Especial / Opinión / Psicología

Ellos también merecen hablar

Los cambios de paradigmas sociales también han dejado al hombre con miedo a mostrar y hablar de la inseguridad que les aqueja.

Las mujeres hemos hablado y, con mayor o menor acierto, nos hemos hecho escuchar. Son ya muchos años de manifestar lo que no queremos, de afirmar lo que necesitamos y de señalar lo que nos lastima. Los siglos de sumisión y exclusión nos han hecho congregarnos y apoyarnos, y aunque aún nos falta mucho por andar, hemos conquistado territorios, derechos y autonomía. ¿Y los hombres? ¿Cuál es su posición ante esta transición galopante que va adelgazando el patriarcado y en la cual van perdiendo privilegios, amores y paciencia?

Los varones se mueven entre varios mundos: el de la presión del entorno masculino que aún les exige éxito y exhibir la valentía propia de su “masculinidad”; el de las mujeres que apuntan la injusticia y la violencia que sigue golpeando su feminidad y el de aquéllas que les piden cosas contradictorias, defienden argumentos ambivalentes y esperan amores imposibles.

El patriarcado no sólo afecta a las mujeres, los hombres también están pagando sus altos costos. ¡Es que eso de tener que ser siempre fuertes, ricos y contenidos en la vida emocional pesa y va dejando bajas en el camino! Entre hombres es difícil mostrar debilidades y compartir los dolores del corazón. Controlar la esfera de lo público ha dejado a la deriva su mundo interno y muchas veces su vida personal.

Se sigue alimentando ese círculo que esclaviza a hombres y mujeres: si ellos no dan dinero no se consideran dignos de obtener amor, y si ellas no dan amor no aseguran una estabilidad en el mundo material. Que se están desmantelando estas premisas… sí, pero -sin lugar a dudas- más lento de lo que quisiéramos imaginar.

No se trata de que los varones adopten un modelo masculino implantado por las mujeres: ambos somos diferentes y es momento de crear un proyecto de masculinidad propio y nuevo, apto para nuestros tiempos. Así que… ¡hablen, hombres! Muchas mujeres estamos listas para el cambio y los queremos escuchar.

Bienestar

4 señales que te dirán si debes renunciar ya a tu trabajo

¿Cuántas veces te has cachado pensando si debes o no cambiar de trabajo? Actualmente, el número de personas que genera antigüedad en una empresa ha disminuido. De hecho, la generación conocida como millennials tiende a cambiar de una a dos veces de empleo al año, pero ¿por qué pasa esto? De acuerdo con la especialista laboral Suzy Welch, es importante analizar ciertos aspectos del trabajo actual para poder determinar si conviene seguir o, de lo contrario, urge cambiar de trabajo. Los puntos más importantes son:

1. No tener crecimiento laboral

Es importante tener posibilidades de crecer dentro de una empresa, aspirar a puestos más altos, pues éstos sirven como motivación para tener un mejor desempeño laboral.

Cuando los puestos gerenciales son ocupados por familiares o amigos de los dueños o de quien tiene mayor poder dentro del lugar de trabajo, el interés por ser eficiente se va deteriorando, ya que esos lugares se ven inalcanzables, motivo por el que muchos prefieren irse a otra empresa.

2. Reputación y prejuicios

Siempre se tiene que lidiar con la fama, más cuando se escala de lugar, pues siempre aparecen los cuestionamientos: ¿Cómo hizo para pasar de asistente a mánager? ¿Cómo puede ser que este niño tenga más poder que yo, que hace años que estoy aquí?, etc. Estos prejuicios pueden ser muy duros al momento de enfrentarse con los compromisos diarios.

“Di que comenzaste como asistente, y algunas personas te verán siempre así. O quizás formaste parte de un proyecto que salió mal. A menudo los fracasos se adhieren a uno, incluso cuando no haya sido nuestra culpa”, dice Welch.

