El musical que ha sobrevivido 4 décadas en la memoria de las generaciones está de vuelta en la cartelera mexicana. Vaselina llega al teatro San Rafael de la Ciudad de México con una nueva generación de actores y la promesa de ser “más rebelde que nunca”.

Grease, es un hito en la historia de los musicales. Original de Jim Jacobs y Warren Casey, debutó con éxito en Broadway en 1971. Siete años después, llegó a la pantalla grande de la mano del director Randal Kleiser. Desde entonces se ha convertido en un fuerte elemento de la cultura popular universal. No solo se ha representado a nivel profesional, un sin fin de puestas amateurs hay por todos lados, incluso, en festivales escolares se recrean las escenas más representativas.

En 1984 se convirtió en un fenómeno de masas en español cuando el grupo infantil y juvenil Timbiriche lo llevó al teatro. Más de 30 años después, está de vuelta en una versión con estricto apego a la traducción realizada por la actriz Julissa, una adaptación para encontrar la empatía del público nacional con gags que apelan a la nostalgia de la época del rock and roll en México, más que al argumento original que sugería un asomo al estilo de vida de los jóvenes estadounidenses en los últimos años de los 50.

Los fanáticos que esperan cantar las versiones popularizadas en español, encontrarán satisfacción en la puesta en escena que habita ahora en el teatro San Rafael (otro clásico).

Apuesta por talento joven

Algunos con participaciones en obras profesionales otros con apariciones en musicales estudiantiles o amateurs, en esta ocasión la producción finca su apuesta en la fama del musical más rentable de la historia y se arriesga por el talento joven con rostros poco conocidos, a diferencia de otras puestas en las que se convocó a celebridades con gran exposición televisiva para convocar al gran público.

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(Cortesía OCESA)

Los roles protagónicos son una deuda en la versión mexicana

Sol Madrigal, solo logra conectar con el lado más soso de Sandy. El espectador extraña -por supuesto- el encanto y la magia de la mítica Olivia Newton John en cada intervención. Carlos Fonseca, Danny Seco, tendría que asumir con mayor aplomo el liderazgo del elenco masculino para no permanecer en un segundo plano.

Una chica alocada en escena

Rizzo, que en la versión mexicana lleva el nombre de Sonia, es quizá el personaje femenino más interesante. Lo fue en el película de 1978 interpretado por una espléndida Stockard Channing y lo es ahora en los contextos que la representación femenina vive. Se trata de una mujer que desafía las normas morales y los estereotipos por ser una “chica alocada”.

Su intérprete mexicana, la joven actriz Ma. Elisa Gallegos, se despega con profundidad del resto de sus compañeras de elenco, entregando al público en There are worse things I could do (Cosas peores, en español) un momento vocal luminoso.   

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(Cortesía OCESA)

Otros aciertos

Los aciertos más afortunados están en un diseño de producción menos plastificado que sus antecesoras. La propuesta escenográfica de Carlos Navarrete Patiño y el ejercicio escénico de Rafael Maza mantienen la agilidad y dinamismo de la historia. La música en vivo, cortesía de una banda de rock en las alturas, mantienen la conexión del público que conoce y está deseoso por cantar estos temas.

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(Cortesía OCESA)

También son luminosos, vistosos y espectaculares los momentos en conjunto donde música, voces, coreografías de los actores y músicos en escena se conectan. Estamos ante la versión más digna que se ha visto en México de este musical

Por Jonathan Saldaña