Gayo es un yorkshire terrier diagnosticado con linfoma hace cuatro meses. Tiene 7 años humanos y 47 en edad de perro. Aún es joven. “Nunca lo imaginé. Cada septiembre lo vacuno contra la rabia, pero la última vez lo olvidé y retrasamos su chequeo hasta diciembre. Ahí el veterinario encontró los ganglios de las patas traseras muy inflamados. Me comentó que era algo anormal y me pidió esperar alrededor de tres semanas, pero no hubo cambio”, cuenta Ana, su dueña.

En el Hospital Veterinario de Especialidades de la UNAM confirmaron lo que el primer médico suponía: cáncer. La esperanza de vida de Gayo no pasaba de 11 meses e implicaba someterlo a entre 15 y 19 sesiones de quimioterapia sin ninguna garantía. “Es muy doloroso que te digan que, de una u otra manera, tu perro va a sufrir y morir”, dice Ana.

Pero entonces se enteró del uso del cannabidiol (CBD), un cannabinoide de la marihuana, como tratamiento para el cáncer. “Hablé con una investigadora de Canadá que trabaja con las propiedades curativas del CBD y después platiqué con la dueña de un xoloitzcuintle desahuciado por un osteosarcoma (cáncer de hueso). Me contó que a las dos semanas de tratar a Hidalgo, su perro, con CBD, los síntomas se habían ido y, dos meses más tarde, el especialista confirmó con estudios clínicos que no había rastros de cáncer. A Hidalgo le salió una mancha negra entre la nariz y ojo izquierdo y esa fue la forma en que el cuerpo expulsó las células malignas. Cinco años después Hidalgo murió de viejo. Con eso me animé a dejar a un lado la quimio y tratar a Gayo con CBD”, recuerda Ana mientras en su celular suena la alarma para recordarle la siguiente dosis de Gayo.

El verde es vida

“La marihuana está muy satanizada”, comenta Rocío López, bióloga y veterinaria. “Mucha gente aún piensa que quien la consume ‘se va a ir al infierno’ y plantearlo como un tipo de medicina alternativa tampoco la beneficia porque hay quienes creen que la medicina alternativa es negarse a recibir el tratamiento ‘adecuado’”, agrega.

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Esta especialista explica que el cannabis no solo es psicotrópico, de hecho el cannabis sativa es la subespecie más utilizada con fines medicinales, contiene tetrahidrocannabinol (THC), cannabiciclol (CBL), CBD y alrededor de otros 60 cannabinoides. Se ha comprobado que es eficaz en pacientes con epilepsia, artritis séptica o reumatoide, problemas geriátricos, de desarrollo cerebral y cáncer.

“Hay un tipo de cannabis para tratar la epilepsia que funciona mejor cuando la hoja, la raíz o la floración se encuentran en determinado estado”, comenta López. “Lo que mejor sirve para una enfermedad depende de una cierta subespecie, una parte de la planta y un estado específico de desarrollo. Sin embargo estas investigaciones aún están en pañales”.

Por otro lado, aunque en diciembre de 2016 se aprobó en México el uso de la marihuana con fines medicinales, y la Secretaría de Salud es la encargada de ejecutar las políticas públicas al respecto, López señala que no hay nada que indique dónde o cómo se puede comprar, o qué se puede hacer, así que el mercado sigue siendo ilegal incluso para fines médicos.

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Dosis de esperanza

Los tratamientos que hasta ahora han dado resultados, indica López, se basan en un extracto de cannabis (30 gotas requieren aproximadamente 10 kilos de marihuana) que se diluye en aceite de oliva y se administra al perro periódicamente, según la raza y la etapa del cáncer. Y entre los beneficios se encuentran evitar la angiogénesis, que es el proceso a través del cual los tumores se irrigan, impedir la metástasis, reducir la inflamación, el dolor e inducir la apoptosis; es decir, la muerte programada de las células cancerígenas.

El único riesgo es una sobredosis, de acuerdo con López, pero para eso se requieren cantidades gigantes y las dosis que se administran con este tipo de tratamientos son mínimas. “Sé de casos en los que el cáncer desaparece, otros en los que el crecimiento se detiene o se retrae, y otros en los que este tratamiento se usa a la par de la quimioterapia para evitar efectos como las náuseas o el cansancio excesivo. Pero el resultado siempre es positivo”, concluye.

Tras cuatro meses de tratamiento con CBD, los últimos estudios de Gayo mostraron los niveles de sangre en orden y el veterinario no detectó los ganglios inflamados. “Fue una decisión apresurada, pero estoy segura de que Gayo puede vivir mucho más de los 11 meses que me habían dicho en un inicio”, dice Ana, mientras Gayo recibe su dosis moviendo la cola.