Los chistes sobre las tortas chilangas son infinitos. Que si le metemos un tamal a nuestra telera, que si chilaquiles, que si una pata de pollo. Pero lo cierto es que la torta chilanga bien preparada, es un manjar. Las hay de de pollo, de milanesa, la clásica cubana, la suiza con queso. En otra categoría y sólo para conocedores están: la Trevi del puesto de lámina y hasta la Lambada de chorizo con huevo (don’t ask).

Pero aunque hoy nos parezca algo muy normal ponerle crema o mayonesa a un pan para después retacarla de lo que nos encontremos de guisado, hace poco más de un siglo a nadie se le había ocurrido. ¿Puedes creerlo? El crédito se lo lleva un niño de 11 años, en 1892, llamado Armando Martínez Centurión. Él tuvo la genial idea de meterle más ingredientes a un pan francés llamado “telera”. Además, se le ocurrió instalar un puestecito en un lugar que ya no existe: el Portal del Águila de Oro. Este lugar está en la calle 16 de septiembre, en la Ciudad de México, junto a la ferretería Boker.

En el Portal del Águila de Oro nacieron las tortas. Foto: Guillermo Guerrero.

Tortas Armando: un local para el placer

Armando no quería echarle simplemente algo seco al pan, sino aderezar ese pan con crema, aguacate, embutidos populares (dice Jorge Ibargüengoitia que con queso de puerco, lengua y galantina) y acompañar todo con chilitos en vinagre. Así nació la torta compuesta: es decir, la que todos conocemos actualmente. Desgraciadamente derrumbaron ese portal y el joven Armando tuvo que cambiarse a otro local.

El lugar que escogió fue en la calle del Espíritu Santo, hoy Motolinía. Pero en vez de instalar un puestecito, decidió acomodarse en un local hecho y derecho. Así nació la primera tortería de todo México (y del universo). ¿Sabes qué hay hoy en ese lugar? El famoso Pasagüero.

Las primeras tortas también estuvieron en lo que hoy es el Pasagüero. Foto: Guillermo Guerrero.

Sobre las tortas de Armando escribió Artemio del Valle Arizpe, que elogió su manera de prepararlas y su habilidad para manejar el cuchillo. Las probó Francisco I. Madero y Agustín Lara (pero a María Félix no le gustaban). Eran las favoritas de Cantinflas y de Jacobo Zabludovsky. Pero llegó la crisis y el local de Motolinía llegó a ser demasiado caro para Armando y sus hijos, así que decidieron mudarse al lugar donde hoy los puedes encontrar: a la calle de Humboldt, esquina con Reforma, a unos pasos de El Caballito.

Tortas Armando Foto: Guillermo Guerrero
Tortas Armando. Foto: Guillermo Guerrero.

Lánzate a probar estas tortas

Si quieres ir a probar las tortas como las hacía Armando, te recomendamos que te des una vuelta por este lugar. Conservan el mismo sazón y hasta el agua especial con chía que se hacía hace un siglo. Hoy el negocio lo atiende su nieta y, de hecho, sufrió durante algunos meses por culpa de un socavón que se abrió a pocos metros, ¿lo recuerdas? Así que es una buena oportunidad para apoyarlos y probar la torta original.

Tortas Armando Foto: Guillermo Guerrero
Tortas Armando. Foto: Guillermo Guerrero.

Y si quieres pararte en el lugar donde se inventó la primera, primerísima torta del mundo, ve a la Calle 16 de Septiembre y junto a la Ferretería Boker, en el número 52, voltea hacia arriba. Encontrarás un águila. Ese es el lugar donde estaba el Portal donde, hace más de 110 años, un niño puso su pequeño puesto esperando llevar algo de dinero a su casa sin pensar que iba a cambiar la gastronomía de los mexicanos.

Lugar en donde nació la torta. Foto: Guillermo Guerrero.

¿Ya las has probado? De todas las tortas del mundo, ¿cuál es tu favorita?

Por Guillermo Guerrero