Teatro Penitenciario. Llegamos 20 personas a Santa Martha Acatitla en un camión. Integrantes de la Compañía de Teatro Penitenciario nos reciben y entregan unos gafetes rosas. Nos guían hasta la puerta de entrada. La misma por la que cada fin de semana entran los familiares de los internos a visitarlos. Nos registramos, dejamos nuestra identificación y pasamos los filtros de seguridad. 

Caminamos en medio de un pasillo donde los internos venden sus manualidades. Cuando compramos los boletos, nos dieron a conocer las prohibiciones para acceder al penal. No se puede ir vestido de azul, blanco o negro. Tampoco llevar suéter, ropa ajustada, lentes oscuros, gorras, celulares o cámaras. 

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Las luces del auditorio se apagan, entonces el estruendo de la música y un grito nos sorprende, es el inicio de la obra. Lo que sigue es una emotiva puesta en escena donde los internos, durante 45 minutos, son libres. 

Teatro Penitenciario: Primer acto

En el 77 Centro Cultural Autogestivo, Javier Cruz, exinterno de la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla y hoy integrante de la Compañía de Teatro Penitenciario Externa, nos recibe orgulloso: “El Centro Cultural surgió para continuar el trabajo que iniciamos en la cárcel con actividades formativas, artístico culturales, de impacto social. Es una fuente de empleo para nosotros y ya tenemos tres años aquí”, comenta.

Javier fue uno de los 11 presos que iniciaron la Compañía de Teatro. Pasó 17 años en prisión por compra-venta de autos robados. “Adentro teníamos un taller donde hacíamos pastorelas o representaciones de obras clásicas, pero no era nada serio. Un día, cuando las mujeres del Centro presentaron Cats, Itari Marta estaba ahí. Al terminar la función, uno de los compañeros le pidió que nos regalara un taller de teatro de cuatro sesiones. Itari aceptó y desde ese miércoles a la fecha siempre está puntual a las 12 de la tarde para ensayar”, explica.

“El Ruco”, “el Michel”, “el Mares”, “el Isra”, “el Rivas”, “el Sencillo”, “el Mimo”, “la Jessica”, “el Mandy”, “el Detor” y “el Toño” fueron los iniciadores. De ellos sólo uno sigue preso. “El resto ya salió, pero no todos continuaron en el teatro. Por eso existe una compañía externa y otra interna”, dice Javier. “Al inicio no nos dejaban cobrar ni llevar gente externa, después sí. Lo máximo que han entrado han sido 145 personas y siempre hacemos las funciones los sábados porque es el día de visita”.

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Al preguntarle si esta disciplina lo ha ayudado a readaptarse, Javier se sacude el cabello y tras una pausa dice: “El teatro me ha cambiado la vida. Me ha ayudado a reconocer que tomé una mala decisión y a reconciliarme conmigo mismo y mi entorno. Uno de los que inició y ya salió, Israel, le ha ido muy bien, ya hasta se fue de gira a Estados Unidos. Otro es Michel, un muy buen músico, que después de estar en la Compañía siguió tocando y hoy es parte de una banda grupera”. 

Segundo acto

“El proyecto tiene el objetivo de lograr una transformación humana, queremos convencer a otras personas de que hay un mundo mejor”, asegura Itari Marta, iniciadora de la compañía junto con José Carlos Balaguer y Bruno Bichir. La iniciativa surgió por parte del Foro Shakespeare con el fin de ayudar a los internos de Santa Martha Acatitla a readaptarse y evitar su reincidencia dotándolos de una profesión: ser actores.

Ricardo III, Cabaret Pánico, Esperando a Godot, El Mago de Oz y Xolomeo y Pitbulieta son las obras que se han montado dentro del penal en estos 10 años. De alguna manera tienen que ver con lo que viven los internos. Por ejemplo, Xolomeo y Pitbulieta es una reflexión sobre los muros que promueven la segregación, el odio, la intolerancia y la discriminación. Cabaret Pánico, inspirada en textos de Alejandro Jodorowsky, es una interpretación de ellos como presos, su confesión y su arrepentimiento. 

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La Compañía cuenta con un equipo interno y externo de unas 25 personas. Esto, entre actores, vestuaristas y escenógrafos que se van rotando cada obra. Del dinero recaudado, 97% se va directo a los internos. “Se distribuye de manera equitativa. Cualquiera puede solicitar acceso a esas cuentas”, señala Itari. 

Tercer acto

Como toda actividad cultural, la Compañía de Teatro Penitenciario puede desaparecer en cualquier momento. Además, tanto la sociedad como la prensa han cuestionado su existencia. “Que por qué les aplaudimos a los internos. Que cómo una persona privada de la libertad puede tener más beneficios que las que estamos libres. Es un proyecto muy controversial”, comenta Itari. “La única aportación de la institución penitenciaria es darnos las facilidades para que puedan entrar otras personas a ver el espectáculo. Y eso se los agradecemos”, concluye.

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