¡Ah, el Art Nacó! Ese estilo churrigueresco mexicano combinado con el Acapulco tropical que se puso tan de moda en los 70 y 80. Cosas que nuestros papás (y abuelos) pensaban que eran muy elegantes. Pero que hoy son un ejemplo claro de que el buen gusto es una cuestión de moda.

¿Piensas que estamos exagerando? Échale un ojo a los siguientes ejemplos de decoración interior y verás de los que hablamos.

Art Nacó: Paredes con tirol y textura

Pintura con textura Foto: Youtube
Pintura con textura. Foto: Youtube

Hace algunos años una compañía de pinturas sacó un producto innovador: el Texturi. Era una pasta que podía tomar la forma que le dieras. Los maistros se daban vuelo y hacían grecas con los dedos. Algunos le ponían huellitas y hasta vendían unos cepillos especiales para darle rugosidad al asunto. Fue la evolución de las paredes tiroleadas. Sí, ésas que te raspaban y te levantaban el pellejo cuando pasabas junto a ellas.

Minicantinas

Minibotellas para minicantinas Foto: Shutterstock
Minibotellas para minicantinas. Foto: Shutterstock

La culpa de que todos los papás quisieran tener una pequeña cantina para agasajar a sus amigos fue una publicación ochentera muy exitosa que se llamaba “El bar del hogar”. Al no lograr tener mil botellas de finos licores, seguro en tu casa viste las miniaturas del Bacachá. Hermoso.

Fotomurales

¿Pintar las paredes de colores lisos? Eso era para la gente común. Los que eran muy fifís tenían un gran mural fotográfico. Así, podías sentir que entrabas al bosque cuando pasabas a la sala. Había de cascadas, cabañitas montañesas y praderas de Heidi. Invariablemente se despegaban de la orilla.

Yeso pasteleado

Tirol en forma de estrella. Foto: Youtube

Era hermoso cuando el maestro albañil se convertía en un Miguel Ángel. Decoraba el techo con yeso que manejaba como si fuera merengue de pastel. Picos increíbles saliendo del techo que le darían a la casa de tus papás ese toque de distinción. Sin duda, eran la envidia de la comadre.

Cuadros bohemios

El clásico payasito triste colgaba de la sala de tu abuelito junto a los perros jugando baraja. Tus papás preferían esas pinturas que de lejos simulaban una cara y cuando te acercabas eran cuerpos desnudos. Los más modernos tenían aquellos cuadros llamados “Ojo mágico”, que eran unas impresiones que simulaban 3D cuando ponías los ojos bizcos.

Pintura con esponja

La técnica ancestral de pintar con esponja consistía en poner una base clara de pintura y después, antes de que se secara, pintarla con un color diferente para que se mezclara. La pared quedaba manchada, ni de un color, ni de otro, pero eso era lo bello. Todavía se usa en las macetas que venden rumbo a Cuernavaca y en algunos hoteles de paso (nos cuentan).

Sillas de ratán y bejuco

Sillas de ratán. Foto: Youtube

Para que te sintieras como en la playa, aunque estuvieras rodeado de hormigón, las sillas tejidas eran el complemento perfecto para tu comedor. A pesar de que “hacían animales” y se rompían con tu primo gordo, todas las mamás deseaban aquel gran trono que parecía de Morticia Adams.

Abuela top design

uff Foto: FB/Juegos de Baño Bordados
Juegos de baño bordados. Foto: FB

¡Cuánto daño nos hicieron aquellas revistas de manualidades que elevaron los juegos de baño a la cúspide de la elegancia! Junto con ellos, las muñequitas que cubrían el papel sanitario, las carpetas tejidas que simulaban copos de nieve y los servilleteros de rafia que te ponían a hacer como regalo de día de las madres.

Chimeneas artificiales

Chimenea faka Foto: Shutterstock
Chimenea fake. Foto: Shutterstock

Llegamos al epítome del Art Nacó: no pocas casas tenían una chimenea que no servía para nada y que se iluminaba con un foco naranja. De hecho, algunas casas de interés social las tenían “para cuando llegara Santa Claus”, aunque afuera la temperatura fuera de 39 grados a la sombra. Wonderful.

Además de esto, las casas ochenteras tenían molduras de madera garigoleadas, muebles rústicos que no se movían ni con una grúa y la clásica vitrina en donde se colocaban copas que nunca se usaban y figuritas de yeso.

¿Qué es lo que más absurdo que viste en alguna casa? ¡Cuéntanos!

Por Guillermo Guerrero