Vas a una boda. Irremediablemente, a las tres de la mañana, comienzan a sonar los acordes que indican que: ¡SIGUE LA CUUUUUMBIAAAA!  Tú, raudo y veloz, te lanzas a la pista a raspar la suela. ¿Tu pareja? El fuego de sus lindos ojos negros te fulmina y te dice: jamás bailaré algo así, odio las cumbias.

¿KA ESTÁ PASANDA?

Cualquiera podría decir que esto no es motivo de divorcio, pero nosotros no concebimos esa razón. Andar con alguien a quien no le gusten las cumbias es manejar en una carretera que va directo al abismo. ¿No nos crees? Continúa con tu lectura:

Entre más corriente… más ambiente

Generalmente, cuando uno es refinado, es apretado. Claro, existen sus honrosas excepciones, pero son muy pocas. Pídele a alguien que siempre frecuenta restaurantes de alto pedorraje que hoy haga una excepción y se empaque unos tacos afuera del Metro Cuitláhuac. Obvio que no lo haría, ni aunque le ruegues. Pero más allá de la experiencia culinaria, hablemos de otras experiencias cul…inarias. Quienes son apretados en lo poco, son apretados en lo mucho. A la hora de echarse un quiebre, muy probablemente prefiera una o dos posiciones muy mainstream. Nada de experimentos salvajes ni métodos que hayas visto en una película. Se fresean, pues.

Cumbias: No le gusta la cumbia ergo no la sabe bailar. ¿El pronóstico? Mal sexo

Saber bailar este popular son tiene su chiste. Si no le gusta, quizás no sepa:

–       Seguir el ritmo: quien sabe seguir un buen chunta chunta, sabe mantener el ritmo en cualquier lado. Sobre todo bajo las sábanas…

–       Los pasos básicos: para bailar cumbia hay que saber dos que tres pasos esenciales. Si eso no le importa, ¿qué esperas a la hora de tener sexo?

–       Incorporar el movimiento de caderas: ¡por favor! Algo fundamental para darle alegría al cuerpo, Macarena.

–       Dar vueltas: está de más decirlo, pero en el sexo es necesario dar alguna que otra vuelta, variarle al asunto y no comer pan con lo mismo.

Son tímidos, callados e inocentes

Al contrario, a quienes les gustan las cumbias no tienen vergüenza en decirlo al mundo entero. Seguramente tiene alguna lista en Spotify titulada: “Cumbia Sonidera” y no teme usarla al menor indicio de aburrimiento. En el sexo son gritones y prefieren probar cosas nuevas.

Su mayor atributo no será la lealtad

Si las cumbias fueran los suyo, al momento en el que se te pierda la cadenita, jamás se olvidará de ti y te llevará dentro de su pecho. Aunque tú no estés, seguirá luchando y no te echará al olvido. ¿Qué más podrías pedir? Son unos románticos empedernidos.

Nada de candela

Las letras cumbiancheras tiran hacia el cachondeo. Quien sabe disfrutar de una buena cumbia, puede empiernarse a gusto y replicar todas las proezas descritas en Lolita, en Trópico de Cáncer y hasta en el Kamasutra. Sí, señor.

Ahora bien, ¿estás seguro de que quieres continuar con esa persona que alguna vez te dijo que no le gustaban las cumbias? ¡Huye, salva tu vida y busca a alguien que sepa disfrutar de este guapachoso género!