Ustedes qué saben de amor si nunca han tenido un fuck friend | S1ngular
Sexualidad

Ustedes qué saben de amor si nunca han tenido un fuck friend

Pinches Beatles, echaron a perder mi infancia. Detrás de la inocua frase “I want to hold your hand” yo sólo advertía pecado carnal. El maligno no descansa, diría el sacristán de mi colonia. Al final, los Beatles no resultaron tan inofensivos. Ni tan fresas. En la época pre-Tinder la entrada a las amistades sexuales era la música. Yo no apliqué el “vamos a ver películas a mi casa”. Mi técnica se centraba en esgrimir mi discografía. Arte fallido… pero que perfeccioné hasta la infalibilidad. Abundan las teorías para encamarse. El vino tinto, la luz de las velas, la chequera, etc. Pero una buena selección de canciones puede resultar más efectiva que cualquier coctel de drogas.

Siempre he desconfiado de las canciones que discurren sobre la amistad. De niño me desconcertaba una pieza de Carole King que ocasionaba estragos en las mujeres de mi familia: “Cuando estés triste y en problemas, y necesites cuidado afectuoso, y nada, nada marcha bien, cierra tus ojos y piensa en mí, y estaré ahí pronto, proveyendo luz aun en tus noches más oscuras / Sólo menciona mi nombre, y tú sabes que desde donde me encuentre, acudiré corriendo a verte…” Todas las malditas noches de mi infancia las transcurrí intrigado por culpa del Tapestry. No, esa canción no podía tratar sobre la amistad.

Esa rola despertaba una pasión en mis parientes que no correspondía con lo que enunciaba. Se les agotaba la tarde pensando en quién diablos sabe qué issue. Hubiera sacrificado un par de domingos a cambio de saber qué evocaban. Ocho años más tarde descubrí que la canción trataba sobre los fuck friends. Sobre el eterno “un clavo saca otro clavo”. Basta analizar con cuidado la letra de la canción para dilucidarlo. Es el mismo efecto que ocurre cuando tocas un disco al revés y se te revela un mensaje satánico. La diferencia radica en que aquí todo sucede, no en las tinieblas, sino a la luz de día.

Mi primera fuck buddy fue una vecina. Era negra. No morena. No morocha. No tostada. Era la primera persona negra que veía en mi vida. O quizá no; quizá en mi infancia, trascurrida entre Reynosa y McAllen, haya sucedido alguna vez. Pero no alcanzaba a recordarlo con exactitud. Anyway, desde el principio se acordó tácitamente que no seríamos novios. Nuestro destino era ser amigos que cogen. Pero cómo me costó arribar a tal estado.

La invité a mi casa “a escuchar discos”, ya saben, el “vamos a ver una peli”. Me abastecí de un regimiento de caguamas, con la esperanza de que el alcohol sirviera de lubricante a la música. Más o menos a las cuatro de la tarde comenzaba la sesión. Me las daba de docto. Y, en retrospectiva, no me queda otra que aceptar que, seguro, mi vecina se aburría hasta la muerte. Ponía discos de Led Zeppelin con la esperanza de que después de la tercera caguama me la estuviera cogiendo. Pero a las seis de la tarde, quien estaba pedísimo era yo. Ella era un puto roble. Solita liquidó las tres caguamas restantes que naufragaban en el refrigerador y se marchó a su casa entera.

Tuve que esperar una semana para volver a quedarme solo en casa. Hice una selección de tracks que, según yo, resultaría exitosa. Pero la historia se replicó. Con la diferencia de que, en esta ocasión, nos mamamos 12 caguamas. Es un decir. Porque desde la tercera me quedé dormido. Ella liquidó el resto y se largó. Yo estaba inconsciente. Tirado en el piso. Pero, por alguna razón, no puedo quitarme de la cabeza la imagen de ella saltando mi cuerpo para salir de mi cuarto. La tensión sexual entre ambos era innegable. Pero yo carecía del cinismo suficiente para soltarle un llano “¿cogemos?”. Lo intentamos unas cuantas tardes más y la canción seguía siendo la misma. Hasta que me resigné y acepté que no seríamos fuck buddies sino simplemente amigos.

Una noche me llamó para preguntarme si podía caerme a tomarse una chela. Confieso que me produjo una terrible güeva. Pero fui incapaz de ladrarle un no. Sabía que no tendríamos relaciones sexuales. Que sólo acudiría a beberse mis cervezas. Pero le permití el paso. Era demasiado tarde para indignarme. Al fin, la culpa era sólo mía. A lo mejor, el palo estaba al final de las 12 caguamas. Pero yo no me podía mantener despierto. Subió a mi habitación. No me importó que estuviera mi madre. Destapamos la primera caguama y me dijo pon un disco. Dije “a la mierda el rock”, y puse un disco de los Van Van, el grupo de salsa cubana. Y entonces ocurrió un milagro.

Aunque apenas le había dado un tímido sorbo a su chela, cuando escuchó aquella música se puso de pie y comenzó a encuerarse y a bailar y a sacudirse y a arremolinarse. Pero a mí lo que me “shockeo” no fue su conducta sino su pubis. Yo ya había visto a mujeres desnudas. Ya había perdido la virginidad. Pero jamás había visto una mata de vello como aquella. Le llegaba a las rodillas. Se encueró por completo y terminamos cogiendo. Y a partir de aquella tarde repetimos la sesión aproximadamente dos años. Sin jamás pasar al siguiente nivel. Un día se mudo a tres puertas de mi casa una morra que me fascinó. Y la hice mi novia… cosa que no interfirió con mi fuck buddy. Lo que precipitó nuestro distanciamiento fue un episodio desafortunado.

Una noche, estábamos sentados en la jardinera que había afuera de su casa. Me estaba dando sexo oral con una maestría digna de entrar en cualquier lista del Billboard. Entonces, su padre nos observó desde la ventana y salió de la casa esgrimiendo una pala. Tuve que huir con el miembro en la mano. Cuando llegué a casa, mi madre me informó que mi novia me había ido a buscar. Por la mañana me enteré de que ya no vivía en la colonia. Ella y su familia habían huido de madrugada. Resulta que vendían cocaína y alguien les había puesto el dedo.

Desde entonces he tenido una cantidad interminable de fuck buddies. Y las relaciones siempre se entablan a través de la música. Y así como para la generación que me antecedió, “You’ve got a friend” era el consuelo siempre que se encontraba bajoneada, yo siempre cuento con una pequeña ayuda de mis fuck friends.

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