3. Fin de la emoción

Si cada que vas al trabajo te da pesadez, las actividades que alguna vez te emocionaron ahora son una tortura y, peor aún, la pasión se terminó, entonces estás cometiendo un error quedándote donde estás.

4. Mayor interés por otra actividad

Cuando pasas más tiempo pensando en otra actividad que en tu trabajo pendiente, e incluso esas ideas te hacen vibrar más, es momento de cambiar, darle un giro a tu vida y probar cosas nuevas.

Finalmente, Welch también aconseja buscar una alternativa antes de tomar una decisión determinante, “si te sientes indiferente respecto a tu trabajo, quizás estés aburrido o estresado. Y querer ser tu propio jefe tampoco es una razón lógica para partir. Quizás seas el próximo Mark Zuckerberg, pero ser un entrepeneur no es una elección de vida. Es el resultado de una idea brillante. ¿Tienes alguna?”.

 

 

 

Sexualidad

Nos asusta… pero nos gusta

El miedo y el sexo han tenido, durante muchos años, una relación de lo más cercana y disfuncional.

Por momentos, en la historia de la humanidad, esta relación ha logrado cosas más o menos valiosas, pero nunca sin que todos terminemos pagando algún precio (aunque ni la debamos ni la temamos). Juntos, el miedo y el sexo son tan raros como esas parejas que uno termina por dejar de invitar a las reuniones porque siempre hacen alguna escena que incomoda a los demás. Se necesitan, se odian, se dañan y no se atreven a dejarse. Y, en su caso, más que seguir juntos “por los hijos”, este binomio subsiste porque cohabita y se alimenta de la vida sexual de muchísimos de nosotros.

Así, si entrevistáramos a cualquier terapeuta sexual sobre los motivos de consulta más frecuentes de sus pacientes, el miedo estaría entre los tres motivos más populares y seguro sería el resultado directo de todos los demás.

Iniciamos nuestra vida sexual con miedo a que me duela, al embarazo… la vivimos con miedo a que me rechacen, a que no se me pare, a que no me lo pida, a que me lo pida… y tememos el día en que termine

Miedo al sexo, miedo al desempeño, miedo al deseo, miedo al qué dirán, miedo a la censura, miedo a las disfunciones, miedo a las infecciones… la lista es larguísima. Lo he visto cientos de veces: iniciamos nuestra vida       sexual con miedo (a que me duela, al embarazo…), la vivimos con miedo (a que me rechacen, a que no se me pare, a que no me lo pida, a que me lo pida…) y tememos el día en que termine.

Como tal, el miedo no es absolutamente malo. El sentido de su existencia es preventivo: nos mantiene en alerta, nos hace huir de las vergüenzas (y a veces lo logra) e, idealmente, nos debería mantener saludables. La salud sexual implica, entre otras muchas cosas, la prevención de infecciones a través de, por ejemplo, el sexo protegido y el uso del condón.

Pero aquí es donde este matrimonio miedo-sexo se vuelve complejo, porque el motivo que tiene una persona para usar condón siempre y el motivo que hace a otra no usarlo nunca, es el mismo: el miedo. Esto es, a algunas personas, el temor a una infección o un embarazo las lleva a nunca querer descuidarse, mientras que, a otras, el miedo a negociar, comprar o exigir su uso puede más que su sentido de responsabilidad. Entonces, en ciertos casos, en vez de que el miedo se vuelva nuestro motor para actuar, nos paraliza y nos hace retroceder.

Si tuviéramos que darle un par de consejos a esta pareja disfuncional, podríamos plantearle que equilibrara la posibilidad de disfrutar del placer que da el sexo y la cautela que lo transforma en bueno, bonito y saludable. Esto, sin duda, resultaría en el abandono de inhibiciones que nos impiden vivir con plenitud nuestra vida sexual, y en la concientización de que no somos inmunes a las infecciones y a las disfunciones; que somos capaces de acumular tantas enfermedades como orgasmos y que ser cautelosos, a la larga, nos da la confianza suficiente para dar rienda suelta a todos nuestros deseos.

