Agenda / Sexualidad

Acóplate con tu pareja: claves para un mejor sexo

Si algo aprendemos en nuestras clases de secundaria es que la química sí existe, y más cuando se trata de intimidad.

Sea cual sea el tipo de encuentro que tengamos, hay que partir de dos premisas indispensables: la interacción debe establecerse sin engaños ni falsas expectativas y siempre comprendiendo que no somos objetos de consumo mutuo, sino sujetos generadores y receptores de placer.

Acoplarse en términos sexuales toma tiempo porque armonizar los deseos de cada persona es un proceso complejo. Para ello, Antoni Bolinches, terapeuta y sexólogo catalán, señala cinco variables que se deben conciliar en los encuentros eróticos para lograr el acoplamiento sexual.

  1. La iniciativa. Una propuesta es bilateral facilita que ambas partes se sientan deseadas.
  2. La frecuencia. Lo ideal es que esté marcada por el propio deseo, pero a veces éste puede ser caprichoso y variar con el tiempo y con cada persona, así que lo ideal es hablarlo y quizá establecer una cantidad que satisfaga a ambos.
  3. Los rituales. La variedad de prácticas y conductas hacen que el acoplamiento sea algo diverso y satisfactorio.
  4. La resolución. Cuando un encuentro sexual difícilmente culmina en el orgasmo produce tal frustración que puede causar resentimiento: no se trata de “llegar juntos, siempre y con la misma intensidad”, sino de lograr una descarga placentera .
  5. 5. La afectividad posorgásmica. Sobra decir que el acoplamiento sexual no solo depende del antes y del durante, sino también del después. Las muestras de afecto posteriores incrementan o reducen la receptividad sexual y facilitan o dificultan la disposición para los próximos encuentros.

Confiar en la dimensión erótico sexual es una de las tareas más desafiantes, pero también genera vínculos duraderos, por eso los encuentros casuales pueden devenir —cuando salen bien— en pasiones formidables.

Trabajar y esforzarte en tu vida sexual es algo que te beneficia directamente y que, de paso, tu pareja agradecerá. Aplícate, conversa y consulta; da un paso más allá con la conferencia: Claves para el acoplamiento sexual, que S1ngular impartirá este próximo 25 de marzo.

Para inscribirte o pedir mayor información, escribe a esther@s1ngular.com o llama al
5616 8552.

 

Bienestar

Miedo de amar

Me digo: “Miedo de amar”, y me suena como a nombre de telenovela. Pero en el día a día observo que el temor al amor… bien que se muestra en distintas personas, con diversas facetas y a variadas edades.

Cuando navego en internet, con frecuencia se despliega ante mí un sinfín de portales que me invitan a encontrar “la pareja de mis sueños”. Ni qué decir de conversaciones que escucho entre s1ngulares que externan (explícita o tácitamente) su deseo de tener pareja… así como todos los miedos que afrontan al encontrarla.

¿Será que le tememos a esa particular fragilidad que caracteriza los vínculos humanos de nuestro siglo? Si bien la mayoría de las personas anhelamos poder relacionarnos amorosamente, al mismo tiempo cobijamos un temor y una desconfianza de relacionarnos, particularmente en términos del “para siempre”.

La semana pasada recibí la llamada de Roberto, mi vecino. En tono de sobresalto (y por aquello de que soy terapeuta) me pidió un ratito para conversar. Al minuto, toca a mi puerta y entra diciendo de corridito que, tras ocho meses de vivir con una compañera y de hacer vida “medio de pareja”, ella le preguntó qué eran y, de alguna manera, le sugirió dar un paso a un compromiso mayor. Roberto pregunta, con cara de extrañeza: “¿Por qué tan rápido subir un escalón?”. Él teme que la relación se convierta en una carga, generando tensiones que no se siente ni capaz de manejar, ni con ganas de aguantar. “¿Limitar mi libertad? ¡No!”, me dice.

Con esta anécdota presente me vino a la mente Bauman, quien afirma en su libro El amor líquido que, en este mundo de galopante individualismo y autonomía, las relaciones amorosas son un golpe de suerte… ¡a medias! Así como el “encuentro con el amor” es el proyecto de vida de miles de individuos que sueñan en conquistar la felicidad en pareja, es justo esa dificultad de encontrar relaciones satisfactorias la que genera el “miedo de amar”.

El dilema es bastante claro: queremos que una relación disminuya la inseguridad que produce la soledad, al tiempo que, al tenerla, nos genera cierta sensación de asfixia, por aquello a lo que tenemos que renunciar, así como ansiedad por lo que tememos arriesgar. ¿Solución? Quizá más que temerle al amor, habrá que aprender a tolerar la incertidumbre que implica: esa ambivalencia que se ha de soportar para no ahuyentarlo antes de tiempo, y luego esa necesaria carencia en la que vive para no saturarlo y saturarnos en él.

Y al final, en caso de que no marche la cosa, digamos como Samuel Beckett: “Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Pero fracasa mejor”.

El dilema es claro: queremos que una relación disminuya la inseguridad que produce la soledad, al tiempo que, al tenerla, nos genera cierta sensación de asfixia, por aquello a lo que tenemos que renunciar