Imagina un universo de fantasía, con magos, reminiscencias de la época medieval y criaturas, en el que por supuesto el bien y el mal están invitados, no puede ser de otra manera. Ahora imagina a un protagonista, el más sencillo, de quien nadie espera nada, el que tiene un corazón bueno, bueno, bueno pero que en algunos momentos se deja tentar por el mal. Es un hobbit.

No fue así de sencillo, claro, sino gracias a un amplísimo bagaje cultural, una imaginación desbordada y amor por sus hijos. Así nació El hobbit, la obra primordial que le dio al mismo John Ronald Reuel Tolkien (J. R. R. Tolkien) la pauta para crear una de las mayores obras literarias del siglo XX.

A estas alturas ya sabes que hablamos de El señor de los anillos y de Bilbo Bolsón, el hobbit más cool de La Comarca y a quien le debemos obras posteriores como el maravilloso niño Harry Potter y la monumental saga Sangre y fuego, derivada en Game of Thrones. Aquí te contamos por qué:

El origen

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El profesor Tolkien (1892-1973) era experto en literatura, filología, Edad Media, lenguas y civilizaciones antiguas (como la celta y la escandinava). Él empezó contándoles una historia a sus hijos en los años 30, después se las escribió y pasó a ser una lectura entre sus amigos hasta que C. S. Lewis (creador de Las crónicas de Narnia) le dijo que lo publicara y eso sucedió el 21 de septiembre de 1937.

El universo

Todo el mundo fantástico que leímos y vimos en El señor de los anillos nació cuando Tolkien creó a Bilbo, Gandalf, los enanos, los elfos, la Tierra Media, el anillo y más. Después lo desarrolló en la saga y hasta creó una especie de Génesis (como el de la Biblia) para hablar del origen de su universo en El silmarilion, el libro que uno de sus hijos compendió a partir de sus apuntes. En él hay una especie de dios primordial que creó todo a partir de la música. También viene la historia de los elfos, que de tan perfectos y bellos terminaron casi con ellos mismos gracias a la envidia y sus bajas pasiones, ¿por qué crees que se la pasan diciendo en El señor… que su tiempo ya se terminó?

La saga del anillo

Gracias al éxito de El hobbit, su editor pidió a Tolkien la secuela (en la que se tardó más de 10 años) y pensó en hacerla también como un cuento para niños hasta que se acordó del anillo, entonces el lado candoroso de sus historias escritas por años se tornó oscuro y le dio su propia personalidad a esa nueva obra.

El personaje

Incluso con el tono oscuro y hasta triste que adquirió la obra de Tolkien después, la idea de que las personas más sencillas y con sentido común son las que resuelven los problemas es la base de estas historias y están encarnadas primero por Bilbo y luego por Frodo y sus amigos. ¿Te suena al final de Harry Potter? Sí, cuando Neville Longbottom, de la manera más inesperada y práctica, le da la estocada final a Voldemort y… fin de los problemas. No es la única similitud, claro, pero es la que resume esta idea.

La magnificencia

En esta historia de gente sencilla también hay magos, reyes y seres magníficos (buenos y malos) como Gandalf, Sauron (que en El Hobbit apenas se nombra como El Nigromante pero que después, ah, cómo crece) y los elfos. Sobre todo estos últimos que llenan de conflictos, pasiones y pompa toda la saga. Esto suena tanto a Game of Thrones… y así es y lo ha reconocido George R. R. Martin, quien se declara admirador de J. R. R. Tolkien así que imagínate. Vamos tan sólo de ver tantas siglas en los nombres recordamos la influencia de Tolkien en el creador de Game of Thrones así como el oportunismo de los editores de J.K. Rowling, no de ella, quien firmaba como Joanne Rowling.