El teléfono de Diego Luna no dejaba de vibrar. Apenas se dio a conocer que sería el protagonista de Narcos: México, la cuarta entrega de esta franquicia de Netflix, recibió cientos, miles, de notificaciones de Twitter.

Pero los mensajes no correspondían a buenos deseos de los fans que ha cosechado desde Y tu mamá también o Rogue One: A Star Wars Story, sino a críticas.

El mismo actor mexicano cree que las descalificaciones venían de una maquinaria gubernamental por haber cuestionado la Ley de Seguridad Interior, iniciativa que se interpretó como una legitimación de la fuerza militar y policiaca para evitar cualquier movimiento social de inconformidad.

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“No nos pusimos de acuerdo nosotros. Ni Netflix ni los ciudadanos mexicanos ni el gobierno. Pero el problema fue que salió la Ley de Seguridad Interior y fuimos muy activos en rechazarla, cuestionarla y pedir que se escucharan a las voces calificadas. Fui al Senado y cuando salió el teaser (de la serie), la maquinaria a la cual estábamos lastimando se arrancó en nuestra contra y trataron de utilizar esto para descalificar mi voz”, dice Diego en entrevista desde el set en México de Narcos.

El actor fue criticado por manifestarse en contra de una ley que, según el gobierno en turno, garantizaría paz luego de años de violencia y guerra contra el narcotráfico, al mismo tiempo que emulaba y se caracterizaba como un capo. En específico, Diego estaba en el traje y piel de Miguel Ángel Félix Gallardo, a quien se le atribuye el primer imperio criminal conocido en México, y del que se documentó consultando libros.

“Es un personaje del que quizá no hay tantas imágenes ni entrevistas. Era muy reservado y veía esto como un negocio en el que había que ser precavido en cada movimiento.
Hay unas cartas escritas por él desde la cárcel que me ayudaron mucho, pero mi trabajo fue más construir el rol a raíz de lo que otros dijeron sobre él”, explica.

Cuando el actor tuvo este encuentro con S1ngular, estaba por rodar más de tres veces la misma escena, una en la que, en una gran y opulenta fiesta, Félix Gallardo deja claro su poder. Y aún así, frente a la imponente cámara, y ya con las críticas encima, Diego va en un traje impoluto a su lugar en el set, pues sabe que esta es una historia que debe ser contada.

“Esta etapa de la historia que estamos narrando te ayuda muchísimo a entender el presente en el que vives. Es sin duda un recordatorio de qué es lo que dejamos que pasara y por qué hoy estamos en esta realidad para los que vivimos en este país tan violento y desajustado”.

No conoce otra forma. Nunca se ha autocensurado ni ha dejado de compartir su sentir en las redes sociales, incluso cuando ahí las susceptibilidades son frágiles. Al contrario, su renombre se debe, además de a sus éxitos actorales, a su activismo social que incluye protestar por una ley, ayudar en la distribución de víveres durante el pasado terremoto en México o exigir la reconciliación social previo a las recientes eleciones con la iniciativa El Día Después.

“Soy alguien que creció en una familia de izquierdas, en una escuela liberal donde nos permitían y exigían tener una opinión. Se valoraba la juventud politizada”, señala.

Cuando se estrene Narcos: México este viernes en Netflix, el teléfono de Diego Luna volverá a vibrar por los miles de mensajes que le llegarán. Y entonces sí los leerá, pero sabiendo que ahora las críticas serán de gente que ya vio el programa y no de la maquinaria.

“Las notificaciones que llegan ahorita, claramente no tienen que ver con lo que yo estoy haciendo, sino la percepción que se tiene de las temporadas pasadas o lo que se imaginan que estamos haciendo.”