Ni a la mente más brillante del guionismo se le habría ocurrido contar una historia así de intrincada y fascinante como la de Wild Wild Country. Quién habría imaginado una trama que mezcla una secta responsable del primer ataque bioterrorista en la historia de Estados Unidos, el amarillismo de los medios, políticos republicanos ultraconservadores, algunas estrellas de Hollywood… y hasta el fundador de Nike.

Cuando veas esta serie documental de seis episodios, no dejarás de pensar que el retrato del gurú indio Osho y su secta de culto, que comenzó a cautivar a miles en los 70 y 80, es demasiado bueno para ser cierto.

Aquí el cliché de que “la realidad supera a la ficción” se cumple con creces gracias a que los hermanos directores Maclain y Chapman Way (The Battered Bastards of Baseball) descubrieron un archivo con más de 300 horas filmadas en Rajneeshpuram, la comunidad de niveles utópicos que fundó este grupo religioso en el pueblo Antelope, Oregón.

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Los cineastas reconstruyen los hechos históricos a través de entrevistas con los personajes claves de esta historia, y esta cobra niveles épicos porque se expone con profundidad el impacto humano, social y político, luego de que Osho decidiera dejar India y mudar a toda su comunidad Oregón.

Se refleja con maestría cómo este gurú y sus seguidores trastocan el tranquilo estilo de vida de un pueblo en medio de la nada, luego “secuestran” la política local, hasta finalmente convertirse en un fenómeno mediático, religioso y social que preocupó incluso al gobierno federal estadounidense.

Estrenada en el Festival de Sundance y con un puntaje de 100% en la página especializada Rotten Tomatoes, Wild Wild Country es una serie de culto en el sentido más amplio de la palabra.

Por Salvador Cisneros