A las 10 de la mañana del sábado 1 de diciembre, los soldados quitaron los letreros de “Prohibido el Paso” en las rejas verdes de Los Pinos para dejar entrar a los primeros visitantes. 

Tanto en la puerta 1 como en las 3, la gente no dejaba de llegar para atender algunos de los eventos que se organizaron en los jardines y salones de la que hasta hace unas horas habían sido la residencia oficial del presidente de México. 

Según la Secretaría de Cultura, en el primer fin de semana se registraron 90 mil visitantes, 30 mil el sábado y 60 mil el domingo. Pero el punto que tuvo largas filas fue la casa en la que habitó Enrique Peña Nieto y familia.

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Para entrar a la Casa Miguel Alemán uno tardaba en promedio casi una hora formado, extendiéndose por todo el paseo de los presidentes, hasta dar doble vuelta por el escudo nacional que está en la entrada que da hacia el Bosque de Chapultepec.

“¡Lo logramos! ¡Pudimos romper las cadenas!”, gritaba una señora que iba en un grupo de personas con gorras de Morena, el partido del nuevo presidente. Algunos de ellos entre lágrimas, siguieron con una conocida consigna: “¡Es un honor estar con Obrador!” Parecía que el estar dentro de esa lujosa casa era un triunfo del pueblo.

En la espera uno puede admirar las esculturas de los mandatarios que habitaron Los Pinos desde 1934, comenzando por Lázaro Cárdenas, hasta Peña Nieto, quien alcanzó a develar su figura portando la bandera mexicana. A su lado izquierdo queda un pedestal vacío, ¿veremos en un futuro a AMLO inmortalizado ahí?

Un extenso jardín a las afueras de la Casa Miguel Alemán ahora es el lugar perfecto para reposar en un día soleado. Los niños se deslizaban por sus verdes laderas y otros se resguardan del sol bajo la sombra de uno de los árboles, sentados en sillas que estaban a la mano.

Casa Miguel Alemán

Al llegar al portal de la casa de estilo francés construida hace más de 60 años, un coro te recibe con música clásica, mientras tienes que pasar de prisa (no hay mucho tiempo para fotos) por cada uno de los espacios: la biblioteca José Vasconcelos, todavía con algunos libros, así como el despacho en el que vimos a Peña Nieto dar mensajes a la nación.

Uno regresa a la recepción del recinto para encontrarse con una espectacular escalera que nos lleva hasta los cuartos ya vacíos. “¿Se llevaron todo?”, era la pregunta que constantemente hacían a los guías. La sala y el comedor aún lucían sus muebles. El recorrido termina justo en el sótano de la casa, donde había una sala de juegos, un cine y un búnker que se usó en el sexenio de Felipe Calderón.  

Casa Lázaro Cárdenas

Si no quieres perder tanto tiempo formado, puedes pasar directo a la casa que habitara el General Lázaro Cárdenas. Él fue quien mandó hacer de Los Pinos la casa oficial del presidente, en lugar del Castillo de Chapultepec. 

El edificio era parte del rancho La Hormiga, y en comparación con las otras residencias, ésta era más austera y funcional. Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán fueron otros dos mandatarios que vivieron ahí.

Paseo de la Democracia

Entre la Casa Lázaro Cárdenas y la Casa Miguel Alemán, uno puede pasearse por un camino con bustos de personajes clave en la lucha por la democracia en México, como Luis Donaldo Colosio, Manuel Clouthier, Carlos Castillo Peraza, Heberto Castillo, entre otros. Este fue inaugurado durante el gobierno de Vicente Fox, pero hasta ahora puede ser visitada por el público.

El Molino del Rey

Es un edificio construido en el siglo XVI en el que se fabricaba harina de trigo. El lugar en el que se encuentra era conocido originalmente como Lomas del Rey, dedicado al Emperador Carlos I de España, de ahí el nombre que actualmente lleva. En la invasión estadounidense en 1847 fue un escenario importante.

El espacio formaba parte de las oficinas del Estado Mayor Presidencial (que ahora ya no está activo ahora que AMLO se siente protegido por el pueblo) y se convertirá en un espacio cultural como el resto de Los Pinos.