No necesitas ser expertos para saber que la cerveza se lleva con todo. Así es, con todo. O por lo menos eso pensamos los mexicanos al combinarla con lo que la imaginación nos da: le derramamos picante, le añadimos algo acidito y por qué no, hasta la botana le incluimos. Total todo va para el mismo lugar.

En los últimos años, en México nos hemos dado a la tarea de inventar mil y un recetas para darle un toque característico a la cerveza, sin respetar su pureza ni sabor, aunque el resultado sea una verdadera bomba para nuestro sistema digestivo.

De todo

Y es que la mixología callejera no repara en protocolos ni en salud, sino en que los sabores sean familiares a nuestro paladar, como es el caso del picante que, además, pueda llevar muchos ingredientes añadidos como en el caso de las gomichelas y micheladas que son complementadas con mariscos o brochetas de carne y que, para cualquier paladar extranjero, podría resultar bastante extravagante pero, para nosotros, es parte de nuestro folclor botanero.

La moda de estas populares bebidas se ha extendido por todos los rincones del país y de la ciudad. Lugares como el Michelas de la Condesa, tiene una barra de topings donde puedes añadirle a tu cerveza todo lo que se te ocurra, como gomitas, tamarindo en todas sus variantes y todo tipo de picantes y saborizantes en polvo.

En otros lugares, como Iztapalapa, están Las Charolas de San Juan, famosas en el rumbo porque las cervezas se sirven en charolas cubiertas con camarones, pepinos, jícamas, cacahuates,  churritos y hasta brochetas de carne. Según el pedido del cliente.

Si eres diabético o ya tienes el “callo” chelero, abstente de caer en la tentación, pues se trata de cocteles ricos en azúcar que llegan a rebasar hasta las 2 mil calorías cada uno.