Tendencias

10 mitos de solteros

Ser s1ngular no es cosa de juego, es un papel muy importante y complicado llevar sin tabúes ni prejuicios. La sociedad está bastante acostumbrada a recordarte que cuando llegas a cierta edad, ya debes buscarte una pareja con quien formar una familia y pensar en tu vejez. Sin embargo, ya no es así, nosotros los s1ngualres podemos realizar y disfrutar un sin fin de actividades, como muestra, aquí hay algunas:

Tener familia

Aunque parezca irreal, es un hecho. No es necesario el estereotipo típico (mamá, papá e hijos) para formar una familia. Actualmente, las familias también están conformadas por amigos, perros, gatos, peces, etc., todo los seres con los que sentimos una conexión más allá de la amistad.

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Hijos

Es verdad que para que exista un nuevo ser se requiere de hombre y mujer, sin embargo, ya hay muchas formas en las cuales una persona sin pareja puede tener un hijo, por ejemplo, adoptando o por métodos clínicos.

Father and son playing with plastic dinosaurs

Viajar a París

Súper cliché la idea de ir a la “ciudad del amor” en pareja, si está padre, pero también se disfruta muchísimo si vas solo porque decides a qué lugares ir, en qué tiempo, qué comer, a qué hora ir de compras, si quieres quedarte toda la tarde en un café, etc., además, una gran amiga me dijo alguna vez: “si vas, ve sola porque así es como se te acercan las personas y puedes hacer muchos amigos de todo el mundo”.

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Comprar una casa

Las empresas de bienes raíces, así como los bancos, solían dar facilidades de compra sólo a matrimonios, por suerte las cosas han cambiado mucho, ahora si estás interesado en adquirir un inmueble, tu estado civil ya no es requisito.

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Ir al cine

Ver una peli solo es una experiencia casi religiosa, la disfrutas de una forma impresionante porque no hay quien te interrumpa para que le pases las palomitas, o le expliques algo porque no entendió. Y, en caso de que la movie sea bastante mala, sólo tú lo sabrás, no habrá reclamos de nadie.

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Salir a cenar

Lamentablemente este punto si es todo un tema para algunos dueños o gerentes de restaurantes, pues si te ven solo luego te quieren mandar a la barra o a un lugar poco agradable. Pero cuando esto no pasa, la verdad es que está padrísimo comer con tu propia compañía, puedes disfrutar del ambiente que te rodea, leer algún libro, escuchar música, etc.

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Tener placer sexual 

Es algo natural y estimulante. Es el contacto más cercano con tu propio cuerpo, aprenderás a conocerlo hasta el último centímetro, hacer este ejercicio -psicológicamente- ayuda a tener mejores experiencias con otra persona, pues empiezas a identificar las caricias que te gusta o los lugares que te excitan.

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Asistir a conciertos

Poca gente se atreve a ir solo a este tipo de eventos, por lo regular van con amigos, pero cuando sólo a ti te gusta el grupo o cantante, ni modo que no vayas.

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Tener un seguro de vida

Este tipo de inversiones ya no deberían ser opcionales, es una forma de asegurar que tu dinero se destine a la persona que quieras si algo te pasa. Además, no requieres de una pareja para que sea el beneficiario, puede ser otro miembro de la familia que elijas.

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Ir a una boda

Es lo más divertido del mundo, conoces y conversas con muchìsimas personas, por ende, amplìas tu cultura general. Te ayuda a incrementar tu seguridad, ¿cómo?, fácil, te tienes que acercar a la gente para no aburrirte y por qué no, cabe la posibilidad de que ahí conozcas al “amor de tu vida” o consigas un buen ligue.

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S1NGULAR

El mundo drag al alcance de todos

¿De dónde viene?

