Especial LGBTTTI

¿Cómo apoyar a un hijo trans?

Laura ronda los cincuenta años y es madre de un hijo trans que nació con cuerpo de niña, pero se identificaba como varón. Laura reconoce que hubiera querido saber antes del tema para evitarle a su hijo muchas frustraciones y sufrimiento. Los signos eran visibles, pero ella no sabía cómo interpretarlos. La inconformidad de su niño se manifestó desde temprano: le gustaban la lucha libre, los juegos y la ropa masculina. Al igual que otros padres, Laura pensó que sólo se trataba de una fase “marimacha” de su entonces hija.

Pero la incomodidad del hijo con su género iba más allá de los juegos y la vestimenta. A menudo, los conflictos emocionales, como la ansiedad y la depresión, acompañan los procesos trans, lo mismo que una fuerte preocupación por el físico y la autoimagen. En el fondo, la persona sabe que está en un físico que no le pertenece.

Para las familias es difícil asimilar estas conductas “atípicas”. Como comenta la terapeuta familiar y sexóloga, Shantall Nuilah, una vez que se remonta a las mamás a las etapas tempranas de sus hijos, es difícil digerir esas actitudes. Al shock del reconocimiento inicial le sigue la negación, y una vez superada esta fase, viene la fase de negociación, en la que se buscan limitar las consecuencias del cambio radical puesto sobre la mesa: “¿Y si no te cambias todo y sigues usando tu nombre? ¿Y si nada más te vistes así en la casa?”.

Laura recuerda el momento en que su hijo les reveló a ella y a su exmarido que era un niño transgénero. Estaba listo para dar el paso y buscaba su apoyo, más que su aprobación. Ambos se lo dieron. Pero la transición no sería sólo física, sino también social.

 

Salir al mundo

Enfrentada a sus prejuicios e ignorancia sobre el tema trans, Laura tuvo que reconocer las enormes lagunas de su propia educación sexual. En general, hablar de diversidad no va más allá de reconocer la existencia de gays y lesbianas, pero el terreno donde ella se encontraba era oscuro, confuso: un tabú.

Además del desconocimiento, lo trans viene ligado a un imaginario de prostitución, vicio y depravación. Los policías de género suelen estar en cada esquina listos a condenar. No sin una visible molestia en la voz, Laura recuerda los dos episodios de agresión que vivió su hijo en la escuela, uno por parte de un grupo de niñas que lo atacaron con el pretexto de su gusto por la lucha libre, y el otro por un compañero que lo amenazó de muerte con una navaja, advirtiéndole que no se metiera con él. Cuando ella le preguntó a su hijo qué hizo para defenderse, él se limitó a contestar “Grité pero nadie me escuchó”. Como tantos llamados de auxilio, el suyo terminó ahogado por la indiferencia.

Si aprender a lidiar con la agresión de las personas es un reto arduo para los padres, la exigencia aumenta al enfrentar la intolerancia disimulada de las instituciones. La madre recuerda cuando ella y su exmarido hablaron con el director de la escuela de su hijo para que los apoyara en la transición de identidad. El cambio de género implicaba un nuevo nombre y una serie de ajustes para comenzar a asumir plenamente la identidad con la que el joven se identificaba desde pequeño. La respuesta de los directivos y profesores resultó un martirio. Se le prohibió entrar a los baños y vestidores, además de referirse a él con su nombre anterior. Los padres presentaron una denuncia por discriminación, que por fortuna prosperó.

Nuilah señala el gran apoyo que pueden ser los grupos, “Es terapéutico el solo hecho de reunirnos”, comenta la sexóloga. Encontrar a personas que pasan por situaciones similares permite sentirse acompañado. Las semejanzas facilitan dar un nuevo significado a la historia que se había escrito en soledad. Se trata de formar comunidad, de construir redes de apoyo.

Como madre del nuevo siglo, Laura publica fotos en Facebook con leyendas como “Te amo, hijo” o “Mamá e hijo”, ante la sorpresa de amigos y conocidos que no estaban enterados del cambio. Sin embargo, ella no teme expresar su orgullo. A partir de la operación de su adolescente, nota que él sonríe más, es feliz. “Ahora me doy cuenta –dice, satisfecha– que la generalidad no dicta la normalidad”.

