Afuera, la ruidosa Ciudad de México se vuelca en su cotidianidad. Los restaurantes que están alrededor del parque Centenario del emblemático centro de Coyoacán ya se preparan para la jornada de un martes.. Dentro del bar El hijo del cuervo, nos encontramos con el escritor mexicano Juan Villoro para platicar de su reciente publicación El Vértigo Horizontal, una compilación de crónicas de su recorrido, justo, por esta gran urbe.

“Es como llegar a un puerto de atracada luego de una travesía muy extensa,” así define Villoro su reciente publicación editada por el sello Almadía. Y es que este escritor de 62 años ha dedicado gran parte de su actividad como cronista a contar las historias chilangas.

En El Vértigo Horizontal, el texto más antiguo data de 1994, año en el que Juan Villoro escribió sobre su experiencia en la capital. Sin embargo, en esa épocas jamás se planteó escribir un libro sobre esto. Fue hasta hace 8 años, aproximadamente, que pensó que sería una buena idea juntar algunas de sus crónicas en las que el DF o la CDMX, es la gran protagonista.   

Editado por Almadía (Cortesía)

Cree que la publicación de este volumen es el cierre de una etapa, la conclusión de una “larguísima travesía,” en la que ha tratado de contar y revelar los rincones de la Gran Ciudad. Reflexionar sobre la ciudad forma parte importante de la obra del autor. Lo ha hecho en diferentes claves, desde el relato hasta la novela como El disparo de Aragón, una historia muy urbana.  

En el caso de esta entrega, la clave que escogió el autor es la de la crónica. Bajo su perspectiva, este género -con un pie en el periodismo y otro en la literatura- es un testimonio de hechos reales que pretende ser verdadero pero, dice, siempre pone en juego tus emociones. En este libro hay pasajes muy subjetivos, comparte.

El autor nos cuenta que en El Vértigo Horizontal, hay cónicas en dos registros. Primero, unas muy íntimas en las que habla de la vida que ha tenido en La Ciudad y el mundo que conoció en la infancia y en la adolescencia. “Yo quería que fuera un libro muy personal en ese sentido.” Y después, hay otra crónica más distanciada que tiene que ver cosas que le interesan de la urbe y que quiso conocer mejor y que demandaban un trabajo más periodístico.

“La gente de aquí es de muchos lados, pero quiere estar aquí. Se es chilango porque nos da la chingada gana.”

La lucha libre, la colonia Guerrero donde toca Paquita la del Barrio, el mercado de discos y videos piratas en Tepito, lugares donde viven los niños de la calle, este libro es un recorrido por lugares, momentos y fenómenos particulares que solo ocurren en La Ciudad de México.

La lucha libre, uno de los escenarios del libro (Getty)

El lector decide

Uno de los grandes desafíos, comparte, era cómo estructurar un libro como este. “Me parece que la manera más atractiva, es que el libro pueda leerse como se recorre una ciudad.” Con esta idea en mente el diseño editorial propone una lectura a través de estaciones como si se recorriera líneas del metro.

De esta manera, el lector puede decidir que tipo de recorrido quiere hacer y con qué personajes encontrarse, el vulcanizador, el merenguero, el limpiador de alcantarillas, el merolico personajes de la ciudad. El libro se puede leer de manera sucesiva o se puede leer tomando estas rutas distintas, o puedes tomar una ruta y después descansar y tomar otra “Tal y como se conoce la ciudad,” recomienda el autor a los lectores.

Como a la gran mayoría de habitantes lo que más le disgusta de la Ciudad de México, es la burocracia, la delincuencia y la inseguridad. A pesar de ello a Juan Villoro lo que más le gusta es la gente. Le gusta que aquí hay una mezcla de personas absolutamente diversas, totalmente distintas. Hay muchísimos modos de ser chilango, dice. “La gente de aquí es de muchos lados pero quiere estar aquí. Se es chilango porque nos da la chingada gana.”