La relación entre humanos y perros es milenaria, pero por mucho tiempo estuvo enfocada en la utilidad de estos animales y no únicamente en la satisfacción de su compañía. Perros de pastoreo, de caza, perros guía, de rescate y muchas otras actividades que utilizaban las capacidades sensoriales más desarrolladas de esta especie.

¿En qué momento restamos valor a las características propias de los animales y las reemplazamos por cualidades humanas? El Dr. En Medicina Veterinaria y Zootecnica, de la UNAM, Moisés Heiblum, lo explica en cuatro preguntas.

 

¿A qué se debe esta tendencia?

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Es relativamente reciente por dos situaciones principales de las parejas jóvenes. La primera es que no quieren tener hijos y sustituyen esta convivencia con animales de compañía y, la segunda, es que están tan enfocados en realizarse a nivel profesional que tardan más tiempo en tener familia humana y, mientras tanto, se acompañan con perros y gatos, tradicionalmente las mascotas por excelencia.

 

¿Qué beneficios hay en tratar a un perro como humano?

Ninguno. Creo que son la causa para muchos problemas para ambas especies. Primero el humano crea una serie de expectativas en la mascota que nunca va a llenar, simplemente, porque los animales nunca van a actuar como una persona.

En el caso de perros y gatos, el hecho de atribuirles características humanas les impide llevar a cabo conductas propias de su especie y probablemente desarrollen trastornos conductuales muy importantes, varios de ellos, relacionados con procesos de ansiedad.

 

¿Consideras que el concepto de “perrhijos” es una estrategia de marketing?

Indudablemente. El marketing ha aprovechado para crear un mercado especial de ropa, juguetes y objetos especiales como productos para fiesta y otros que asemejen a consumibles humanos, e incluso, muchas películas y series de televisión han promovido, con sus personajes, la idea de conferir emociones humanas a los animales.

La compra de este tipo de productos crea un vínculo emotivo que genera satisfacción en los dueños, pero que afecta la vida de las mascotas, por ejemplo, produciéndoles obesidad.

 

¿Cuál es la línea que no se debe cruzar?

Tanto perros como gatos, que son los animales más cercanos en este tipo de relaciones, forman lazos afectivos que generan beneficios comprobados científicamente, para la salud física y emocional de los humanos. Pero, como dueños, debemos aprender a respetar los sistemas de comunicación y de organización social propios de su especie.

Al comprender esto tendremos, las mascotas se beneficiarán de un hogar que los provea de afecto, refugio, alimentación y actividades sociales; y los humanos tendrán una relación satisfactoria, sin recurrir a la idealización de lo que puede hacer un animal.