Tener a Mia Farrow al frente del famoso filme El bebé de Rosemary, traía consigo un detalle que fue el gran problema de la actriz: Frank Sinatra, su entonces marido.

En su libro Memorias, el polémico director Roman Polanski cuenta que Sinatra comenzó a entrometerse en la producción, intentando que Mia renunciara al papel de su vida, celoso del éxito que comenzaba a llegar a Farrow, ya que El bebé de Rosemary empezaba a levantar expectativas entre la crítica y el público. 

“Teníamos, además, que terminar la película a tiempo para no desbataratar el programa de Sinatra, quien quería empezar a rodar El detective en cuanto finalizara nuestro plazo de 50 días y necesitaba que Mia estuviera disponible el Día de Acción de Gracias, que se celebraba el cuarto jueves de noviembre”, relató Polanski.

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El crooner enfureció al enterarse de que la filmación se prolongaría hasta pasadas las navidades y exigió que su mujer abandonara el proyecto, a lo que ella se negó.

“Sabía que estábamos rodando muy despacio y que hacíamos numerosas tomas -un procedimiento que menospreciaba porque él nunca hacía más de una o, como máximo, dos tomas en cada escena. Empezó a presionar a Bob Evans y hubo acaloradas discusiones por teléfono. Más tarde, Sinatra se vengó de forma imprevista”, contó.

La revancha contra su esposa por no renunciar fue solicitarle el divorcio durante uno de los días de grabación.

“Estábamos a punto de empezar a filmar, cuando se presentó Mickey Rudin, el abogado de Sinatra, diciendo que tenía que entregarle a Mia unos importantes documentos… después, ella consiguió decirme, entre balbuceos, que Rudin le acababa de comunicar el inicio por parte de Sinatra de los trámites de divorcio”.