Últimamente se ha desatado lo drag en las redes sociales, en los programas de televisión (tal es el caso del famoso show RuPaul´s Drag Race). La cantidad de fotos de hombres vestidos de mujer haciendo burla del estereotipo masculino y femenino resulta ser del agrado de muchos y del desagrado de otros tantos. Pero, más allá de lo que nos guste o no, de los prejuicios que tengamos, creo que vale la pena conocer de fondo lo que es ser “drag o dragqueen”, porque, ojo: no es lo mismo ser “drag”, que “travesti” o “transgénero”. Las tres son cosas distintas.

Una drag personifica y exagera el estereotipo de mujer con un fin meramente histriónico: se burla de la identidad y de los roles de género. El vestuario, el tipo de maquillaje, la forma de hablar, todo esto es parte de un personaje, de una sátira, una parodia, un show. Asimismo, es importante aclarar que tener un personaje drag no es sinónimo de ser homosexual.

«Tener un personaje drag no es sinónimo de ser homosexual»

Por otro lado, tenemos al travesti, persona que suele vestirse con ropa del sexo contrario. Algunos lo hacen con fines artísticos, imitando personalidades en un show, y otros lo hacen en su vida diaria como una forma de expresión. El travesti, al igual que el drag, no busca cambiar de género ni de sexo, puede ser hombre o mujer, así como heterosexual, bisexual u homosexual. En cambio, una persona transgénero es aquella que presenta disforia o disconformidad con el género asignado al nacer.

«El travesti, al igual que el drag, no busca cambiar de género ni de sexo»

El término drag es el acrónimo de “Dressed as a Girl” (vestido como mujer), que surge como elemento dramático en el Reino Unido durante la segunda mitad del siglo XIX para hacer una proyección cómica de las nociones sociales, sobre el comportamiento social, la aristocracia, la organización política, los roles de género, la etiqueta social y los convencionalismos sociales. Es derivado del travesti y apreciado en espectáculos como el burlesque victoriano y la pantomima británica. Sin embargo, la explotación del drag, como elemento cómico, se inicia con la introducción del teatro de variedades dentro de la cultura estadounidense.

Hoy en día es muy frecuente encontrar drags como parte de los espectáculos de cabaret; de hecho, yo tengo amigos drags y trabajo con uno en la Ciudad de México. Juntos nos presentamos en un espectáculo de cabaret que lleva por nombre “Despedida de soltera”, y es una de las experiencias artísticas más divertidas y enriquecedoras que he tenido.

Como se darán cuenta, no estamos hablando de nada nuevo, simplemente las redes sociales ponen en evidencia el reflejo de diferentes expresiones sociales y artísticas en todas partes del mundo.

Algunas drags famosas que quizás conozcas

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Al margen…

Algo que me gustaría comentar, porque lo he vivido de cerca, son los lamentables prejuicios con los que todavía vivimos y lo difícil que esto hace la vida sentimental a tanta gente que ha encontrado, a través del drag, una íntima forma de expresión.

Y me refiero a esto: ¿Qué harías si…

1) … conocieras a un hombre con el que encontraras química, atracción física e intelectual, con quien tuvieras buena cama y no pararas de reír? La respuesta es obvia, ¿no?, pero…

2) … al mes de salir y conocerlo te enteraras de que es actor drag?

Me despido sembrándoles esta duda y poniéndolos a reflexionar sobre nuestros prejuicios y la “supuesta” libertad con la que vivimos y dejamos vivir a los demás.

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¿Quién es Salvador Núñez?

Es un comunicador, blogger y entertainer, que se ha convertido en un referente de la comunidad LGBTTTI en México y Latinoamérica; es un icono en internet y las redes sociales por entretener, crear y compartir contenidos de calidad, consiguiendo credibilidad, respeto, confianza y el cariño de la gente. Sus temas: estilo de vida, motivación, y todo lo que tiene que ver con sentirse bien y vivir mejor.

Facebook: http://facebook.com/salvadornunezpagina

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Especial LGBTTTI

La ilusión de los sexos, ¿y si sólo somos personas?

