Residente es un fuera de serie. Con un estilo ecléctico alejado de los recursos básicos del pop que domina la industria musical, y sin dejar de lado el contenido, ha logrado destacar, pues quien baila sus canciones lo hace al ritmo de letras cargadas de crítica política y social.

Por Enrique Navarro

 

RESIDENTE ALETEA. SU BRAZO DERECHO VA ARRIBA Y ABAJO, ENFATIZANDO CADA PALABRA QUE SUELTA SOBRE LOS ESCENARIOS. “Libertad”, aleteo; “justicia”, aleteo; “amor”, aleteo. Y abajo, en la explanada, el público alienta con danza su vuelo. Llevan las caderas en movimientos circulares hasta el piso y corean los cuestionamientos al ritmo de frases contra la colonia estadounidense en Puerto Rico: “Al colono lo bajaremos del trono para que nuestra bandera cante en un solo tono”; en burla a los sistemas económicos: “Aguantamos el capitalismo, el comunismo, el socialismo, el feudalismo. Aguantamos hasta el pendejismo”; de frente a la Iglesia: “No me hablen de cárteles ni de Los Sopranos. La mafia más grande vive en el Vaticano”.

Residente canta frente a una masa que no distingue razas, estratos, preferencias. Y en su mayoría son los millennials —esa generación a la que muchos describen incorrectamente como fría, ensimismada y desentendida— quienes repiten las rimas del puertorriqueño y bailan la protesta.

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Parece una paradoja que la música del boricua, cuyo nombre real es René Pérez Joglar, la disfruten en todas las clases sociales y en las más diversas corrientes de pensamiento, siendo el resultado de un trabajo de décadas que él mismo no sabe cómo clasificar.

“Puedo tratar de definir lo que he hecho, pero no sé si es justo conmigo ni con los géneros musicales. Es música que es creativa, que soy yo y lo que pienso, que tiene un grado de creatividad y documenta la época en la que estamos viviendo. Es una fusión musical, es un rap que puede ser transgresor y hasta punk a la hora de presentarse en la tarima, porque va a contracorriente en muchos aspectos. Pero la energía en vivo es rockera. Son tantas cosas que no sé cómo llamarle a la propuesta”, explica Residente en entrevista.

Al llamado de este compositor se acude en hordas. Sólo en 2017, su primer año como solista, convocó a 10 mil almas para llenar el Auditorio Nacional de la Ciudad de México. Antes, en 2014, 18 mil personas lo ovacionaron en el Palacio de los Deportes de la misma ciudad, como líder de Calle 13, y, en su tierra, 30 mil fans aplaudieron su regreso en 2013, cuando terminó una censura de tres años por parte del ahora exalcalde de San Juan, Jorge Santini, quien le prohibió presentarse debido a sus duras críticas.

Pero no sólo ha logrado democratizar la rima y la protesta. Este músico también se ha colado con éxito en lugares que él mismo señala como emporios de negocio; sitios a los que no se puede entrar si no hay influencias o dinero de por medio… o un talento incontenible como el suyo.

Foto: Juan Pablo Espinosa

“La radio es una batalla, pero se logra. Además, tienes una banda que defiende la propuesta y que en cada show da el máximo”, señala.

¿Cómo ha logrado el antiguo líder de Calle 13 llegar a tantos oídos y mover tantos cuerpos? ¿Por qué ha sido aceptado por esos mismos a quienes cuestiona? La respuesta es la calidad. “Así estés hablando sobre situaciones sociales o algo trivial, es importante tener un buen trabajo, una buena letra con buena música. Es un balance estratégico en el que he trabajado: hago algo con lo que bailas, pero luego escuchas algo más serio, siempre manteniendo una letra que tenga un concepto y que la música sea de calidad”.

Residente no se calla, no deja de tirar rimas. Incluso en la más reciente entrega de los premios Latin Grammy, en donde fue el más nominado con nueve categorías —incluidas Mejor Canción, Mejor Grabación y Artista del Año—, criticó que la industria musical enalteciera más las ventas, el número de seguidores en redes sociales y reproducciones digitales que su propias creaciones.

“El Grammy es la academia de las artes, no la academia de los números. Me parece que la prioridad en el Grammy o al comprar un disco o al ir a un concierto no deberían ser los números. No es posible que tú pongas que un video tiene 150 millones de vistas y que eso sea más grande que el propio título de la canción. No es posible que tú vayas a tocar en algún lugar y te tardes más en maquillaje y vestuario que en el mismo soundcheck”, señala sobre la noche en que ganó un gramófono por su primer disco como solista, Residente, un galardón más para su colección de tres Grammys y 21 Latin Grammys.