 

Recomendaciones de una madre

  1. Escucha a tu hijo. No dejes que los prejuicios y estigmas culturales se impongan.
  2. Acompáñalo. Si puedes, asiste a un grupo con él, a las citas médicas o con alguien que te explique más sobre el tema.
  3. No lo sabes todo sólo por ser adulto. Tu hijo tiene su propia voz, siente y desea llevar el rumbo de su vida.
  4. Estudia, lee, infórmate. Comparte lo que has aprendido, porque eso te ayuda a quitarte la venda de los ojos.

 

Grupos de apoyo

  • Clínica Especializada Condesa

http://www.condesadf.mx/transgenero.htm

  • Transformar-Trascender. Grupo informativo, reflexivo y terapéutico para personas trans

FB: transformartrascender

  • Familias por la Diversidad Sexual

http://familiasporladiversidad.org/paises/mexico/

Especial LGBTTTI

Así se siente crecer siendo gay en provincia

Se cree que la CDMX es un paraíso para la comunidad LGBTTTI porque ha legalizado su matrimonio y rechaza la discriminación. Pero la Encuesta Sobre Discriminación 2013 señala que las personas de este grupo aún son agredidas de forma verbal y física. Si éste es el panorama en una ciudad gay friendly, ¿cómo será crecer en provincia? Aquí tres historias.

Rubén

“Es como crecer con una doble vida”, me dice Rubén, fotógrafo de 37 años de Monterrey, ciudad que en 2014 alcanzó los mayores niveles de intolerancia contra grupos diversos, incluidos los homosexuales, según el CONAPRED. “En el norte la gente es muy mocha. No sólo sobre la homosexualidad. Aquí todavía se batalla para que haya conciencia de la igualdad de género”.

Desde niño, Rubén tuvo atracción por otros hombres, pero sentía que algo no estaba bien. Escuchaba a su familia lanzar comentarios homofóbicos y eso lo ponía en conflicto. ¿Qué pasaría si se enteraran de que él era gay?

“A la vuelta de mi casa había una estética y los dueños eran pareja. Los vecinos hacían comentarios de burla. A mí me daba miedo convertirme en ese cliché de gay, afeminado. Era miedo al rechazo de mi familia, de la gente. Mi papá era muy enérgico y me daba miedo pensar que me golpearía en el momento en que se enterara”.

En la secundaria, donde exploró por primera vez su sexualidad, Rubén adoptó la personalidad del macho: tenía novia y molestaba a otros chicos. “Al típico afeminado todos lo molestaban, incluso yo. A lo mejor no hacía un bullying fuerte, pero sí me burlaba. Todo por mantener oculta mi identidad”, me cuenta.

Rubén dejó su casa a los 15 años; no soportaba las peleas entre sus padres. Luego de unos años regresó y en una discusión le gritó a su papá que era gay. Aún tiene la sospecha de que su familia aún no acepta su preferencia sexual, porque es un tema del que no se habla, pero jamás se ha sentido discriminado. Curiosamente, él también tiene prejuicios. “A mí me daría pena caminar con una persona vestida de mujer. Aunque respeto la decisión de cada quien de vestirse como sea o la identidad que haya tomado, soy de Monterrey y no se me quita ese chip”.

 

Mónica

El caso de Mónica es diferente. Proviene de una familia liberal de San Luis Potosí que la educó en el respeto, así que el problema sólo era decirlo -más personal que social-. Ni siquiera encontró prejuicios en la escuela. “Me desperté totalmente en la prepa”, me platica. “Mis compañeros, los maestros, tuvieron una apertura muy grande. Me entró una duda existencial a los 18. Tuve una relación con un hombre, tuve relaciones sexuales y ahí me di cuenta de que no es lo mío”.

