Los más de 2,000 metros sobre el nivel del mar en los que se encuentra la Ciudad de México, una economía que entonces no parecía suficientemente fuerte y las pocas instalaciones deportivas adecuadas para albergar un magno evento como unos Juegos Olímpicos, generaron las dudas y desacreditaciones sobre la candidatura mexicana para ser sede de la XIX edición de esta fiesta deportiva internacional.

Una candidatura descartada para los más conocedores de aquella época, pero que fue una apuesta poco común por parte del Comité Olímpico Internacional (COI). El 18 de octubre de 1963, después de una sesión plenaria del COI, en Baden-Baden, Alemania, se confirió a los Estados Unidos Mexicanos la sede de los Juegos Olímpicos de 1968.

Este país se convirtió en el primero de habla hispana en organizar la fiesta olímpica (el siguiente, España, lo hizo hasta 1992) y, al mismo tiempo, rompió con la idea de que una nación en vías de desarrollo no podría completar tan extenuante preparación.

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La justa también destacó por realizarse en medio del movimiento estudiantil internacional que en México se recuerda de manera especial por la matanza en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968. La presencia de los aros olímpicos significó un acuerdo entre el gobierno y el Consejo Nacional de Huelga, que, el 9 de octubre, concedió una tregua olímpica para no obstaculizar el transcurso de las actividades, particularidad nunca antes vinculada con una convocatoria deportiva de esta magnitud.

A 50 años de estos olímpicos, son muchísimos los puntos a destacar, las enseñanzas y anécdotas que completan las memorias del 68, un año difícil en el ámbito político nacional, pero que unificó esfuerzos en pro del deporte. Y parece que fue ayer.

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Programa cultural

Los XIX Juegos Olímpicos no se enfocaron sólo en las disciplinas deportivas, también pusieron énfasis en la agenda cultural paralela. La justa se dividió en dos semanas de actividades deportivas y una de desarrollo cultural, en las que participaron cerca
de 100 países, todos con delegación deportiva activa en las pruebas.

A 50 años de aquel programa, todavía se reconoce como el más diverso e importante en la historia de los olímpicos: 232 conciertos, 125 puestas en escena, 73 exposiciones (destaca la conformada por dibujos infantiles enviados desde distintas partes del mundo) y muchas más actividades marcaron aquella semana y se prolongaron durante el resto del año en la capital de México.

Ruta de la amistad

Como parte de las estrategias del programa cultural, se creó la Ruta de la Amistad, ideada por el prusiano Mathias Goeritz. La paz mundial fue el argumento principal de este recorrido escultórico en el que participaron artistas de los cinco continentes, como la mexicana Ángela Gurría o el israelí Itzhak Danziger.

Este trazado urbano, en el sur de la ciudad, fue prácticamente olvidado al terminar los Juegos Olímpicos, pero en 1994 se creó el Patronato de la Ruta de la Amistad, que rescató, restauró y dotó nuevamente de relevancia estas esculturas. Su presidente y fundador, Javier de la Torre, todavía la promueve.

Pioneros en inclusión

Le dicen Queta, mide 1.76m y hace 50 años se convirtió en la primera mujer en encender el fuego del pebetero olímpico durante la ceremonia de inauguración. Enriqueta Basilio, originaria de Mexicali y especializada en carrera de vallas, fue reconocida como la mujer atleta más destacada de su época.

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Aunque no sumó medalla para México en el 68, su nombre quedó grabado para siempre en la historia del olimpismo por la inclusión femenina que representó su participación con la antorcha. Hasta la fecha, Queta organiza un recorrido anual simbólico, bajo el nombre de Recorrido por la Paz y el Deporte. Este viernes encendió el pebetero del Estadio Olímpico Universitario en una ceremonia para conmemorar los 50 años de los Olímpicos.

Protestas radicales

Mientras sonaba el himno nacional de Estados Unidos en las bocinas del Estadio Olímpico Universitario, Tommie Smith y John Carlos, primero y tercero, respectivamente, en la final de los 200m planos, levantaron un puño con un guante negro hacia el cielo: el saludo del Black Power. Esta protesta silenciosa en pro de los derechos civiles afro fue tema protagónico en la justa olímpica. El entonces presidente del COI, Avery Brundage, los acusó de “realizar gestos políticos inadecuados”, y ordenó su inmediata expulsión de la villa olímpica. No obstante, el Comité Olímpico Mexicano respaldó a los atletas.

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Identidad gráfica

La identidad gráfica de los juegos mexicanos todavía es significativa. Su persistencia en distintos ámbitos deportivos y culturales en el país habla por sí sola. Entre el arquitecto Eduardo Terrazas y el diseñador estadounidense Lance Wyman, inspirados en arte huichol y la corriente de arte pop, diseñaron las letras y los símbolos diferenciadores para cada disciplina de los Juegos Olímpicos.

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Es común que esta tipografía todavía se use. Por ejemplo, las seis últimas medallas del Maratón Internacional de la CDMX, en conjunto, forman la palabra “México” con este diseño, un gran reconocimiento para los participantes.