Salud

A los millennials les cuesta más trabajo adelgazar que a los boomers

De acuerdo con un estudio publicado en la revista de Investigación de Obesidad Clínica, los adultos jóvenes de hoy en día tienen más dificultad para mantener el peso que aquellos que fueron adultos hace 20 o 30 años, aún comiendo la misma cantidad de comida y con el mismo ejercicio.

La investigación siguió las dietas de 36,400 estadounidenses entre 1971 y 2008, así como la actividad física de 14,419 personas entre 1988 y 2006. Unieron los datos por comida, actividad, edad  e Índice de Masa Corporal y descubrieron que si actualmente tienes 25 años, tendrías que comer menos y ejercitarte más que alguien más grande de edad para evitar subir peso.

Y aunque los factores de estos cambios entre generaciones aún no están confirmados, los especialistas tienen una hipótesis: ahora, la gente está más expuesta que antes a químicos en la comida, como pesticidas y sustancias en los empaques que alteran nuestro proceso hormonal y las maneras en las que nuestro cuerpo sube y baja de peso.

Además, el aumento de casos de depresión ha generado que crezca el consumo de antidepresivos, que contienen compuestos ligados con subir de peso.

Por último, el consumo de carne es mucho más alto que en décadas pasadas; productos que son tratados con diferentes hormonas y antibióticos para fomentar el crecimiento acelerado de los animales; por lo que toda esa carne podría estar cambiando nuestra bacteria intestinal en formas sutiles.

Especial / Finanzas

Adiós freelance, bienvenido freework

Los baby boomers, estos adultos que lograban independizarse financieramente con mayor facilidad, gozaron también de las mieles de un esquema de jubilación, inexistente hoy en día.

Las generaciones posteriores (X, de entre 30 y 40 años de edad, y Y, de 20 a 30) han tenido que malabarear las nuevas condiciones para emplearse en lugares que les ofrezcan desarrollo profesional, mantener ingresos que cubran sus gastos básicos, conseguir –con suerte– prestaciones mínimamente superiores a las de la ley y una carga de trabajo razonable que les permita recordar, de vez en vez, que existe vida más allá de su cubículo.

Ante este panorama, cada vez más personas deciden renunciar a la “estabilidad” de un contrato y a la subvención mensual de café, para empezar a vender sus skills al precio que les parece más justo, en los proyectos que más les interesan, dentro de su propio espacio y sin temor a ser castigados porque su estilo no comulga con el dress code establecido.

“Nadie es indispensable” es una de las amenazas favoritas de los jefes y, aunque nos duela aceptarlo, es verdad. La diferencia es que la fuerza laboral ahora se ha convertido en su propio medio de producción.

Los freelancers ya no son sólo ese grupo que alguna vez formó parte de una organización empresarial y migró al sistema independiente, se ha sumado también una importante cantidad de personas que, desde que comienzan a generar ingresos, lo hacen por esta vía.

Además, ahora muchos adultos jóvenes no sólo prescinden de la educación universitaria –un fenómeno que, cabe decir, se fortaleció con el surgimiento de figuras exitosas como Steve Jobs y Mark Zuckenberg, dueñas del mundo en que vivimos–, sino que rechazan cualquier acercamiento con el sistema establecido.

Sin embargo, así como los iPros están marcando una nueva dinámica de oferta y demanda laboral –con repercusión a nivel económico, cultural e incluso político–, no podemos dejar de lado la cantidad de huecos legales que el fenómeno está creando y para los que, eventualmente, habrá que buscar una regulación justa. Por ejemplo, al cumplir con el pago de impuestos, los servicios (como seguros de salud o créditos hipotecarios) proporcionados por el Estado tendrían que estar garantizados, entre otras cosas.

Finalmente, no podemos negar que las nuevas generaciones traen bajo el brazo esquemas laborales frescos que exigen dinámicas novedosas y responsabilidades compartidas.

