En la última década, un grupo de alimentos -de nombre extraño la mayoría de ellos- salió de la oscuridad para posicionarse como los mejores. Se les atribuye una infinidad de propiedades y beneficios para la salud, y son culpables de la fiebre por los superalimentos.

De esta manera, el cúrcuma, la espirulina, el acai, las semillas de chía y la chlorella, comenzaron a aparecer en los estantes de los supermercados. Cada vez hay más productos elaborados con estos superalimentos.

Sin embargo, expertos en el tema ponen en duda estos súper poderes. Señalan que estas semillas y raíces no están por encima de otros. En resumen, tienen los mismos beneficios nutrimentales que el resto de los alimentos.

Aseguran que esta categoría de superalimentos ha sido creada por el márketing y las redes sociales. Atrás no hay ningún respaldo científico que corrobore todos los beneficios que les son atribuidos. Sólo son parte de una moda, aseguran.

En países como España, la demanda por productos como quínoa ha ido en aumento. Así lo demuestra el último informe anual sobre alimentación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de aquel país. Entre 2012 y 2017, incrementó el consumo de platillos extranjeros, como el sushi, el ceviche, el guacamole y los tacos.

Una dieta más balanceada

Expertos en nutrición señalan que la demanda mundial por estos superalimentos se debe a la necesidad de encontrar soluciones instantáneas a una mala alimentación. Es por eso que preferimos hacernos falsas expectativas con algunos productos y considerarlos mágicos, que llevar una dieta balanceada.

Así que los nutrientes de la moringa, las bayas de goji, el lúcuma, el camu camu, el baobab, el noni, la maca, el sésamo y la espelta, no pueden sustituir los de una comida bien balanceada. Se necesita una dieta compuesta por proteína, frutas, verduras y cereales, lo ideal es combinarlos, pues tampoco están de más.