A partir del 14 de diciembre, se lleva a cabo la Feria de la Piñata en Acolman. Diversos artesanos de la región muestran y venden su trabajos, así como conciertos y muestras culturales que reúnen a los habitantes en la plaza de la municipalidad.

Es difícil imaginar una posada sin esta pieza de cartoneria llena de color. El lugar exacto en el que la historia marca el origen de esta tradición, que ha atravesado cambios sociales de más de 4 siglos, es precisamente este municipio en el Estado de México.

Acolman se encuentra entre la Ciudad de México y las Pirámides de Teotihuacán, lo que lo convierte en un pueblo de importante transito turístico. Su fundación data del siglo XIII y uno de sus atractivos es el exconvento de San Agustín, una edificación tradicional compuesta por templo, atrio y claustro, determinada por una arquitectura clásica, con columnas y decoración inspirada en el Renacimiento italiano.

feria de la piñata acolman
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Según la historia del lugar, al interior de este recinto surgieron dos de las tradiciones navideñas con identidad mexicana más importantes. En 1587 el Papa Sixto V concedió a fray Diego de Soria, encargado del Monasterio de Acolman, un permiso para realizar las denominadas misas de “aguinaldos”, entre el 16 y el 24 de diciembre.

Este hecho se considera el origen de las tradicionales posadas que han llegado hasta nuestros días. Los misioneros agustinos, en su afán de evangelizar a los nativos, encontraron en la invención de las piñatas la manera de explicar el pecado, la conversión y la redención.

Esta colorida artesanía elaboraban con ollas de barro o cartonería contaba con 7 picos en forma de una estrella. Cada una de estas puntas representa uno de los pecados capitales de la religión católica. El acto de golpearla hasta romperla simboliza un desprecio al pecado y la oportunidad de los fieles de arrepentirse y conseguir la redención.

A pesar de que hoy se pueden encontrar diferentes versiones y nuevos significados de las piñatas, esta tradición no sólo ha sobrevivido más de 4 siglos de transformaciones sociales, sino que se ha convertido en uno de los sellos de identidad para la celebración de la Navidad en México.