Opinión

La vida de mis hijos, ésa donde no hay un camino único

Ya tengo mis añitos, pero aún recuerdo un programa de televisión de mi niñez que daba “clasecillas” de moral e instruía sobre “lo que no se debía hacer”. A mí me daba entre miedo y culpa porque aparecía un diablito que te aconsejaba “feo” y un angelito que te decía cómo seguir el camino del “bien”. Hoy me río de imaginar a mis hijos, millennials los cuatro, viendo la simplicidad de lo que allí se planteaba en términos de decisiones de vida y de dilema moral. ¡Nada que ver con lo que enfrentan hoy mis criaturas!, las que les siguen a ellos y de pasadita los de generaciones anteriores que no sabemos bien pa’dónde jalar.

A mis 15 años se suponía que si hacías lo que te decían, conseguirías lo que querías. Pero ahora no hay caminos únicos, respuestas certeras ni verdades absolutas. Y si bien lo ético estará por siempre, los cuestionamientos presentes rebasan lo “moralino” de antaño y se instalan en el mundo de lo diverso y de la complejidad. Más allá de “lo que no se debe hacer”, un sin fin de quimeras entran en el territorio de las posibilidades reales.

Un mundo que nos pinta asequible tooodoooo lo que deseamos, te hace darte de topes ante la dificultad de conseguir lo que en un pasado reciente parecía conquistado. No se puede elegir con facilidad una carrera profesional porque hay 2000 opciones a escoger, difícilmente se puede sostener una relación longeva teniendo las largas vidas que ahora se pueden gozar, también hay pocas opciones de trabajos eternos en un mercado laboral salvaje y, por supuesto, no se puede asegurar que los hijos nos van a cuidar cuando uno esté viejo.

¡No se puede estar al 100 en una reunión, porque mientras cenas te invitan por chat a tantas otras fiestas más!

Andrés, mi tercer hijo, me compartió una reflexión que estaba fuera de mi alcance mental cuando me casé: “Madre, pensaba el otro día que, si quiero tener hijos, que aún ni siquiera sé, tendré que elegir a una mujer (más allá de que me guste y la quiera) con quien pueda formar un equipo de padres para toda la vida, muy aparte de lo que pueda durar nuestra relación”. ¡Uf, uf… pues síiiii! Y yo que el tema lo sé de memoria, con esa confesión comprobé que hoy los chavos y “treintichavos” observan cosas que ni de forma remota estaban en mi haber mental.

Y de estos ejemplos tengo miles (con mis hijos, con pacientes y en mi vida personal).

Pues bien, cómo no entender a los millennials y a sus contemporáneos que miran tanto y quieren todo. Yo me maravillo de lo que estamos viviendo (esto es lo que tenemos y con esto es con lo que podemos bordar). Por supuesto que por ratos me mareo un poco ante la infinidad de opciones y dudas que te presenta la vida moderna, pero tampoco paro (ni pararé) de soñar.

S1NGULAR

Los millennials tienen menos sexo que otras generaciones

De acuerdo con un estudio realizado por el diario estadounidense Archives of Sexual Behavior en 2015, los millennials nacidos a partir de 1990 son dos veces más propensos a ser sexualmente inactivos durante sus 20 en comparación con la generación X y los baby boomers. ¿Por qué?

Contrario a la idea de que se trata de una generación floja, estos jóvenes viven cierta presión por alcanzar el éxito, tienen una obsesión por el estatus de carrera y han generado una cultura de exceso de trabajo -ya sea dentro de una empresa o como freelance-.

A nivel personal, reflejan miedo a involucrarse emocionalmente y perder el control, y han privilegiado la apariencia física al usar apps y sitios para encontrar pareja, que decepciona sus expectativas en un encuentro físico.

Finalmente, los índices de ansiedad y depresión se han elevado con estas generaciones y el uso de antidepresivos también se ha incrementado (medicamentos que pueden afectar directamente el libido).

Esto no es necesariamente malo, señalan los expertos. Decidir cuándo y cómo tener relaciones sexuales puede conducir a relaciones más fuertes a largo plazo. Lo que es preocupante es lo que ésta situación refleja: la dificultad de los jóvenes para formar profundas conexiones con una pareja.

S1NGULAR / Salud

¿Qué está matando a las nuevas generaciones?

La frase “los jóvenes son el futuro del mundo” es muy cierta. Sin embargo, las generaciones con las que contamos para detener guerras, encontrar curas a enfermedades crónicas o, pensando en lo más básico, perpetrar la especie, son las que más amenazas a la salud enfrentan. Y lo más preocupante es que estos riesgos son prevenibles.

