Cine

Trainspotting antes y después, pero siempre jonkies

Han pasado 20 años desde que se estrenó la historia en la que Mark Renton (Ewan McGregor) le enseñó al mundo que las reglas se hicieron para romperse. Con la segunda entrega, el grupo de sinvergüenzas escoceses vuelven a demostrar a las nuevas generaciones que uno es quien elige su vida.

“Escoge una vida, un trabajo y una adicción” era la premisa de la novela homónima de Irvine Welsh que luego fue adaptada al cine por Danny Boyle y se convirtió en una cinta de culto al plantear una simple pregunta: ¿Hay que elegir cómo vivir?

La monotonía y los estándares sociales son repetitivos, y suelen conducir a que todos (o casi todos) nos empeñemos en conseguir un trabajo, una pareja, un salario y una familia. Sin embargo, las nuevas generaciones estamos ávidas de vivir experiencias nuevas o conceptos de vida originales que hagan a un lado los estándares convencionales.

En 1996, Trainspotting cuestionó nuestras creencias a través de cuatro jóvenes escoceses que decidieron elegir un tortuoso camino. El filme se posicionó como una de las historias más representativas de la generación noventera y de su rebelión contra el sistema.

Cuando uno se pregunta “¿quién demonios soy?”, tu vida entera puede cambiar. Detrás de esta premisa y su enfoque individualista, el filme aborda también las consecuencias de optar por llevar una vida singular en medio de convencionalismos que lentamente desaparecen. Por ello, en T2: Trainspotting vemos que los nuevos estupefacientes ya no sólo alteran los sentidos, sino también la personalidad.

Las nuevas generaciones han pasado de las drogas químicas -que se siguen consumiendo- a las tecnológicas, como Facebook, Twitter e Instagram, que harán mella en los cuatro heroinómanos que Danny Boyle llevó al éxtasis en la primera entrega, pero que ahora se rigen bajo el siguiente esquema: elige una vida, una red social y espera a que a alguien, en algún lugar, le importe.