«Quien alcanza el despertar deja de ver sexos, porque sólo reconoce personas» —Pensamiento budista

Imaginemos las relaciones entre mujeres y hombres como un péndulo. Al moverse a un lado, las diferencias entre los sexos se subrayan (ellas usan falda y ellos, pantalón; ellas se dedican al hogar y ellos salen a ganar un sueldo). De este lado, las creencias son rígidas y autoritarias. En la siguiente oscilación, las distinciones se desdibujan (ellas trabajan y llevan pantalón, mientras que ellos llevan el cabello largo y laboran desde casa). La convivencia en esta orilla es más equitativa y más crítica de las creencias que antes se tenían por “naturales” e inamovibles.

En este ir y venir, es inevitable que se cuelen los prejuicios de un periodo y su cultura. Las contradicciones, los temores y las aspiraciones de la sociedad son, en más de un sentido, el impulso de ese movimiento. Pero también hay otra mano que mece el péndulo y suele pasar desapercibida.

Ni hombres ni mujeres: personas

La relación entre los sexos parece condenada a oscilar entre dos opuestos: los conservadores y los progresistas. Para la mentalidad moderna, esta danza inacabable de avances y retrocesos no tiene sentido. Lo lógico sería que una vez conquistado un derecho, sometido un tabú o desterrada una tradición, no hubiera regreso. De eso se trata el progreso, de ir hacia adelante. Sin embargo, una guerra, una epidemia o una recesión pueden alterar las circunstancias sociales a tal grado que las costumbres también cambian, incluidas las definiciones sobre lo masculino y lo femenino.

En el fondo, obviamos estas convenciones sobre qué es ser mujer u hombre porque nos acompañan de la cuna a la tumba. A partir de ellas construimos una identidad y las usamos de brújula para guiar nuestra conducta con los demás. Condicionados desde el nacimiento, rechazamos lo que se aleja del molde y sufrimos por adecuarnos al ideal, sin reparar en su carácter ilusorio. No obstante, esta ilusión que domina nuestras vidas termina por sumirnos en dolorosas contradicciones.

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Solteros: somos de aquí, somos de allá

Estoy a bordo del avión que me llevará a casa. Perdí mucho tiempo en migración porque no reconocían el origen de mi rostro y porque viajaba sola; por lo mismo, les pareció sospechosa mi maleta. Yo no estaba dispuesta a soltar mi equipaje, esa pareja que me acompaña a todas partes. Pero ni modo. Habitualmente, en estos casos, me preguntan dos cosas: qué llevo y por qué viajo sola. Y contesto: “Llevo lo normal: ni esposo, ni bomba atómica”. La gente que revisa a los pasajeros debería estar más al día (y tener mejor sentido del humor).

Hasta en América Latina hay cada vez menos matrimonios, más equipajes s1ngulares. La migración lleva y trae ideas y tradiciones a los sitios menos imaginados. Por ejemplo: Chile tiene la mayor comunidad de palestinos solteros fuera del mundo árabe. Existen muchos casos de japoneses que viven su soltería más felizmente en Brasil, como libaneses en Colombia, sin la presión de formar una familia tradicional.

Una de las cosas que más le importa a la humanidad es la familia. En los países occidentales, el cristianismo pide fundarla sobre un hombre y una mujer dispuestos a tener hijos. En otras culturas está aceptada la poligamia y la poliandria, o de plano se hace a un lado el matrimonio (como el matriarcado mosuo, entre el Tíbet y China). Los inuit (en Canadá) “comparten” su esposa con los visitantes en señal de buena anfitrionía, en tanto que los latinos pueden llegar a los puños o a las armas si alguien mira a su pareja por algo más que un segundo. Los modelos de conducta son siempre diversos y no sólo influye la cultura y la región, sino la psique de cada individuo.

Un 70 por ciento de matrimonios en la capital sueca acaban en divorcio.