EL MUNDO, SU RESIDENCIA

Lleva música en las venas y, en su caso, esta metáfora devenida cliché se acerca casi a lo literal. El cantante, nacido el 23 de febrero de 1978 en San Juan, descendiente de Gilberto Concepción de Gracia —fundador del Partido Independentista de Puerto Rico—, se sometió a un análisis de ADN mitocondrial y descubrió que tenía ascendencia en Asia, África, Europa y Latinoamérica.

Decidió viajar a cada uno de los países en los que tenía algún vínculo hereditario para buscar nuevos sonidos. Así nacieron el documental y disco Residente. En su travesía logró unir a músicos africanos de tribus enemigas; combinó los cantos chinos con los órganos británicos; pero, principalmente, encontró belleza y similitudes entre los humanos. Así escribió sobre la guerra, aunque también sobre el amor, la naturaleza y hasta de su bebé, Milo.

Esto contrasta con la imagen que algunos le han atribuido, sin embargo hay que escuchar su discurso completo para entenderlo. “Aunque siempre han tratado de encasillarme, yo nunca lo he hecho. Siempre dicen: ‘la música política que René hace’. No es política; es social. Todo es social, hasta la música de fiesta es social, pero trato de salirme de esa casilla”, explica.

Sí, es cierto, y lo dice en su más reciente álbum: Residente trae la revolución en las venas; su lucha va más hacia enaltecer a la gente y si alguien lo duda, que vea la unión de la sociedad ante desastres naturales como el huracán María que devastó Puerto Rico o el terremoto que sacudió a México, ambos en septiembre del año pasado.

“Hay esperanza en la humanidad y en que mi país un día va a ser libre. La libertad no tiene que ver con estar en contra de Estados Unidos, no se trata de estar en contra de un sistema económico, de ser comunista o capitalista. Se trata de ser autónomo, independiente; ser dueño de tus cosas, tomar decisiones propias”, aclara.

Mientras espera ese día, Residente seguirá llevando brigadas de alimento ante las tragedias en Puerto Rico, seguirá cuestionando y al mismo tiempo creyendo en el mundo; pero, sobre todo, seguirá tirando rimas que pongan a todo el mundo a bailar.

“No tengo 30 millones de seguidores en Instagram como otros, pero lleno los mismos estadios o más”.

AMANTE DE LA PALABRA

Residente compara el hip hop con la nueva trova. Asegura que en ambos géneros se enaltecen las letras y se preocupan por tener un mensaje.

Lo expresa con conocimiento. Lo mismo es amigo de Jorge Drexler, compositor uruguayo ganador del Oscar, que juez de batallas de estilo libre.

“El rap ha mantenido esa cultura de preocuparse por la letra viva. Hay géneros musicales que no se preocupan por sus letras, que son más triviales y más sencillas de hacer”, opina.

Su más reciente visita a la Ciudad de México fue el pasado diciembre por la Batalla de los Gallos, torneo de freestyle organizado por Red Bull, en el que el mexicano Aczino salió vencedor. Residente fue juez y convivió con los participantes: “Lo primero es hacerme fanático de jóvenes que están rapeando y poder colaborar para que hagan una carrera en la que puedan vivir haciendo lo que les gusta”.

El documental

Residente, disponible en Netflix, retrata su viaje de dos años alrededor del mundo para hacer su primer disco como solista. Él mismo se encargó de dirigirlo.

“Me encasillan. No sé por qué la gente trata de explicar la música y no la disfruta”.

SU MÚSICA, LA LENGUA UNIVERSAL

China, Burkina Faso, Ghana, África Occidental y la zona del Cáucaso, el examen de ADN mitocondrial al que se sometió Residente arrojó que en todos esos lugares tenía ascendencia y, cuando viajó ahí para conocer sus orígenes, encontró que los unía un sólo idioma.

“La música es universal. A pesar de que los sonidos vienen de distintos países, de otros lugares, encontré que hay muchos parecidos. Los instrumentos de cuerda que encontré en Siberia tenían similitudes con los de China; aunque se tocan diferente, la lógica es la misma”, reflexiona.

En ese viaje entre llanos congelados, desiertos asfixiantes y ciudades cosmopolitas, también encontró aprendizaje, cosas que llevaba dentro.

“Puede ser muchas cosas, también en lo filosófico. Puede ser aprender; literalmente te trasladas de un lado a otro y en ese camino uno aprende, y a veces se aprende más que llegando. El viaje es un ciclo de aprendizaje”.

Tráiler del documental Residente en Netxlix