Estos personajes, representantes de la comedia en distintos formatos, saben reírse de la tragedia ajena, pero sobre todo de ellos mismos. No hay nada peor que una vida sin sentido… del humor, porque es la mejor arma para seguir adelante.

Omar Villegaz 

Cuando tenía ocho años, salía de su salón de clases para contar cuentos a los niños de kínder. No sólo los narraba, se convertía en cada uno de los personajes, modificaba su voz y actuaba las escenas. La imitación y la comedia vivían en Omar Villegaz. Dejó Torreón para estudiar Ingeniería en la Ciudad de México. Pasaron unos meses y se dio cuenta que lo suyo no eran los cálculos.

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Cambió de carrera: “Comunicaciones en la Ibero”. Ahora lo califica como la mejor decisión de su vida y no porque se vea leyendo noticias o haciendo radio, sino porque convivió con decenas de compañeras que le sirvieron de inspiración para crear un personaje que hoy tiene casi 100,000 suscriptores en YouTube: “Ximena, Natalia, Renata, Dany, Mariana, Ana Sofy, no, ¡Renata! Renata Corcuera.

Nació en la vida diaria, al ver a mis amigas, sus problemas, la forma en la que hablan, cómo se acarician el cabello; es una niña bien”, recuerda. Pero su comedia no se centra en ella. “Tengo un proyecto alterno que ya pueden ver en mi canal. Escribo y produzco canciones que son crítica con toque humorístico.”

Terminó de filmar una película que se estrenará en 2019 y busca continuar con la comedia, como actor. “Hago castings”, confiesa, mientras pensamos en cómo aprovechará ese material Renata.

Manchita

Hacer la transición de standupera a guionista fue tan natural para Andrea Ortega Lee que no se dio cuenta que lo hacía. “Esa forma de hacer casting es muy gringa”, explica. “Los productores asisten a lugares de open mic (micrófono abierto) a ver a los standuperos, y así se hacen de guionistas”.

Una vez, Eugenio Derbez estaba en el público, junto con la productora Adriana Bello, haciéndose de talento para la versión mexicana de Saturday Night Live. El humor de Andrea era lo que necesitaban y de inmediato se integró al equipo que trataría de reproducir el éxito de la serie estadounidense, que durante años fue una de sus mayores influencias. “Hicimos un dignísimo programa piloto. Fue realmente sensacional”.

Sin embargo, la serie nunca salió al aire. Lo bueno es que Andrea ya había entrado a las grandes ligas del guionismo de comedia y no se iría. Hoy, escribe dos series al mismo tiempo. “Una es un proyecto personal y la otra es para un cliente muy importante, un proyecto cómico que ya está al aire”.

Ganadora de los premios Diosa de Plata, Luminus y Bravo como actriz por su papel estelar en Ella es Ramona, Andrea también representó a Paquita la del Barrio en la serie biográfica, la cual está nominada al Emmy Internacional como mejor telenovela, algo que no esperaba “Manchita”, quien en años pasados trabajó como copy en una agencia de publicidad.

“La comedia está en todos lados y nos debe servir para señalar las cosas que no están bien. Debemos hacer más sátira, más comedia política; un poco lo que hace el humor en Estados Unidos, criticar a su presidente que es un autoritario, y en lugar de sólo ver cómo se desmorona el gobierno, ser esa voz crítica, me fascina… me encantaría hacerlo aquí.” Sonríe mientras se imagina las posibilidades.

Paulina Peña y amigos

 

La psicóloga Paulina Peña explica que las ramas que más le apasionan son la psicología positiva y la terapia de risa. Al adentrarse en ellas dio el salto al yoga de la risa y, finalmente, a la improvisación, una de las actividades de la comedia que aunque ya está arraigada en México, no ha tenido la exposición que la coloque como un espectáculo masivo.

“Estamos en pequeños teatros, en foros más underground, en escenarios poco conocidos”, afirma. Pero eso no ha impedido que la compañía a la que pertenece (GHB Producciones) participe en encuentros internacionales.