Según un reporte de 2016 sobre los riegos para la salud de los adolescentes a cargo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), sólo en 2015 murieron 1.3 millones de jóvenes a nivel global por causas que pudieron haberse evitado.

En México, las principales causas de muerte entre este grupo poblacional son los accidentes, las agresiones y los suicidios.

La depresión y ansiedad siguen siendo temas alarmantes directamente relacionados con las lesiones autoinfligidas intencionalmente o suicidios. Según cifras del INEGI de 2015, en México, el suicidio ocupó el tercer lugar en cuanto a principales causas de mortalidad entre personas del rango de edad de 15 a 24 años y el quinto entre personas de 25 a 34 años.

A estos factores hay que sumar la incidencia de consumo de alcohol y drogas entre los jóvenes y los accidentes que pueden ocasionar. En 2012, 120 mil jóvenes murieron en accidentes de tránsito.

Por otro lado, aunque el VIH ha dejado de ser completamente mortal, las muertes causadas por este virus siguen incrementando. Entre las opiniones médicas abunda la idea de que los jóvenes han dejado de preocuparse por el cuidado de su salud sexual, ya que la enfermedad dejó de ser considerada un factor de riesgo epidemiológico.

Finalmente, aunque existen sustancias que ahora son legales, son consideradas igual de nocivas, como el tabaco. A nivel mundial uno de cada 10 adolescentes consume tabaco. Así, aunque dentro de la mentalidad “millennial” existe un genuino interés por llevar una vida saludable, muchos jóvenes están expuestos a factores externos que reducen su calidad de vida.

Por todo esto, entre los Objetivos de Desarrollo Sustentable de la OMS para 2030 está reducir en 40% el número de muertes prematuras. Sin embargo, tal parece ser que la respuesta no está en el qué sino en el cómo. Esta meta implica replantear el futuro de la sociedad, uno en el que las nuevas generaciones no sean consideradas el mañana, sino el hoy.

Tendencias

Samsung Galaxy A: el básico para millennials

Los smartphones se han convertido en el básico de todas las personas, especialmente de la generación millennials, y empresas como Samsung lo saben a la perfección y lo demuestran con innovadores lanzamientos como la nueva Serie Galaxy A, que cuentan con una cámara mejorada, son aprueba de agua y polvo, además de diseños más dinámicos.

Esta serie cuenta con tres ediciones: ediciones A7 de 5.7 pulgadas, A5 de 5.2 pulgadas y A3 de 4.7 pulgadas, disponible en los colores negro, dorado y durazno.

Considerando que la generación millennial es fan de compartir cada uno de los momentos vividos a través de  imágenes, este equipo se convertirá en su favorito, ya que tanto  la cámara trasera como frontal son de 16 megapíxeles y cuentan con un potente flash para poder tomar fotografías con poca luz.

Además, las gracias a su botón flotante, las selfies serán más sencillas de tomar y alcanzar los mejores ángulos, pues se podrá capturar la imagen desde cualquier parte de la pantalla.

Los equipos tienen la certificación de protección IP68, que indican resistencia al agua y polvo, pueden sumergirse hasta 1.5 metros bajo el agua por 30 minutos.

Finalmente, su capacidad de memoria interna puede ser hasta de 32 GB y expandible hasta 256 GB a través de tarjetas micro SD. Samsung se renueva y lanza también Cloud, en donde se podrán almacenar hasta 15 GB de información.

 

 

S1NGULAR

¿Cuánto cuesta “independizarte”?

No es una sorpresa escuchar sobre lo terrible que va la economía del país, pero como parte de sus efectos, hoy en día volverse independiente tampoco es tan sencillo como parece.

Es un hecho que, para las generaciones jóvenes, la situación es diferente a la que tuvieron sus padres y, en varios sentidos, un poco más difícil: tipos de trabajo (en una empresa o independientes), ingresos, horas laborales (muchos tienen más de un trabajo), rentas (ante la casi nula posibilidad de comprar un bien inmueble), servicios, etc., etc., y un largo etc.

Por ello, y si “independizarte” está en tus planes, checa cuál es el promedio de renta de una casa y las zonas con más demanda.

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