Por Víctor Serrano

El principio básico del slackline es simple: recorrer una cinta tendida entre dos puntos, mantenerse en equilibrio y evitar caer. Sin embargo, este deporte requiere no sólo de habilidades físicas, sino de gran concentración y sobre todo, fortaleza mental.

Consolidada en países como Alemania, Argentina, Brasil, España, Estados Unidos y Francia, esta disciplina cada vez encuentra más adeptos en nuestro país, donde ya no es raro encontrar a grupos de slackliners reunidos alrededor de una cinta tensada entre dos árboles, entrenando, divirtiéndose, mostrando nuevas habilidades.

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La práctica del slackline no se limita a parques y cintas montadas a baja altura sobre el pasto. Uno de sus mayores atractivos es que se puede ejecutar en lugares dominados por la naturaleza, como el Ajusco, el volcán Xitle, el Cerro de la Bufa y Mineral del Chico, donde la modalidad reina del slackline, el highline, encuentra condiciones ideales para su desarrollo. Es en esos parajes donde la libertad asociada a este deporte se vive al máximo.

De California para el mundo

El origen del slackline data de principios de los 80, en Estados Unidos, cuando los escaladores Adam Grosowsky, Jeff Ellington y Brooke Sandahl entrenaban en los alrededores del Parque Nacional de Yosemite.

Para mejorar sus condiciones de flexibilidad, equilibrio y concentración, utilizaban su equipo de escalada, tensándolo horizontalmente. Sin darse cuenta, crearon un nuevo deporte
extremo. A diferencia de los acróbatas que caminan sobre una cuerda tensa, en esta disciplina no se usan varas ni ninguna otra herramienta para ayudarse a mantener el equilibrio.

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Si te interesa convertirte en slackliner, puedes encontrar información vía Facebook en dos grupos dedicados a esta actividad: Slackline CDMX y TenochtitLine Slackline MX. Sus miembros suelen reunirse en el Deportivo Reynosa, en Azcapotzalco, la zona boscosa aledaña al Museo Tamayo, en Chapultepec, y el Jardín del Edén, en Ciudad Universitaria. ¡Lánzate y conviértete en un caminante del cielo!