Mañana amaneceremos afónicos, pero habrá valido la pena sentir la garganta descartada por el grito de gol tras la anotación de Hirving Lozano y el canto del “Cielito Lindo” inundó las gradas del estadio Luzhniki, en Moscú.

Mientras se desgarraban las gargantas, llovía cerveza y a nadie le importaba. La emoción era tal que el fan que acaba de ser empapado abrazaba a quien lo había bañado y  el “sí se pudo” sonaba duro, como un grito de guerra al momento en que los alemanes abandonaban sus asientos fríos.

Así es el fútbol. Sorpresivo y bello. La Selección Mexicana y su director técnico Carlos Osorio cambiaron el escepticismo y pesimismo de la afición por un júbilo que hizo retumbar el estadio.  

Y a los que habían dudado del ortodoxo sistema de Osorio, nos había callado la boca. Pero lo cierto es que todos gritaban y bailaban.

“En dónde están, en dónde están, los alemanes que nos iban a ganar”, los rusos y demás aficionados hacían reverencia cuando la mareaba verde pasaba saltando y cantando.  

Los más pícaros y subidos de copas bajaban las escaleras diciendo “fue impresionantiii”, en alusión al vídeos sexual de Zague, quien por cierto es el muso de decenas de porras picantes que lo extranjeros no alcanzan a entender… ni los mexicanos a explicar. 

Como en Moscú se puede beber en la calle, la fiesta promete, al ritmo de mariachi, así de grande es nuestra alegría. 

Por Salvador Cisneros / Enviado