La búsqueda en Google para Daniela Vega genera más de 550 mil resultados. El estreno mundial de la cinta chilena Una mujer fantástica, en la edición 2017 del Festival Internacional de Cine de Berlín, no solo reveló a una actriz, también presentó al mundo una de las voces más potentes de una comunidad históricamente silenciada.

“¿Cómo era mi vida antes? Era como ahora, pero con menos gente queriendo escucharme y tenía menos ropa en el closet”, dice a S1ngular. En sus respuestas hay humor y gracia. Tiene el porte y la soberbia de las divas del cine. Posa para las cámaras, se toma selfies, revisa su celular, textea. Retocan su maquillaje y peinado. Pide café. Espresso.

La primera mujer trans en tener un protagónico absoluto en una película, es también la primera mujer trans en ganar premios a mejor actuación femenina, en pisar el escenario de los Oscar. La prensa se abalanza a su historia, pero ella no se detiene a pensar en eso: “Sé lo que he hecho, pero ya lo hice. Lo que se recoja con mi trabajo lo voy a ver con el tiempo”.

Daniela es parte del nuevo cine chileno que levanta la mano y se hace escuchar cada vez con mayor fuerza en el exterior. El director Sebastián Lelio es otro integrante de esta nueva generación. Ella sería solo una asesora para la cinta, pero se convirtieron en buenos amigos y un día el guión llegó a casa de Daniela.

Sebastián quería que ella fuera Marina, la protagonista del filme. “En Una mujer fantástica, Daniela Vega hace más que honor al título”, escribió Jordi Costa para El País. “Tiene un carisma que desafía la lástima y un porte que puede ser intimidatorio y descorazonador”, opinó A. O. Scott en The New York Times.

“Hacerse de un nombre” es una expresión que con frecuencia se utiliza para referirse al prestigio de una persona en cualquier disciplina. Si bien Daniela Vega ya es un nombre en la historia del entretenimiento, para su carné de identidad no significa nada. Después de llevar a Chile su primer Oscar como película extranjera, el diálogo sobre la identidad de género se reactivó.

Michelle Bachelet, la entonces presidenta del país, recibió a la producción en El Palacio de la Moneda. “Chile está muy orgulloso de Daniela Vega”, escribiría meses después en la revista Time, que nombró a la actriz como una de las 100 personalidades más influyentes de 2018. La máxima representación política de su país reconocía su nombre, aunque en sus papeles aparezca otro, uno que no la define.

El calor húmedo del Caribe mexicano –donde entrevistamos a Daniela– no da tregua. Su cabello, desobediente y anárquico, se alborota. Escucha las preguntas con atención. Mira a los ojo, luego a la nada como si allí se encontrarán las respuestas. Sus manos, histriónicas, dramáticas, también responden. “Siento que se está dividiendo la sociedad. Volvimos a polarizarnos, volvimos al es negro o blanco. ¿Y qué pasó con la mitad? ¿No hay un viaje entre uno y el otro?” También ella hace preguntas.

Cuando el cuestionamiento es sobre los avances de la ley de identidad de género en su país, Daniela arquea al ceja. “Nada. No ha pasado nada. Esa es una respuesta en construcción”, responde.

La chica a la que le gusta el helado de menta, que bebe “harto café” y que lee a su compatriota Stella Díaz Varín, se prepara para debutar como escritora bajo el sello editorial Planeta. Si ya tiene sobre la mesa un contrato de Hollywood o Europa, no lo va a contar. “¡Déjate sorprender!”, comenta con la sonrisa puesta en el futuro.

 

Por Jonathan Saldaña