Formada por “Pali” (cambió su nombre para dejar de ser atacada con mensajes para la hija de Enrique Peña Nieto, lo que le parece cómico en sí mismo), José Klauer, Marcos Duarte y Ariel Gil, GHB utiliza palabras y situaciones que les dan los espectadores para “improvisar historias que siempre resultan chistosas”, una especie de guerra de comedia donde los actores se convierten en dramaturgos, escenógrafos y creadores de efectos especiales únicamente con su talento verbal.

Se basan en ciertas reglas: lo que dice el compañero es ley; aportar nuevos elementos; primero la historia (luego el lucimiento personal) y nada de lo actuado es un error. “Todo lo que decimos en la ‘impro’ ha pasado. La comedia de la vida real es la que alimenta nuestras ideas, nuestros chistes”.

Rictus

“Se trata de no quedar bien con todos. Se trata de incomodar, de que levanten la ceja”, dice Rictus cuando le pregunto sobre la caricatura política en México.

Con más de 20 años de experiencia en diarios como La Jornada, El Economista y actualmente en El Financiero, este “monero” continúa una gran tradición de crítica política a través de un cartón. Y para ello no necesita esforzarse mucho, revela, pues el humor está presente en cada acto de los políticos mexicanos.

“A veces es realismo puro, a veces es copiar tal cual (algo que dijeron), quizá solo darle un pequeño giro, un punto de vista diferente. Pero sin duda el humor involuntario es materia prima.” No señalar las fallas de la clase política lo haría sentir mal con sus principios, e ir en contra del propio humor. “Porque uno tiene que reírse del poderoso, uno tiene que mofarse del sistema, jamás del oprimido”.

Fue en 1996 cuando decidió dedicarse profesionalmente a la caricatura y entregó su primer cartón al célebre y desaparecido suplemento Histerietas, y desde entonces se ve como una especie de “guerrillero” que utiliza plumones en lugar de balas.

“Cuando era niño quería ser Batman, desde ahí la comedia está en mi vida, porque al crecer me di cuenta de que se necesitaba mucha lana para eso, y entonces pensé: ¿Qué es más fregón que Batman? Pues el que dibuja a Batman. Y así fue que le di por este camino”. Y como todo paladín de la justicia (y el humor) se ve ejerciendo hasta el último día, hasta el final.

Por lo pronto ha logrado combinar su vida en el papel impreso con el mundo de las redes sociales, donde logra llegar a más personas con sus cartones (algunos animados). “No se trata solo de hacer reír, sino de lograr una reflexión. Si lo hago, consigo mi meta”.

Casco

No existe un personaje que haya arrancado más risas en la historia de la humanidad que el payaso. Pero no hablamos de cualquiera, sino de la definición tradicional y legendaria del clown. Únicamente armado con su talento e ingenio, se lanza a la conquista de las carcajadas a través de la crítica, la cotidianidad y la sorpresa. Y de eso Casco sabe mucho. Bajo el maquillaje de este tramp clown (vagabundo) se esconde Gustavo Franco, un director de teatro que encontró en las risas su motivo de vida.

“Estudiaba la carrera de Literatura Dramática y Teatro en la UNAM y mi maestra de fundamentos es clown. Fui al Encuentro Internacional de Clowns en el Teatro Helénico y supe que yo quería hacer eso.” Meses después, ya preparaba una obra con su amigo Eduardo Hernández (Café) para una asociación que apoya a niños con cáncer.

“Casco tiene alma de niño. Es impulsivo, libre, no es malicioso, es travieso. Todo es un juego para él.” Y dentro de esos juegos hace una crítica a la sociedad: “La comedia está presente en nuestro día a día, todo el tiempo, aun en las situaciones más trágicas. Si te digo que dos vagabundos se estaban peleando con una rata por un pedazo de queso porque no tienen qué comer, eso debería ser indignante, molesto. En cambio, en México, eso es una obra de teatro muy cómica. Es nuestra obra, la que estará en el Teatro Helénico dentro del Encuentro Internacional de Clowns de este año”.

Y es que ese es el poder de la nariz roja, “la máscara más pequeña del mundo”, esa a la que Gustavo se aferra y con la cual espera seguir en la comedia muchos años, “como forma de pelear contra la censura, de usar la palabra, de ser dueños del lenguaje, modificarlo y usarlo a nuestro favor, porque cuando lo hacemos conseguimos libertad, y con ella se puede reír”.