En medio de un dilema por su exhibición, la esperada película de Alfonso Cuarón llega a un número selecto y reducido de cines en México antes de su estreno oficial en Netflix. Se trata de la cinta más íntima del director en la que el concepto “contraste” parece el elemento sobre el que se cuenta esta historia ubicada en los conflictivos 70, los años de su infancia.

En Roma, Cuarón abre el baúl de sus memorias para dejar entrar al espectador hasta la casa de sus primeros años para presentar los conflictos familiares pero, sobre todo, para compartirnos la historia particular de su nana Libo que en la ficción se llama Cleo.  

El más obvio de los contrastes que configuran esta película es el uso del blanco y negro en la imagen. Pero esta idea de los opuestos se extiende, por ejemplo, a la cotidianidad vista desde los niños y sus contrastes con los conflictos de la vida de los adultos o a estas dos mujeres tan distintas entre sí pero, al mismo tiempo, atravesadas por el dolor de la pérdida y el abandono.

Roma de Alfonso Cuarón (Carlos Somonte/IMDb)
Roma de Alfonso Cuarón (Carlos Somonte/IMDb)
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En el mismo terreno de los opuestos se encuentra el logro más interesante de Cuarón en Roma: poner en escena a Marina de Tavira, una de las mejores actrices de este país, junto a Yalitza Aparicio, la revelación de una mujer que jamás había pisado un set de filmación. Ambas, en una evidente complicidad, entregan al espectador momentos desencarnados y apabullantes que provocan los sollozos desde la butaquería.

Si bien, un elemento detonador en la trama es la matanza conocida como el Jueves de Corpus Christi, donde un grupo paramilitar reprime de forma violenta una manifestación estudiantil, la cinta no pretende ser un documento histórico y no ahonda en ello. Sin embargo, la propuesta casi filosófica que hace Cuarón en este punto es hacía cómo los hechos macro se meten en la intimidad abriendo la puerta con violencia y dejando marcas importantes en una sola persona.

Roma de Alfonso Cuarón (Carlos Somonte/IMDb)
Roma de Alfonso Cuarón (Carlos Somonte/IMDb)

Parece que Cuarón logra unificar dos mundos que siempre se asumen opuestos -otra vez esta palabra- el del cine de gran formato pensado para Hollywood y el intimista reservado para el denominado “cine de arte”. Aquí están ambos universos, tocándose todo el tiempo atados en un nudo llamado Roma.

Abrir el diálogo

El otro concepto que definirá la presencia de esta cinta es la “ruptura”. Por un lado ha dividido -sin sorpresa- a la crítica. Desde los entusiastas que la catalogan como una “obra maestra” hasta los detractores que la juzgan prácticamente por todo. La realidad es que la cinta ya se ha echado a la bolsa importantes premios como el León de Oro de Venecia y se perfila como una de las grandes candidatas para la próxima entrega de los premios Oscar en la categoría de Mejor película extranjera representando a México.

Roma de Alfonso Cuarón (Carlos Somonte/IMDb)
Roma de Alfonso Cuarón (Carlos Somonte/IMDb)

También ha planteado una nueva etapa en una discusión que ya se antoja eterna entre los realizadores y las distribuidoras en nuestro país. Los primeros siempre acusan a los segundos de no mantener un equilibrio en la cantidad de salas en las que se exhibe el cine mexicano. Cuarón, al darle los derechos de distribución a una plataforma de streaming busca abrir una nueva posibilidad que, por supuesto, tampoco será igual para todos los directores, sin embargo, sí plantea un paradigma en la industria cinematográfica.   

Sin entrar más en la polémica de las distribuidoras y la petición de Cinépolis a Netflix de respetar los 90 días de la “ventana” de exhibición comercial antes de lanzarla en su plataforma de streaming, los atributos técnicos de Roma hacen que su visionado en sala simplemente sea un lujo y todo un reto pues, por lo menos en la Cineteca Nacional, está agotada en su fin de semana de estreno.