Especial LGBTTTI

Una batalla doble

Se presentó como Carolina. “Es que ya me puedo presentar como mujer, como ella, ¡ya tengo mis papeles!”, me cuenta entusiasmada, porque hasta hace 6 meses todos y cada uno de sus documentos la nombraban “Diego”.

Hace medio año que cambiaste tu identidad, pero ¿desde cuándo te identificas como mujer frente a tu familia y amigos?

Creo que el mismo tiempo que llevo viviendo con VIH. La historia es complicada. Cuando estaba en tercero de secundaria descubrí mi orientación sexual, así que decidí planearlo para anunciarlo a mis padres. Pero mis planes cambiaron una tarde. Terminando la secundaria fui a comer con mi papá a una cantina en el centro de la ciudad. Cuando estábamos en la mesa, llegó un amigo de mi papá con un volante en la mano, quejándose, hablando mal y gritando “maricones”. Me entró curiosidad qué lo hacía enojar tanto y le pedí el volante: anunciaba un cine porno para gays y me interesó de inmediato. Me grabé la dirección, que estaba a tres cuadras de donde estábamos, y le inventé una excusa a mi papá para irme. Creo que ese día cambió el rumbo de mi vida. Entré al cine, en la planta baja había una sala grande, la principal, con películas para hombres y mujeres, y en la parte de arriba había salas oscuras para que los visitantes hicieran lo que quisieran. Me encantó el ambiente y lo que vi, así que desde ese día empecé a frecuentarlo.

¿Por qué te cambió la vida?

En ese cine descubrí que me gustaban los hombres. Empecé a conocer chicos y eso me hizo cambiar hasta mi forma de vestir, me compré ropa más ajustada y más femenina. En ese proceso descubrí que me encantaba vestirme como mujer.

Llegué a intimar tanto con otros hombres que comencé a tener sexo muy frecuentemente, hasta que me ofrecieron prostituirme y acepté.

Tenía 21 años cuando eso sucedió, tenía 21 años y cobraba 50 pesos por una mamada y 100 pesos por una cogida, así durante un año, sin usar protección.

Así durante un año hasta que enfermaste…

Hasta que empecé a perder el apetito, las ganas de hacer cosas, me sumergí en depresión, bajé de peso y, de no ser por mi mamá, ahí me quedo. Me sentía tan débil, con una gripa que no se me quitaba, y mareos. Mi mamá se preocupó mucho por mí, habló conmigo y no me quedó de otra que confesar que me prostituía.

Entonces fue una doble confesión, ¿o ya les habías hablado de tus preferencias sexuales?

Mi familia tenía una idea, porque para entonces yo lucía como un chico afeminado. Siempre he estado un poco sobreprotegida por mi mamá. De hecho, mi enfermedad la destruyó. Cuando recogimos las pruebas y resulté positiva, no sólo me perjudiqué a mí, también a mi mamá y a mi familia. Después de leer en un papel que era VIH positivo, jamás volví al cine. Mi culpa llegó demasiado lejos, quizá por eso ayudo a que otros no pasen lo mismo.

¿Cómo contribuyes a eso?

Tener una discapacidad auditiva me llevó a tener contactos que están interesados en difundir ayuda para sordomudos homosexuales. Formo parte de dos grupos: uno llamado MILK, en donde se dan charlas informativas para tener una vida saludable aún viviendo con VIH, e incluso se da información sobre cómo llegar al éxtasis y disfrutar de juegos de erotismo cuando se vive con VIH. Además, soy coordinadora incluyente en Jóvenes LGBTTTI México, este grupo está dirigido por Iván Tagle. Por mi discapacidad yo aprendí el lenguaje de señas y, junto con Iván, comenzamos la iniciativa para ser más incluyentes, para darle espacio a quienes también quieren ser escuchados. Me encargo de invitar a la comunidad sordomuda, les ayudo a salir del clóset, a explicarles las enfermedades de transmisión sexual, les damos también apoyo cuando sus padres los rechazan y los corren del hogar, soy como una intérprete de la información LGBTTTI.

En este grupo me conocieron como Diego, pero el apoyo que ellos me dan y que yo trato de retribuir es tal, que ahora me siento definitivamente aceptada como Carolina.

«Creo que todo en mi vida ha sido un proceso de autoaceptación».

¿Fue difícil registrarte legalmente como mujer?

Nada difícil. Me costó 60 pesos sacar mi nueva identidad y acta de nacimiento. Creo que también hay mucha desinformación en este aspecto, a veces los transexuales creemos que es muy complicado o que nos van a negar la identidad, pero en mi caso fue muy fácil y barato.

Entonces, ¿nunca has sufrido alguna discriminación?

En mi familia, sólo al principio, mi papá se comportó muy homofóbico conmigo, pero creo que después todos terminamos de entender y aceptar a quienes son de tu propia familia. Y en mis tiempos de escuela sufrí discriminación, cuando estudiaba en la escuela Industrias Protegidas (para personas con capacidades distintas), porque las profesoras pensaban que no estaba en el lugar correcto, ¡porque mi discapacidad auditiva no estaba tan acentuada! Frente a otros compañeros con diferentes síndromes, creían que lo mío era casi nada.

¿Qué ha sido más difícil? ¿Adecuarte a la sociedad con una discapacidad auditiva o siendo VIH positivo?

Creo que todo en mi vida ha sido un proceso de autoaceptación. Como hombre siempre fui aceptado en mi familia, fui un niño feliz, pero creo que nunca me sentí tan a gusto conmigo mismo como lo estoy ahora. Estoy en un momento de mi vida en el que busco más estabilidad. Ya me divertí mucho, hice lo que quise con mi cuerpo, y ahora me siento tan mujer y buena persona que me respeto. Incluso con mi novio actual, teniendo VIH, soy una persona y pareja responsable. Llevo 8 años viviendo así. Todos los que somos portadores debemos tener la responsabilidad de contarle a nuestras parejas sexuales, aunque los encuentros sean banales. Hay que ver por uno mismo y por los demás; no importa que tu vida no haya sido fácil, no hay excusa para arrastrar a los demás.