La muerte, como la vida, puede cobrar un giro cuando uno menos se lo espera. Cada velorio se vuelve un hábitat curioso en donde los invitados muestran sus sentimientos de cualquier manera.

Hay accidentes, hay borrachos, hay tíos que se echan chistes inapropiados, hay llantos desconsolados… aquí el potencial de conseguir buenas historias aumenta exponencialmente. Estas son algunas de las mejores anécdotas.

anécdotas velorios

¡Ese no es mi esposo!

Estas fueron las palabras exactas de una mujer que decidió mirar hacia el interior del ataúd. Un empleado de la funeraria la tranquilizó asegurando que la apariencia cambia por completo al morir, pero unas horas después, cuando el servicio terminó, el director del lugar admitió que habían confundido los cuerpos. La familia se volvió loca. Tanto, que dos personas acabaron en el hospital por ataques de asma y ansiedad.

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Cadáver tecnológico

El golpe de la muerte repentina de una persona joven es mucho más fuerte. Por eso, tras el infarto de Manuel a sus 42 años, sus hermanas estaban bastante alteradas. Todo empeoró cuando, al final del servicio, descubrieron que la única manera de desbloquear su computadora y celular era sacando la mano del cadáver para usar su dedo.

Como si aún pudiera complicarse, la persona que sostenía la tapa del ataúd se distrajo y la dejó caer sobre el brazo sin vida, provocando gritos de histeria de todos los presentes.

Selfie post mortem

Las selfies son la forma actual de demostrar que fuiste a algún lugar. Si no aparece en tus Instagram Stories, básicamente significa que no estuviste ahí. Pero esta invitada a un velorio llevó el asunto al extremo cuando, aprovechando que todos los demás habían salido del cuarto, se acercó al ataúd abierto para tomarse una foto con su difunta abuela. 

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¿Lo peor? La publicó en sus redes sociales con el caption “pasé dos horas peinándome y abu sigue viéndose mejor que yo”.

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