El tianguis del Chopo de la Ciudad de México cumple 38 años de vida como un centro de trueque y tráfico de música, literatura y arte para más de una generación. Nuestra colaboradora Bicky Rmz se adentró en este emblemático lugar de la capital mexicana para mostrar el rostro con el que vive la actualidad. 

-¡Tachas, mota, cristal, coca! ¿Qué buscas amiga?

 Estaba a punto de preguntar el precio del menú de aquellas sustancias (esto con fines periodísticos) cuando me vi interrumpida por el grito de un chavo ruco, quien hizo la forma de un cono con sus dos manos, para desprender con voz ronca:

-¡órale pinchis “mariguanos”!

No hubo detenciones, señalamientos o críticas negativas, sólo risas y un gesto de cordialidad por quienes paseaban en el lugar.

-¡Órale güey! No me espantes a la clientita, hijo de…

No hay duda, estaba en casa. Estaba en el Chopo.

Una parada obligada de la CDMX (Bicky Rmz)
Una parada obligada de la CDMX (Bicky Rmz)

Ubicado por allí, en algún punto de Santa María la Rivera, el tianguis cultural el Chopo sigue más vivo que nunca. El venir de los años lo ha puesto como un atractivo turístico, el paso obligatorio del turista nacional y extranjero. Pero para los chilangos, el tianguis el Chopo es la tradición que se inventó para consumar las emociones un sábado al medio día.

El recinto comenzó hace más de treinta años, con la idea del trueque “un disco, a cambio de otro”, pero eso ya quedó atrás, porque el capitalismo está a todo lo que da y porque él come, tú comes, todos comemos.

Pero los productos son los mismos. Unos más aterrizados a la época y cosas que le gustaban a mis padres, hoy son reliquias y valen oro. Como ya no existe el trueque, es recomendable ir con pesos en los bolsillos ¿quién quita y se le antojan unas botas Dr. Mátate, una playera “ñera” o una torta vegetariana?

Aunque abundan los puestos de ropa y accesorios Heavy Metal, muchos prefieren ir por música. En este espacio Jim Morrison y Van Halen siguen vivos en casetes, mientras que bandas mexicanas como los Dug Dug´s y los Chac Mool yacen en discos de acetato.

Chac mool aún vive en este lugar (Bicky Rmz)
Chac mool aún vive en este lugar (Bicky Rmz)

-Pero si compro el acetato, ¿en dónde lo voy a escuchar?

-¡Uy amiga! En el Elektra te venden un aparato bien barato en donde puedes oír todo, hasta puedes pasar tus acetatos a la memoria y a tu computadora, ¿cómo ves?

Si quieres información sobre tu banda favorita, aquí los vendedores son melómanos en potencia. Nos resuelven la vida, te dan consejos, lo saben todo.

La hora del toquín

Hay espacio para el concierto (Bicky Rmz)

Aquí mis vaqueros rockanroleros, dando sus jacintazos con sus greñas largas, con estoperoles en la ropa y vestimenta improvisada al ritmo de la guitarra de Charlie Monttana.  Allí estaban, contagiando su buena onda, por diversión, por convicción, porque no tenían nada mejor que hacer o porque su “mamá no los quiere, dice que son unos vagos.”

Monttana es uno de los pioneros en materia de rock urbano, por lo tanto este no era el primer taquín que presidía en el escenario. Aun así la pandilla presente no se limitó a corear aquellos éxitos que hicieron popular al Charilie durante la década de los noventa.

-Espero que la estén pasando chingón ¡bola de hipócritas!

El señor Montana levantó las manos al cielo y dejo ver sus dedos medios. Como respuesta, recibió decenas de mentadas y chiflidos. Poco le importó, tomó su guitarra y siguió tocando. Mientras esto pasaba, los presentes sacaban las caguamas, se preparaban un pomo y el vendedor de cacahuates bailaba con su cubeta en el hombro.

De concierto a baile. Aquí se baila el rock, ¡pero el rock azteca, el rock chilango! con brincos cruzados, levantando la mano, haciendo la señal del rock and roll y con chela en brazo. Una coreografía que se baila en grupo y a veces solo. Bienaventurados aquellos que van al Chopo y se encuentran con música en vivo, porque no serán defraudados. Esto es, la bonita tradición.

El tianguis que unifica.

Música, la esencia de El Chopo (Bicky Rmz)
Música, la esencia de El Chopo (Bicky Rmz)

Pese a las adversidades y aunque ya no se práctica el trueque, el Chopo sigue siendo un lugar para olvidar los pesares, para ir a pasar el rato, para comer, cantar, mirar o sentirse parte de algo. Ir sin ser atacado por las marcas o las tendencias de moda.

No sé cómo era este tianguis hace treinta y ocho años, cuando mi papá era “un chavo de onda”; tampoco sé cómo era hace 15 años cuando algunas tías comenzaban a comprar música de la Cuca, el Tri, el Haragán o las Ultrasónicas. Lo que sí sé es que, pese al paso del tiempo, en el Chopo cabemos todos: los punk, rocker, emos, fresas, skatos,  frikis, hippies. Todos.

En este lugar se contagia la buena vibra, te dan ganas de comprar cosas, dan ganas de ser alguien, de pertenecer a algo, de hacer “chichis pa´ la banda”,  de ser punk y brincar con toda la euforia musical. Venga y visite el Chopo, aquí donde la juventud es eterna y donde nadie le va a decir que “todo lo que haga, que todo lo que haga, está mal.”