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Tanta positividad enferma

Hay una epidemia de positividad en las oficinas de todo el mundo y nadie se ha dado a la tarea de erradicarlo. ¿Quién no ha caído en esta tendencia de repetirse hasta el cansancio que su desempeño laboral depende en gran parte del estado de ánimo? “Todo es cuestión de actitud”, ¿cierto?

Por desgracia, rara vez esto es real y aparentar ser eternamente felices y optimistas nos está carcomiendo por dentro de manera lenta y dolorosa.

Simplemente pensemos que la jornada de trabajo de muchos implica regalar sonrisas y buen humor a quien sea que cruce por los pasillos, como si de reinas de carros alegóricos se tratara, y que incluso estamos dispuestos a responder con un sublime “muy bien. ¿Y a ti?” cuando, en realidad, en una cantidad considerable de estos momentos ni estamos bien ni tenemos el más mínimo interés por saber cómo está nuestro interlocutor.

Esta positividad es un aliado fundamental de los asesores de imagen y de los coaches motivacionales que contratan las pequeñas y grandes corporaciones, ¿por qué? Estratégicamente, hacer sentir a los empleados que la empresa se preocupa por su bienestar psicológico y emocional, los convierte en trabajadores incondicionales. Además, lograr un ambiente en apariencia feliz da un aspecto de estabilidad y eficacia.

Sin embargo, poco se sabe de los beneficios de la ira y el mal humor en nuestra productividad. Al respecto Joseph Forgass, profesor de psicología en la Universidad de Nueva Gales del Sur, sostiene que mientras el buen humor puede ayudar a nuestra creatividad y a la cooperación, nuestras habilidades de comunicación, atención y pensamiento crítico tienden a aumentar cuando la felicidad disminuye. Así, su estudio reveló también que un clima nublado o lluvioso mejora nuestra memoria mientras que los días soleados nos vuelven más olvidadizos.

No se trata de ser un malhumorado y descortés con todos y todo el tiempo, sino de descartar la idea de que ser sinceros con nuestros sentimientos únicamente está permitido en nuestras casas y alejados de la sociedad. Piensa que maquillar de un falso bienestar tus emociones puede tener efectos perjudiciales, que van desde depresión y problemas cardiovasculares hasta, claro, a una falta considerable de motivación en el trabajo.