Para entretenerme mientras fisgoneaban en mi maleta, me puse a revisar datos en mi tablet. Según los últimos estudios de la Oficina Federal de Estadísticas de Alemania, Berlín ha sido desplazada por Estocolmo y Hannover en el ranking de ciudades con mayor número de solteros. Un 33 por ciento de los habitantes de Hannover viven solos. Un 70 por ciento de matrimonios en la capital sueca acaban en divorcio.

Datos del Inegi afirman que en nuestro país había, en 2010, poco más de 20 millones de solteros (de los 112 millones que éramos) en el rango de 15 a 40 años. Pero yo, ¡ay de mí!, a veces no asimilo lo rígidas que pueden ser algunas personas, familias, naciones enteras en comparación con otras. Si tantos habitantes del mundo van a obedecer al famoso “deber ser”, en lugar de su deseo de “ser”, el mínimo precio que deberían pagar es el respeto al otro.

En la sociedad occidental desarrollada, más del 40 por ciento de la población adulta está soltera. Al menos cuatro de cada 10 adultos estadounidenses, canadienses y europeos permanecen en ese estado civil, cada uno buscando su estilo, que va de lo coqueto y ligador (como en Italia) a lo retraído y aislado (Noruega).

El 58 por ciento de los franceses permanecen solteros “porque así lo desean”

Por supuesto, en algunos países, como México, influyen muchas razones para la soltería que no tienen que ver con la libertad. Sociólogos afirman que ha sido, sobre todo, la cuestión económica el factor que ha modificado las estructuras sociales, culturales y familiares en nuestro país. La cosa del dinero es bastante complicada y esto hace que los jóvenes vivan aún en casa de sus padres pasados los 30 años. Esto está pasando también en España. Por eso, algunos siguen viendo la soltería como una tragedia y no como una decisión.

Cuando al fin abordé el avión, encontré otro dato interesante: el 58 por ciento de los franceses permanecen solteros “porque así lo desean”. No casarse no es una minusvalía; es una bandera: un gesto. Es la forma de decir que nuestra vida no depende de una institución que devora personas y las devuelve (no a todas) convertidas en un pedazo de carne sin apetitos, en un magma de mezquindades que nada tiene que ver con el amor.

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A cada cual toca encontrar los valores positivos de su soltería. Existen muchas ventajas, como la facilidad de movimiento (salvo si eres mujer al pasar por las revisiones del aeropuerto, pienso con tristeza) y la libertad de decidir qué hacer, cuándo y dónde. Uno tiene más tiempo y privacidad para ocuparse de sus intereses. Y es más factible que se logre cultivar una vida social y profesional en general.

Los valores negativos yo los resumiría a esto: aunque esta época se ha ido abriendo a los cambios, aún hay estratos que no entienden ni aceptan la delicia de estar con uno mismo, aquí o en China, bebiendo a solas un buen vino en la Toscana o una cerveza en Múnich. La soltería en muchos países es como una enfermedad indeseable. Lo he visto, sobre todo, en provincias de México, España… y hasta de Italia, donde uno creería lo contrario, dado su arte de seducción.

Las fronteras no son naturales, las crearon los humanos. También los prejuicios.

Por lo común, nuestras sociedades no nos enseñan a ser felices, sino a cumplir con unos parámetros. Sin importar la cultura o la geografía, para poder ser feliz al lado de una persona hay que aprender a serlo estando solo, porque es en ese tiempo cuando uno aprende a conocerse, sobre todo a descubrir lo que quiere en realidad. Y sí, la felicidad es una aspiración de toda la humanidad…

Despega mi avión. Vuelvo a casa. Mientras miro desde arriba el país que dejo, confirmo que las fronteras no son naturales. Las crearon los humanos. También los prejuicios. La soltería va en aumento pero aún no es para todo el mundo; en cualquier país, este estado es más bien para los que saben que la felicidad no está necesariamente al lado de otra persona y, de este modo, tienen el valor de darse un tiempo para estar solteros, así este tiempo les lleve toda la vida.