La prejuiciosa policía del clasismo continúa jugando en México, literal, a discriminar.

Por Mario Villagrán

 

“FLAITE”, “PALURDO”, “CHAVS” O “BEAUF”… en cada rincón del mundo hay un concepto, resumido en una palabra, para dirigirse al “mal educado”. Al del “mal gusto”.. Al “poco sofisticado”. Una palabra que, desde la aparente refinación, propaga una superioridad estética, educativa y moral. Y lo hace con una sola finalidad: juzgar, al fin que el juez sabe poner sentencias. Punto. “Naco es el que lleva un cortauñas en el llavero. El que lleva a un chingo de sus amigos en una motoneta tuneada. El que le da likes a sus propios comentarios en Facebook. Pero lo más naco es dejarse larga la uña del meñique… eso es lo más naco”, relata Carlos Ballarta, uno de los standuperos más “nacos”. del país, poniendo énfasis en el concepto elegido en México para ningunear dentro de un peligroso contexto que parece quitarle toda seriedad: la comicidad.

Puede ser por la ortografía o la gramática. Por la cultura visual o la musical.

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O por los hobbies y las pasiones, pero el juicio en México siempre es intermitente y “simpático”. Prejuicioso y discriminativo, pero “gracioso”. Prueba de ello es que en Twitter aparece, cada determinado tiempo y bajo el mandato de la policía del clasismo (fundada por el comediante Luis de Alba y su famoso Pirruris, uno de los precursores etimológicos de la palabra en el sentido que usamos la palabra hoy), el #ESBIENNACO para recordarnos que masticar pepitas y tirar la cáscara es de nacos al igual que no saber pronunciar bien el inglés. Y lo es también escuchar reguetón. O decir que le vas “al Ame” mientras pronuncias “vistes” o “fuistes”. Y también “venistes”.

“El concepto naco se propaga hacia abajo con la intención de no descender al sótano de la escala cromática”.

Lo que podría quedar como un señalamiento cívico o de educación, termina reducido a la sofisticación. Al buen gusto, pues, el cual al parecer sirve como franja divisoria entre el naco y yo, tal y como resumía Enrique Serna en su ensayo El naco en el país de las castas: “[El concepto naco] se propaga hacia abajo con la intención de no descender al fondo, al sótano de la escala cromática”.

Alimentados por aquella Botellita de Jerez que contraponía el “naco es chido” desde el sentido de orgullo y pertenencia a una cultura popular (casi sinónimo de barrio), parece que ser naco se convirtió en el argumento que sostiene lo que decidimos bautizar, con la tinta de la hipocresía, como “mi gusto culposo”. Pero no. Por supuesto que no. #ESBIENNACO es un acto de clasismo puro y peyorativo envuelto en el acto de la indulgencia cómica. Me río de mí, pero porque mi “buen gusto” y mi educación me lo permite (confusión también con el sarcasmo). Me río de mí como me río del otro y, sobre todo, cuando me siento empático con un juicio que antes se le hizo al naco. Es decir, no soy clasista porque me incluyo ahí. Vaya evolución.

Hoy que se ajustan tuercas sociales desde el género y se cuestionan paradigmas provocados por la violencia física a nivel global, no estaría de más comenzar a pisarnos la cola del clasismo que nos da vuelta y casi se convierte en nuestro vestido. Al final, es bien naco ser clasista.

La Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, del INEGI, dice que 1 de cada 4 mexicanos se siente discriminado por su aspecto físico.

Además 55% de la población reconoció que en el país se insulta a los demás por su posición económica y color de piel.