Sin embargo, San Luis Potosí no es un paraíso gay. En 2016 el activista Andrés Castillo Castro denunció que en los últimos cuatro años se han registrado siete crímenes de odio contra homosexuales en la entidad.

Aunque Mónica creció en un ambiente sin discriminación, ha visto casos, como el de su pareja, en el que las familias rechazan a las personas que “salen del clóset”. O peor, los obligan a llevar una doble vida con discursos como: te acepto, pero no digas que eres gay; o, sí lo entendemos, pero no traigas a tu novia; o, no queremos participar en tu vida homosexual.

En San Luis también existe el clasismo. “Dime cuánto tienes y te diré quién eres”, recita esta mujer de 29 años. “Así es aquí. Además, es una ciudad muy recatada, tenemos la fama de ser ‘come santo, caga diablo’”.

 

Jonny

¿Pero qué sucede en una localidad cercana a la CDMX? ¿Se extiende su influencia? Jonny, community manager de 23 años, creció en Cuautla, poblado al que cualquier chilango puede llegar en auto en dos horas. Para él fue complicado criarse en un sitio donde vestir una camisa rosa causaba una reacción negativa.

“En Cuautla las personas no eran las más abiertas. Hoy todo mundo usa el rosa y no hay pedo, pero si yo llevaba ese color era el gay. Mucha gente llegó a gritarme en la calle al ir caminando. Soy alto y delgado. Mi mamá siempre me dijo camina derecho, y para la gente eso era caminar súper gay”.

De niño, Jonny supo que había algo diferente en él; no era una sensación agradable. Le dijeron que había niños o niñas, y nada más, pero él sentía atracción por sus compañeritos. No en un sentido sexual, tampoco quería ser una niña. Simplemente se sentía a gusto con un chico cerca.

“Yo era un niño consentido por mujeres, porque mi papá no estuvo presente. Era muy afeminado, más de lo que ahora soy. Fue súper fuerte, porque yo era el jotito, el putito, el que no encajaba en las conversaciones con niños. Era muy femenino para el código masculino. Y las niñas, que eran las que me aceptaban, me terminaban chocando”.

Jonny asumió su homosexualidad a los 16 años y se lo dijo a su mamá. La noticia la impactó y lo primero que pensó fue “qué hice mal”. Dejó de hablarle y lo corrió de la casa. Luego de siete años limaron asperezas.

“Cuando la visitaba se volvía incómodo. No podía salir. Si le decía que iba de antro, ella tenía un conflicto interno. Ya después, con la convivencia, vio que tenía una pareja estable. Creo que le preocupaba que fuera una persona promiscua”.

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La Diva Salvaje y Miss Gaviota, luchadores exóticos

Hay entre los luchadores una categoría que rompe con todos los estereotipos: los Exóticos. Afeminados y/o homosexuales, los Exóticos son una representación de feminidad en el cuadrilátero. ¿Los conocen?

“Un luchador Exótico debe ser elegante, debe tener glamour, personalidad, pero lo más importante: debe saber luchar. Nadie se puede subir al ring diciendo que pertenece a los Exóticos si antes que todo no es un verdadero luchador”, dice La Diva Salvaje quien llegó a la Ciudad de México hace casi 9 años. “Siempre he creído que soy una persona fuerte, vivo bajo la idea de que “Al son que me toquen, bailo”. Es como mi lema. Es decir, quien quiera verme luchar en clásico, yo lo hago. Si quieren verme luchar en strong style, también. Si quieren que me suba a jotear, me subo y joteo”.

Miss Gaviota, es la única mujer transexual en las luchas libres mexicanas. “Desde que tengo memoria he sido niña, desde que tengo uso de razón me han gustado los niños. Soy la única chica trans en las luchas mexicanas, la única que tiene pechos, pero me convertí en luchador a arrastradas”.

“Mi nombre es Miss Gaviota porque siempre me he sentido una Miss Universo. De lunes a sábado me encuentras cortando el pelo. Hay que hacerle de todo, de las luchas no vivo. También soy artista. Hace años que empecé a vestirme para hacer show travesti. Antes trabajaba en discotecas, ya no, pero fue una época divina, entre flores, copas, música ¡y hombres!”

