Tal vez hayas escuchado de aquella aplicación que es “como Tinder pero para gays”. Donde los hombres buscan encuentros casuales con otros hombres. Activos, pasivos, inter; con lugar, sin lugar; entrones o discretos. Todo un vocabulario puesto en juego en una serie de situaciones hilarantes y azarosas que ahora forman parte de la cotidianidad homosexual -o por lo menos de los asiduos a Grinder.

De eso trata un musical, en el que cinco jóvenes homosexuales habitan la aplicación con diferentes objetivos. Ninguno tiene nombre propio, todos se identifican por el nickname en la app: Discreto, Pasivo con valores, Gym entrón, Busco Novio e Influencer.

El show está dirigido por la personificación de Grinder, curiosamente, interpretado por una mujer. Ella es el host de este espectáculo sui generis entre el teatro musical y el cabaret.

Este espectáculo tuvo su origen en España donde, a juzgar por el contenido que hay en la red, se trata de una versión osada y arriesgada cuando se trata de hablar claro de la sexualidad. Hay traseros y torsos al descubierto, elementos que parecen haber quedado fuera cuando la adaptación a México ocurrió a manos de Salvador Núñez.    

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La obra es una serie de situaciones que, cualquiera que ha navegado por la aplicación, reconoce. Pero para los que son ajenos, resultan igual de risorias. Hay insinuaciones juguetonas y picantes; señalamientos puntuales al hedonismo, burlas frontales; el público simplemente no para de reir durante la función. Se trata de un intento por retratar a través de la farsa la cotidianidad de esta aplicación a través de los arquetipos perpetuados por la misma interacción que habita en Grinder.

No se trata de un acontecimiento cultural como lo han sido montajes históricos como The Boys of the band o The normal heart. Sin embargo, sí que es una obra de este tiempo. El principal -quizá el único- rasgo reflexivo es este esfuerzo por hablar de la evolución de la posibilidad de conectar con otros homosexuales mediados por la clandestinidad que brindó la tecnología. Primero los club de chats, el messenger, las redes sociales, hasta llegar al “lo quiero todo y lo quiero ya”.

Todas las bromas se entregan y aterrizan en tiempo con habilidad cómica y el espectáculo puede ser un entretenido retrato de “la vida gay posmoderna” a través de 12 números musicales.

Hay talento interesante sobre las tablas como el de Tanya Valenzuela quien echa a su bolsa al público con facilidad o el de Rogelio Suárez, un consumado intérprete del género musical. Sin embargo, el espectador tiene dos alternativas, sentirse agobiado por el excedente de comedia y simpleza o dejarse llevar por la ola del simple entretenimiento.

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Grinder: El Show. Teatro SOGEM Wilberto Cantón. José María Velasco 59, Col. San José Insurgentes

Por Jonathan Saldaña