Albert Einstein murió de un aneurisma cerebral. Antes de su muerte él había pedido que su cuerpo fuera cremado, para que no le rindieran homenaje a su cuerpo. Sin embargo, cuando el genio de la Física estaba en la mesa de autopsia un patólogo llamado Thomas Harvey consideró que “en nombre de la ciencia” debía preservar el cerebro.

Fue así que Harvey robó el cerebro de Einstein y lo metió en un frasco con formol. Después lo cortó en bloques y los envió a diferentes neuropatólogos en Alemania, Venezuela, Argentina, China y Japón. Su objetivo era que los especialistas estudiaran dicho órgano para encontrar alguna explicación sobre la genialidad del famoso judío.

Hay datos que indican que Harvey se llevó el preciado órgano en un tupperware y lo ocultó en su sótano debajo de un refrigerador de cervezas. Por este motivo perdió su trabajo y su esposa le pidió el divorcio, amenazándolo con tirar el cerebro a la basura.

El cerebro de Einstein repartido por el mundo

A pesar de que varios científicos creían que encontrarían una marca física o algo visible en el cerebro de Einstein, no tuvieron éxito. Algunos aseguran que su anatomía era diferente, pues observaron un agrandamiento del lóbulo parietal inferior. Este lóbulo se encarga del procesamiento matemático y espacial.

Albert Einstein Foto: Shutterstock
Albert Einstein Foto: Shutterstock

El periodista Michael Paternini escuchó esto y emprendió una búsqueda para hallar a Harvey. Cuando lo encontró, siendo ya un anciano de 84 años, decidieron buscar a la hija de Einstein. Entonces Harvey metió el cerebro en la cajuela de su auto y viajaron por Estados Unidos, como lo cuenta en su libro Viajando con Mr. Albert.

Harvey, un tipo frustrado

Harvey se sentía frustrado. Pensaba que la labor de su vida era desentrañar los misterios del físico, pero ninguna revista científica validó sus resultados. Muchos investigadores pedían una rebanada del cerebro y él la mandaba a quien quisiera. Lo cortaba con un cuchillo de cocina y enviaba las muestras por correo metidas en frascos de mayonesa.

En su casa de Weston, Missouri, se hizo amigo de un vecino que resultó ser el escritor William Burroughs. Solían tomar cerveza y Harvey le contó sobre cómo algún día sería reconocido como un gran investigador. Sobra decir que esto nunca sucedió.

Fotograma del documental "Einstein's brain" de 1994 en donde se ve la mano de Harvey cortando un pedazo de cerebro con un cuchillo.
Fotograma del documental “Relics: Einstein’s brain” de 1994 en donde se ve la mano de Harvey cortando un pedazo de cerebro con un cuchillo.

El documental “Relics: Einstein’s Brain” de la BBC muestra al anciano Harvey tomando los pedazos de tejido con las manos, sin ningún control sanitario. También se le ve vagando por el sótano de su casa con su preciado tesoro.

El patólogo murió en 2007. Antes de eso, en 2005 y con motivo del 50 aniversario de la muerte del genio, dio algunas entrevistas donde contó su historia. Nunca mostró arrepentimiento por lo que hizo.

Por Guillermo Guerrero