Ocurrió que hace algunos meses, en la relación del “primo de un amigo,” salió entre la conversación cotidiana la idea de tener una relación abierta. Ellos, a punto de cumplir nueve años de relación estable y casi cinco de vivir juntos, se plantearon, por primera vez, abrir las puertas de su vida amorosa y sexual a terceras personas.

“¡Qué escándalo!” Podrían pensar las mentes conservadoras de nuestros días, pero la posibilidad del “amor libre” es una estatua antigua aún cubierta por un velo moral que se está cayendo. Con mayor frecuencia se habla de este tema en pláticas casuales y Facebook ya la ofrece entre sus opciones de situación sentimental para los perfiles personales. A pesar de ello, todavía hay dudas y conflictos ante esta forma (¿nueva?) de relacionarnos.

El “primo de mi amigo” me cuenta que la posibilidad de “otros” se mencionó entre risas nerviosas y planteando situaciones cómicas de lo que sería tener sexo con gente externa a la relación. Entre broma y broma… poco a poco comenzaron a flexibilizar el tono de sus comentarios al punto de encontrarse en la calle hablando de personas que les parecían atractivas e, incluso, excitantes.

A él, la idea siempre le había dado vueltas en la cabeza. “Somos lo suficientemente imperfectos como para abarcar todas las necesidades de una sola persona”. En sus palabras, la monogamia es más un acto de egoísmo donde conceptos bastante capitalistas (dominio, pertenencia, exclusividad) imperan. ¿Cómo podemos pretender que la persona que nos gusta a nosotros no le guste a nadie más? Eso es ingenuo, apunta.

Incluso va más allá: ¿Cómo podemos creer que la persona a la que le gustamos no le puede atraer alguien más? Para dar sus respuestas, explica que el “amor exclusivo” es una lucha diaria por reprimir el deseo de estar con otros. “No es que no te atraigan o te estimulen más personas, es que simplemente te reprimes y te culpas por tener esos sentimientos”.

Una cuestión de la naturaleza

La biología, desde hace años, determinó que sólo 1% de las especies que hay en la naturaleza son monógamas. Los seres humanos están fuera de ese diminuto porcentaje. Entonces, esta idea de A conoce a B y viven felices para siempre, es un acto netamente cultural que fue válido en un tiempo donde la idea única de estar en pareja era formar y procrear una familia. Hoy que estos conceptos tienen nuevos significados y nuevas formas, ya no parece el único camino.

Si esto es así, el amor libre y las relaciones abiertas ¿no serían una forma de rebelarse, una manera de estar fuera del establishment?

Para este primo de mi amigo la respuesta es sí. Es simplemente responder al deseo genuino y tener claridad entre la persona que decides amar y por quien tienes lealtad y las personas a las que simplemente deseas sexualmente.

La puerta que se abre es grande. El mundo de posibilidades es amplio. Desde que ambas personas que integran la relación concreten encuentros casuales fuera de la pareja, hasta que sólo uno de ellos lo haga por decisión propia, pasando por el intercambio de parejas e invitar a un tercero a tener experiencias sexuales con ambos.

La diferencia –y la clave– entre la relación abierta y la infidelidad, es el engaño. Para las relaciones que deciden abrirse, el diálogo es un paso ineludible. Antes de comenzar a tener encuentros con “los otros” es necesario aclarar los términos en que sucederán para evitar el engaño y la sorpresa. El que avisa no es traidor.