Por: Melanie Béard

La fantasía comienza desde que aterrizamos en Yangon, la ciudad más grande de Myanmar. Este místico y misterioso país comienza a sumergirnos en su magia desde el primer instante. Un caleidoscopio de colores nos rodea instantáneamente. Las pagodas doradas, las túnicas rojas de los monjes budistas, el cielo azul, los tonos de pintura de los edificios coloniales y los templos blancos de la ciudad crean un confuso e hipnotizante paisaje.

La puerta de entrada al país, Yangon es la unión de dos mundos, donde el pasado colonial y la intrigante cultura de Myanmar se mezclan para crear un destino que no tiene igual en el mundo.

camino mandalay
Belmond Hotel Group

En la tranquila zona de las embajadas se alza una elegante estructura, construida en 1920. Esta antigua casa colonial fue convertida en un hotel de lujo que nos envuelve en el alma de Yangon. Ante nuestros ojos desencadena la sofisticación de tiempos pasados y el distinguible sabor tradicional de la cultura local.

Belmond Governor’s Residence es un lugar donde el tiempo se detuvo. Jardines exóticos, lujosas terrazas y detalles auténticos de teca tallada evocan imágenes de una época pasada. Esta mansión birmana rezuma encanto colonial, exclusiva y pequeña.

Es aquí donde comienza nuestra aventura por Myanmar, la cual nos llevará desde Yangon hasta Bagan, Mingun y el famoso Mandalay. En Yangon pasamos uno días explorando la caótica ciudad, visitando la pagoda Shwedagon –una impactante estructura dorada de más de 100 metros, la más importante del país–, paseando por el lago Kandawgyi donde se encuentra una impactante barca real y perdiéndonos entre sus callejuelas, mercados y parques.

Nuestro siguiente destino es la mágica ciudad de Bagan, donde se encuentra la mayor conglomeración de templos budistas del mundo. Alzándose entre la vegetación en sus miles –un bosque de pagodas cafés entre el vivo verde de campos y granjas- abordamos el crucero de Belmond Road to Mandalay, el cual nos lleva de la mano a conocer el encanto del río Ayeyarwady. Su nombre se traduce como “el río que trae bendiciones a las personas”.

El tranquilo ritmo del agua del río, brillante bajo la luz del sol de Myanmar, fue la fuente de inspiración para la hermosa e impactante arquitectura que se alza a su alrededor. Admirando este esplendor desde el crucero, un espacio de lujo y sofisticación que representa la perfección del servicio y la calidad de Belmond –pionero en viajes de lujo por el río desde hace más de 20 años–, nos dejamos llevar por el relajado paso del tiempo de este lejano rincón del mundo.

camino mandalay
Belmond Hotel Group

Pasando por pintorescos pueblos de pescadores, Belmond Road to Mandalay nos lleva de Bagan a Mingun, incorporando la paz del río en cada rincón del crucero. Mingun es hogar a impactantes sitios históricos, como la famosa Mingun Pahtodawgyi, una inmensa pagoda del siglo XIX que nunca fue terminada. Expediciones originales y personalizadas de Belmond nos enamoran de la historia y la belleza de Myanmar.

Este inspirador y mágico ‘journey of a lifetime’ concluye en Mandalay, cuyo nombre mismo evoca un sentimiento de asombro. De una tierra y un reino lejano y místico, la antigua capital de Burma fue construida con el propósito de cumplir con una profecía budista que hacia referencia a la creación de una metrópolis religiosa a los pies de Mandalay Hill.

La ciudad se elaboró bajo las ordenes del rey Mindin en 1857 como la nueva capital de su reino. Rodeada por cuatro ríos, la ciudad giraba en torno al palacio real, que medía 413 hectáreas.

Mientras dejamos que el sol nos acaricie en la cubierta, se ven pasar a algunos monjes apresurados con sus ropas color azafrán dirigiéndose a sus templos. Se escucha la música de alguna ceremonia a la distancia, se ven las canoas de algunos pescadores ofreciendo la pesca del día, y se escucha en el aire una melodía creada por cantos budistas, entrelazados con el murmullo de las pequeñas olas del Ayeryawady.

Un país donde la historia la podemos respirar en el aire mismo, donde el lujo de Belmond y la autenticidad de sus destinos y donde cada instante es una oportunidad de enamorarnos una y otra vez de sus maravillas. Myanmar existe en igual medida en la realidad y en nuestra imaginación, un mundo de fantasía que nos llama a conquistar sus misterios y a dejarnos llevar por su magia.