porque sí, hay que reconocerlo, si algún día hubo un solo líder ese fue Syd Barret.

Y justamente en este hombre podemos ubicar la génesis del pleito o la enemistad, como prefieras llamarle. ¿Por qué? Porque los amigos eran Barret y Gilmour. Pero hagamos un poco de historia.

La alineación primigenia en 1964 incluía a Roger Waters (guitarra), Rick Wrigth (tecladista), Nick Mason (guitarra), Bob Klose (guitarra) y Chris Dennis (vocalista). En poco tiempo este último se salió y se unió a ellos Syd Barret como vocalista y guitarrista. Como ya había tres guitarras, quien se desplazó al bajo fue Waters. ¿Le habrá molestado esto? Quizá.

El siguiente paso sucedió cuando la adicción de Barret al LSD se hizo incontrolable hasta en las presentaciones en vivo. A finales de 1967 la banda decidió llamar a un amigo de él, David Gilmour, quien al final se quedó como miembro permanente cuando se hizo oficial la salida de Syd. Era abril de 1968.

Y de ahí pa’l real

Si bien los grandísimos egos (justificados, quizá, por su talento) de todos trabajaron perfecto durante casi toda la década de los 70 (la de su más grande gloria), la mayoría ubica el inicio de la enemistad entre Waters y Gilmour (los campeones del ego) desde la creación de su obra más famosa: The Wall (1979).

Entonces ya entramos a la era de las diferencias entre ellos. Tan irreconciliables eran que terminaron con el grupo unos años después. Tanto uno como otro trataron de agarrar (literal) lo que quedaba. Gilmour quería hacerse de los derechos sobre prácticamente todo el material de la banda, mientras que Waters buscaba quedarse con la parte visual y conceptual. Esto último en realidad él había lo creado, pero dentro del grupo, no como alma solitaria y creativa.

Años después, ambos coincidieron en que durante la creación de The Wall surgieron los conflictos, al menos de forma evidente. “(Roger) forzó su camino para convertirse en la figura central”, dijo Gilmour a Rolling Stone en 1987. Waters alegó la falta de creatividad de sus compañeros para escribir canciones, especialmente de David.

En The Final Cut (1983) la tensión aumentó y alegando falta de compromiso, Waters eliminó a su “enemigo” de los créditos y este último externaba su temor de que ese disco se hiciera con lo que había quedado de The Wall.

Reventó (¿más?) la bomba

En 1985, Waters quería iniciar su carrera solista y deshacer a Pink Floyd. Gilmour y Wright no lo permitieron y empezaron los pleitos legales que terminaron en lo que mencionamos arriba: la rebatinga del legado del grupo. Unos se quedaron con una buena parte y siguieron creando con el nombre Pink Floyd hasta 1994 (Gilmour, Mason y Wright). El otro, Waters, por supuesto, se quedó con el cerdo volador (wow!) y todo The Wall. Bueno, con excepción de las canciones escritas por Gilmour. Y así todos se encargaron de hacer cachitos un gran legado.

Pero bueno, los años pasan, la gente se relaja y quizá no verse las caras seguido como en los años 60 y 70 les ayudó a destensarse. Así que en 2005 se vivió el esperado reencuentro en Live Aid 8 y fue la última vez que se vio junta a la alineación clásica y de mayor éxito: Waters, Gilmour, Mason y Wright, pues este último murió en 2008.

En 2011 volvió a ser de alegría para sus fans. Ese año Waters invitó a su “archirrival” y a Mason a tocar con él “Comfortably Numb” en Londres. Dos años después, Waters lamentó haber entablado las demandas contra sus excompañeros. No obstante, se negó a participar cuando Gilmour y Mason lo invitaron a participar en el perfeccionamiento del algunos viejos demos de Pink Floyd para lanzar un álbum.

Como sea, el ambiente se ha destensado, y aunque desde el inicio nunca fueron amigos, quizá este 6 de septiembre Gilmour le mande una tarjeta o un tuit a Waters por su cumpleaños 75, que no es cualquier fecha.