Ariel Guitérrez llegará al Festival de Cannes para presentar su cortometraje Los Tiempos de Héctor.

Por Enrique Navarro

Era su trabajo de tesis. Su escuela impulsó el trabajo y en el Festival de Cannes, el festín fílmico más importante del mundo, vieron que estaba muy bien actuado y era emotivo. Solo 16 cortos más, de 2,426, se quedaron en la sección Cinefundación, entre ellos Los tiempos de Héctor.

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La historia del cortometraje de Ariel Gutiérrez -la cual constata la calidad y tradición cinematográfica en México- es la de un hombre que ayuda a las personas a morir cuando estas así lo desean; una especie de asistente para la eutanasia.

“Conforme fui sumando gente en el proyecto, me di cuenta de que el tema no es algo ajeno a la realidad mexicana. Hay gente que, clandestinamente, ayudan a la gente a morir”, comenta en entrevista Ariel, un joven egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica.

El cineasta de 28 años destaca que en México la muerte asistida solo aplica cuando hay muerte cerebral, “estamos a años luz de tener una ley que nos permita tomar ese tipo de decisión”.

De niño, Ariel no jugaba a los muñecos como lo hacían los niños promedio. Sus figuras de acción tenían un destino que él mismo les creaba y debían avanzar sobre la narrativa que les había impuesto. Dicho de otra forma, él armaba historias; sus juegos tenían un principio y un final, como las películas.

De ahí que, con el tiempo, descubriera que tenía algo qué decir al mundo. “Y mi papá me fue inculcando la cinefilia, empecé a ir al cine, y siempre ha sido un refugio muy importante para mí”, dice.

Oriundo de Saltillo, Coahuila, Ariel decidió emigrar a la CDMX al ver que su estado no era el mejor lugar para desarrollarse como cineasta, “fuera de la Ciudad de México, faltan apoyos”. Su determinación no solo lo trajo a la capital del país, sino que lo ha llevado a presentarse en Cannes.

Mientras viaja al festival el próximo mayo, Ariel Gutiérrez va pensando en su Ópera Prima, es decir, su primer largometraje. Y será algo que lo regrese a su tierra.

“En los últimos 12 años, Saltillo se convirtió en una de las ciudades más peligrosas de todo el Continente. No me interesa particularmente tocar el tema del nacotráfico, pero sí exponer cómo puede cambiar una ciudad, una región y un País en tan poco tiempo y cómo afecta eso a las personas”, adelantó.