Opinión

Yo soy mi proyecto de…. ¡huida!

¿Arranca el año teniendo que responderme qué tengo que lograr en esta ocasión? ¡De tan sólo pensarlo me empiezo a cansar!

¿Será que el año pasado estuve nadando a marcha forzada con la tempestad azotando sobre mi cabeza y pensando sólo en llegar a la playa para poder descansar? Sin considerarme mediocre, y sabiendo que sieeeeeempre hay algo que se puede mejorar en esta agitada vida, en verdad este año me quedo sentada en la playa viendo pasar las olas y mandando porras a los que les toca nadar.

Ojalá y la vida nos preguntara “¿quiere usted echarse una nadadita esta temporada?”, “¿prefiere con mar en calma o con olas pa’ surfear?”. Bien sabemos que así no es la cosa y que, si sube la marea y nos revuelca, hay que darle con todo para no claudicar. Pero si de planear se trata, yo este 2017 no me apunto ni a “regatas”, ni “a triatlones”, ni siquiera a clases de scuba diving. Los 10 meses que faltan me alcanzan (y apenas) para extender mi toalla sobre la arena, darle la cara de frente al horizonte y zamparme una (o dos o tres) piñas coladas con libro en mano y toda embadurnada de bloqueador solar.

¿Es esto más que proyecto de vida, prospecto de huida? Algo, sí, porque lo que a mí me cuesta (ante los malabares que la vida me pone) es detenerme, observar y dejar a los otros nadar. Ya sé, ya sé: habrá algunos días más soleados que otros, y seguramente en más de una ocasión habré de levantar “campamento” y meterme a resguardar, pero de que no planeo nada en particular, es cierto. Cuanto más un chapuzón de muertito cuando el mar se encuentre en santa paz, dejando que las olas me mezan y me lleven un poquito para acá y otro para allá.

En el 2016 nadé a todo, ¡no hay duda!, y hubo muchos que me empujaron y me ayudaron a flotar. Pero, tras echarme un clavado profundo, hoy quiero tomar aire, soltar el cuerpo y saborear los récords que batí. ¿Quién me asegura que el futuro no me depare alguna tormenta? Nadie. Pero yo me resguardo bajo techo y aviento llanta a los que sientan ahogarse. Y si la hiperactividad me apremia (que es costumbre en este cuerpo inquieto), pues “corro, vuelo y me acelero”, pero sobre tierra firme y dejando bajo llave mi traje para nadar. ¿Pasividad? No, sólo recargar energía, y con ello retomar perspectiva, actualizar enfoque, reforzar competencias, afinar reflexiones y consolidar la posibilidad de contemplar.

Así comienzo el año: con un proyecto de “huida” que alinea mis mundanas aspiraciones a mis presentes posibilidades, y como la filósofa francesa, Simone Weil (sin queja, ni victimez, ni azote), “acepto el pasado sin pedirle compensación al futuro”, pero sí informándole a la vida que este año no me apunto a surfear.