El arte y la cultura a nivel internacional se encuentran en las fauces de una descarnada corrección política puritana.

Por Rubén Pintos

 

El término “políticamente correcto” se empezó a emplear en debates entre grupos de socialistas y comunistas en los Estados Unidos de los 40. El término era una crítica de los primeros a los segundos, un señalamiento de cómo individuos que buscaban seguir de manera dogmática al partido comunista lo hacían sin importar que las políticas del partido violentaran los derechos de los demás. Se trataba entonces de hacer lo correcto para unos, aunque significara hacer lo incorrecto para los demás y para el mismo sentido común.

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George Orwell en un prefacio para Rebelión en la Granja señalaba que la corrección política, que lo asociaba principalmente con grupos de izquierda, era el común denominador de sus críticos más feroces, quienes no aceptaban que se cuestionara sus ideas ni forma de pensar en general.

Orwell buscó varias veces prevenirnos de los peligros de la modificación del lenguaje y la cultura en aras de “hacer lo correcto”. Hoy, en pleno 2018, vivimos una era en la que lo políticamente correcto triunfa por encima de la razón. Los ejemplos empiezan a acumularse y esto va más allá de solo diferencias de opiniones; la cultura y la forma de vida de muchas personas comienza a ser afectada severamente.

Foto: Wikimedia commons

Por ejemplo, la obra del pintor Egon Schiele, discípulo de Klimt, no será exhibida a 100 años de su fallecimiento en Alemania y Reino Unido. Los desnudos que el artista plasmó con tanta gracia y libertad le costaron la cárcel en su momento y ahora vuelven a provocar el repudio de las buenas consciencias.

Foto: Wikipedia

El caso más notorio en la actualidad, la guerra cultural entre artistas francesas y estadounidenses por el #MeToo. Las primeras, una combinación de feministas transgresoras y actrices como Catherine Millet y Catherine Deneuve, denunciaron la campaña como una cacería de brujas orientada por la misandria. El segundo grupo inmediatamente calló y descalificó a las damas europeas, al tacharlas de insensibles e incluso de promotoras de la violencia contra la mujer. El debate se cerró de forma casi inmediata.

Foto: Pexels

“Se empiezan a vivir situaciones que van desde lo absurdo hasta lo irreal”.

La corrección política puede venir de varios frentes, pero es la izquierda moderna la principal protagonista. Una izquierda que en sus múltiples facetas y encarnaciones se volvió sin darse cuenta en lo que se suponía estaba dispuesta a combatir: la censura y la cerrazón. De una manera puritana e inquisidora se ha buscado imponer un régimen de buenas consciencias, esto para la supuesta defensa de grupos vulnerables. Esta corrección política amenaza con devorar el arte y la cultura al descontextualizar las cosas. 

“Los sentimientos se imponen a la razón”.

Lo que el mundo no necesita es que digamos “todos y todas” ni que lo que incomoda a algunos se retire de galerías y salas de cine. Necesitamos reflexionar seriamente sobre el lugar al que deseamos dirigirnos como sociedad y entender que un mundo en el que todos se ofenden con todo, difícilmente tendrá un futuro digno. Bien lo advirtió Orwell.

Video reseña del movimiento #MeToo