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El mundo drag al alcance de todos

¿De dónde viene?

Últimamente se ha desatado lo drag en las redes sociales, en los programas de televisión (tal es el caso del famoso show RuPaul´s Drag Race). La cantidad de fotos de hombres vestidos de mujer haciendo burla del estereotipo masculino y femenino resulta ser del agrado de muchos y del desagrado de otros tantos. Pero, más allá de lo que nos guste o no, de los prejuicios que tengamos, creo que vale la pena conocer de fondo lo que es ser “drag o dragqueen”, porque, ojo: no es lo mismo ser “drag”, que “travesti” o “transgénero”. Las tres son cosas distintas.

Una drag personifica y exagera el estereotipo de mujer con un fin meramente histriónico: se burla de la identidad y de los roles de género. El vestuario, el tipo de maquillaje, la forma de hablar, todo esto es parte de un personaje, de una sátira, una parodia, un show. Asimismo, es importante aclarar que tener un personaje drag no es sinónimo de ser homosexual.

«Tener un personaje drag no es sinónimo de ser homosexual»

Por otro lado, tenemos al travesti, persona que suele vestirse con ropa del sexo contrario. Algunos lo hacen con fines artísticos, imitando personalidades en un show, y otros lo hacen en su vida diaria como una forma de expresión. El travesti, al igual que el drag, no busca cambiar de género ni de sexo, puede ser hombre o mujer, así como heterosexual, bisexual u homosexual. En cambio, una persona transgénero es aquella que presenta disforia o disconformidad con el género asignado al nacer.

«El travesti, al igual que el drag, no busca cambiar de género ni de sexo»

El término drag es el acrónimo de “Dressed as a Girl” (vestido como mujer), que surge como elemento dramático en el Reino Unido durante la segunda mitad del siglo XIX para hacer una proyección cómica de las nociones sociales, sobre el comportamiento social, la aristocracia, la organización política, los roles de género, la etiqueta social y los convencionalismos sociales. Es derivado del travesti y apreciado en espectáculos como el burlesque victoriano y la pantomima británica. Sin embargo, la explotación del drag, como elemento cómico, se inicia con la introducción del teatro de variedades dentro de la cultura estadounidense.

Hoy en día es muy frecuente encontrar drags como parte de los espectáculos de cabaret; de hecho, yo tengo amigos drags y trabajo con uno en la Ciudad de México. Juntos nos presentamos en un espectáculo de cabaret que lleva por nombre “Despedida de soltera”, y es una de las experiencias artísticas más divertidas y enriquecedoras que he tenido.

Como se darán cuenta, no estamos hablando de nada nuevo, simplemente las redes sociales ponen en evidencia el reflejo de diferentes expresiones sociales y artísticas en todas partes del mundo.

Algunas drags famosas que quizás conozcas

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Al margen…

Algo que me gustaría comentar, porque lo he vivido de cerca, son los lamentables prejuicios con los que todavía vivimos y lo difícil que esto hace la vida sentimental a tanta gente que ha encontrado, a través del drag, una íntima forma de expresión.

Y me refiero a esto: ¿Qué harías si…

1) … conocieras a un hombre con el que encontraras química, atracción física e intelectual, con quien tuvieras buena cama y no pararas de reír? La respuesta es obvia, ¿no?, pero…

2) … al mes de salir y conocerlo te enteraras de que es actor drag?

Me despido sembrándoles esta duda y poniéndolos a reflexionar sobre nuestros prejuicios y la “supuesta” libertad con la que vivimos y dejamos vivir a los demás.

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¿Quién es Salvador Núñez?

Es un comunicador, blogger y entertainer, que se ha convertido en un referente de la comunidad LGBTTTI en México y Latinoamérica; es un icono en internet y las redes sociales por entretener, crear y compartir contenidos de calidad, consiguiendo credibilidad, respeto, confianza y el cariño de la gente. Sus temas: estilo de vida, motivación, y todo lo que tiene que ver con sentirse bien y vivir mejor.

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