Especial / S1NGULAR / Sexualidad

El sexo en el poliamor no es mejor que en la monogamia

La monogamia cada vez va quedando más de lado como eje principal de la construcción social actual. Estudios científicos que lo confirman y que señalan que el ser humano no debería ser monógamo, siempre pregonan. Por otra parte el poliamor se posiciona cada vez más fuerza como la relación amorosa del futuro, y con cierta estabilidad emocional, compromiso de todas las partes involucradas y cariño, la relación sin duda puede funcionar.

Sin embargo, hay algo en lo que la monogamia aún supera al poliamor, muy al contrario de lo que cualquiera podría llegar a pensar: el sexo.

Un estudio realizado a poco más de 11 mil personas en la Unión Europea encontró que, mientras el 71% de quienes integran relaciones abiertas están sexualmente satisfechos, para aquellos en relaciones con una sola persona el valor de satisfacción asciende hasta el 82% y al 80% para quienes están casados o en unión libre. Muy en contraste con el 40% de quienes están solteros.

La investigación, realizada por Dalia Research y concluida en marzo de este mismo año, probó, además, que los países con mayor satisfacción sexual son España con el 41% de los encuestados asegurando estar muy satisfechos, seguido de Alemania con el 38%; y los menos satisfechos resultaron ser los italianos y los británicos, teniendo ambos un 9% de personas “no del todo satisfechas”.

El porqué la monogamia es superior al poliamor en este aspecto no está explicado en el estudio, aunque, en realidad sólo hay una ventaja del 10%. Tal vez uno de los factores determinantes para los resultados sea el ojo con el que actualmente es visto el poliamor, pues aún prevalece cierto ocultismo a su alrededor.

S1NGULAR

¿Cómo es ser soltera en un país en donde el matrimonio es un fin y no un medio?

No hay eufemismos para decirlo: en Arabia Saudita las mujeres son como menores de edad. Sus derechos son pocos y están supeditados a la presencia de los hombres; así de sencillo. Pueden ser esposas, hijas, sobrinas, primas, pero difícilmente mujeres independientes.

Manejar un auto, por ejemplo, es un acto de extrema rebeldía y a duras penas podrá avanzarse más allá de unas cuadras sin correr el riesgo de ser detenida y encarcelada. Vestir la abaya negra, o túnica de cuerpo completo, es obligatorio cuando se está en lugares públicos, y salir del país es impensable sin el consentimiento del padre o del marido. Los jóvenes suelen casarse temprano en la vida. Llegar a los 30 sin esposo o esposa es sinónimo de fracaso.

En Arabia Saudita y en general en la cultura árabes, el matrimonio es una finalidad, un destino al que es imperioso llegar. Después de esta edad es mucho más complicado hallar marido. A este escenario hay que agregar que las dificultades económicas, la escasez de empleos, las recientes ambiciones de crecimiento profesional de los hombres, así como los altos costos de la dote que debe darse a la familia de la prometida, hacen que muchos jóvenes prefieran buscar extranjeras o retrasen su decisión de casamiento. La opción que resta a la mujer “quedada” es ser la segunda o incluso la cuarta esposa de alguien, pues la Sharia permite al hombre la poligamia, siempre y cuando éste sea equitativo con sus cónyuges.

Los jóvenes suelen casarse temprano en la vida. Llegar a los 30 sin esposo o esposa es sinónimo de fracaso

Para una sociedad que presta semejante importancia al matrimonio, pareciera un contrasentido prohibir los encuentros públicos entre mujeres y hombres solteros. Sumemos a esto que los lugares en donde las personas suelen conocerse en Occidente, como los bares, están prohibidos; los sitios para convivir en pareja, como los cines, no existen, y los cafés y restaurantes están divididos en una sección para hombres y otra para mujeres y familias. Frente a semejantes restricciones, la soltería se vuelve una especie de destierro social que sólo puede redimirse si se alcanza la meta del casorio. Y, como suele ocurrir, ya que la necesidad es la madre del ingenio, ambos sexos han encontrado modos de burlar la rigurosa vigilancia de las autoridades civiles y religiosas para conocerse.

s20-s1ngular-arabiasaudita-int

Por otro lado, la llegada de internet, la aparición de las redes sociales y la proliferación de los smartphones inyectaron aire fresco al ambiente sofocante de la sociedad saudita. Ya sea para conocer gente o para acordar una cita a escondidas, Twitter y Facebook se han vuelto los principales medios para coincidir con el sexo opuesto. Más que buscar derrumbar el muro de intransigencia social y religiosa, la juventud ha optado por hallar caminos que le permitan expresarse sin provocar un enfrentamiento directo con la autoridad. No es gratuito que el país ocupe los primeros lugares en usuarios de redes sociales, en términos proporcionales a la población, y que también sea uno de los principales mercados digitales de la región.

Los riesgos de la intimidad son altos cuando no hay matrimonio de por medio

Decía Octavio Paz que “amar es combatir, si dos se besan el mundo cambia”. Quizá las palabras del Nobel adquieran un sentido más pleno en un ambiente como el que se vive en la monarquía saudí. Los riesgos de la intimidad son altos cuando no hay matrimonio de por medio. De ser descubierta, la pareja enfrentará un proceso que puede ir de la amonestación y la comparecencia ante un juez, hasta recibir azotes en la espalda. La infidelidad, por otra parte, es imperdonable y supone una sentencia automática de muerte.

En una cultura en la que las relaciones entre hombre y mujer están marcadas por las contradicciones, y en la que el matrimonio es un ritual ineludible para pertenecer de lleno a la sociedad, la soltería voluntaria o la simple búsqueda de compañía del otro sexo terminan por ser uno de los actos de rebeldía más valientes y quizá el gesto de afirmación individual que el país necesita para comenzar un cambio impostergable.

Foto de portada: Reuters/Faisal Al Nasser