Debido a mi oficio, tengo por regla tratar de ver todos los pilotos de las series que pueda. Viendo uno, me doy buena idea de lo que va y ya. Si me engancha el primero, veo tantos capítulos y temporadas como se me antoje. Pero la verdad, son pocas las series en las que veo un segundo capítulo y muchas menos las que sigo hasta el final. Con Luis Miguel: la Serie todo me sucedió diferente.

El primer capítulo no me gustó nada (me dije a mí mismo: ni uno más). El nivel del melodrama doméstico se me hizo insufrible. El conflicto del protagonista giraba alrededor de Mariana, su primera novia. Luis Rey la saca de la edición del videoclip, la “desinvita” a los premios fulanos y por si esto fuera poco, cambia las fechas de la gira y Miky no pudo ir a la expo de su novia en Nueva York….

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Los diálogos (un horror) me resultaron sobre expositivos y las actuaciones, más regulares que buenas, me hicieron sentir en una telenovela de los 90. Además, ¿falta algo más qué decir de Luisito Rey? El más vil de todos los padres, el tirano de la novela, el malo de Malolandia. Joe Jackson era un tiernito en comparación.

Pero bueno, ¿porqué escribo cosas tan malas cosas de una serie que no puedo dejar de ver? ¿Por qué ahora me interesa saber la vida íntima de un personaje que nunca antes me había interesado en lo absoluto? Creo que todo fue culpa de Lety, la recepcionista de nuestra casa productora.

Al platicarle un par de semanas después lo malo que me pareció el primer capítulo, Lety, con cara de no puedo creer que no sepa me dijo: “¡Todo lo que está saliendo en la serie es verdad!”. Y me platicó su versión de los hechos. Pues resulta que Doña Lety, cuando era más joven, trabajó en la disquera donde grababa de niño Luis Miguel y cuenta que lo conoció bien.

Muy orgullosa platica cómo el niño le brincaba por el escritorio y le desacomodaba sus papeles. “¡Era encantador!” Todo fue preámbulo para el culebrón que me contó: Niño explotado, papá abusador, la efedrina en vez del descanso, las mujeres, el alcohol, coca, autos y por supuesto, la mamá. “¡Todavía no se sabe dónde está!”, me dijo.

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Habrá sido el morbo, el pequeño lector de la revista Hola que todos llevamos dentro o yo no sé. Terminada la plática algo me agarró y llegando a mi casa vi un par de capítulos más que ya se habían juntado. Fue suficiente. Sin proponérmelo y en contra de toda creencia personal y profesional, quedé formalmente enganchado. Sí, me sentí como señora viendo telenovelas. Lo peor es esperar a cada domingo, como un adicto, a las 9 de la noche, para saber algo más.

Luego vinieron los lunes. Todas las conversaciones giraban sobre la serie y no sólo eso, el fenómeno del tras-media. Como buena parte de la vida de Luismi está documentada en televisión, la red se llenó de “en verdad como fueron las cosas” –videos vintage, memes, y todo el mundo opinando. Que si Roberto Palazuelos va a decir la verdad, que si Andrés García fue su verdadero ángel, que si la que interpreta a Mariana está más bonita que la original y la mejor, que si Iñárritu le bajó a la novia al mismísimo Luis Miguel, (¡denle otro Oscar!).

Al final, Luismi me atrapó

¿Qué tiene esta serie que además de conquistarme y a generaciones todavía más viejas, también le está llegando a las nuevas? ¿Dónde reside su enorme éxito? ¿En las canciones? ¿El personaje? o de plano… ¿Fue el morbo, ese atractivo que despierta una cosa que puede resultar desagradable, cruel o prohibida?

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Conseguí preguntarle a una millennial que ve la serie y me lo dijo muy claro: “Yo quiero saber qué le pasó a la mamá”. Y esto es lo más irónico del fenómeno, estamos a punto de terminar la primera temporada y el pobre Luismi todavía no la encuentra.

Sabemos de cierto que su madre nunca apareció (además lo confirmó Lety). Sabemos que no va a aparecer, que no la va a encontrar. Aun así, todos queremos saber cómo pasó lo que no pasó (Hitchcock estaría orgullosísimo).

Muchos capítulos después, la serie sigue con los mismos diálogos expositivos y las actuaciones siguen igual. Pero eso ya no me importa. Hoy le veo una magnífica edición que a mi gusto logra reinventar la lenta telenovela y la convierte en una serie ágil y entretenida.

Revelar en una serie la vida privada de “el Sol” que se apagaba, lo ha convertido en un fenómeno tras-mediático y un verdadero éxito, sin cantar ninguna canción.

Ahora sabemos que habrá una segunda temporada…, esperamos fervientes saber qué le pasó a la mamá antes de que la primera termine. ¿O habrá que esperar un año para saber? Mientras… Luis Miguel está de regreso y está en la boca de todos.

Nota del editor: Jorge Riggen es director/productor en Ítaca Films