S1NGULAR

Los millennials tienen menos sexo que otras generaciones

De acuerdo con un estudio realizado por el diario estadounidense Archives of Sexual Behavior en 2015, los millennials nacidos a partir de 1990 son dos veces más propensos a ser sexualmente inactivos durante sus 20 en comparación con la generación X y los baby boomers. ¿Por qué?

Contrario a la idea de que se trata de una generación floja, estos jóvenes viven cierta presión por alcanzar el éxito, tienen una obsesión por el estatus de carrera y han generado una cultura de exceso de trabajo -ya sea dentro de una empresa o como freelance-.

A nivel personal, reflejan miedo a involucrarse emocionalmente y perder el control, y han privilegiado la apariencia física al usar apps y sitios para encontrar pareja, que decepciona sus expectativas en un encuentro físico.

Finalmente, los índices de ansiedad y depresión se han elevado con estas generaciones y el uso de antidepresivos también se ha incrementado (medicamentos que pueden afectar directamente el libido).

Esto no es necesariamente malo, señalan los expertos. Decidir cuándo y cómo tener relaciones sexuales puede conducir a relaciones más fuertes a largo plazo. Lo que es preocupante es lo que ésta situación refleja: la dificultad de los jóvenes para formar profundas conexiones con una pareja.

Sexualidad

Nos asusta… pero nos gusta

El miedo y el sexo han tenido, durante muchos años, una relación de lo más cercana y disfuncional.

Por momentos, en la historia de la humanidad, esta relación ha logrado cosas más o menos valiosas, pero nunca sin que todos terminemos pagando algún precio (aunque ni la debamos ni la temamos). Juntos, el miedo y el sexo son tan raros como esas parejas que uno termina por dejar de invitar a las reuniones porque siempre hacen alguna escena que incomoda a los demás. Se necesitan, se odian, se dañan y no se atreven a dejarse. Y, en su caso, más que seguir juntos “por los hijos”, este binomio subsiste porque cohabita y se alimenta de la vida sexual de muchísimos de nosotros.

Así, si entrevistáramos a cualquier terapeuta sexual sobre los motivos de consulta más frecuentes de sus pacientes, el miedo estaría entre los tres motivos más populares y seguro sería el resultado directo de todos los demás.

Iniciamos nuestra vida sexual con miedo a que me duela, al embarazo… la vivimos con miedo a que me rechacen, a que no se me pare, a que no me lo pida, a que me lo pida… y tememos el día en que termine

Miedo al sexo, miedo al desempeño, miedo al deseo, miedo al qué dirán, miedo a la censura, miedo a las disfunciones, miedo a las infecciones… la lista es larguísima. Lo he visto cientos de veces: iniciamos nuestra vida       sexual con miedo (a que me duela, al embarazo…), la vivimos con miedo (a que me rechacen, a que no se me pare, a que no me lo pida, a que me lo pida…) y tememos el día en que termine.

Como tal, el miedo no es absolutamente malo. El sentido de su existencia es preventivo: nos mantiene en alerta, nos hace huir de las vergüenzas (y a veces lo logra) e, idealmente, nos debería mantener saludables. La salud sexual implica, entre otras muchas cosas, la prevención de infecciones a través de, por ejemplo, el sexo protegido y el uso del condón.

Pero aquí es donde este matrimonio miedo-sexo se vuelve complejo, porque el motivo que tiene una persona para usar condón siempre y el motivo que hace a otra no usarlo nunca, es el mismo: el miedo. Esto es, a algunas personas, el temor a una infección o un embarazo las lleva a nunca querer descuidarse, mientras que, a otras, el miedo a negociar, comprar o exigir su uso puede más que su sentido de responsabilidad. Entonces, en ciertos casos, en vez de que el miedo se vuelva nuestro motor para actuar, nos paraliza y nos hace retroceder.

Si tuviéramos que darle un par de consejos a esta pareja disfuncional, podríamos plantearle que equilibrara la posibilidad de disfrutar del placer que da el sexo y la cautela que lo transforma en bueno, bonito y saludable. Esto, sin duda, resultaría en el abandono de inhibiciones que nos impiden vivir con plenitud nuestra vida sexual, y en la concientización de que no somos inmunes a las infecciones y a las disfunciones; que somos capaces de acumular tantas enfermedades como orgasmos y que ser cautelosos, a la larga, nos da la confianza suficiente para dar rienda suelta a todos nuestros deseos.

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3 síntomas para identificar la fobia a la soltería

No es un trabalenguas, seguro ya has escuchado de ella, es “el miedo irracional a la soltería, la cual afecta tanto a hombres como a mujeres, quienes basan el éxito personal en el hecho de compartir su vida con una pareja. Las personas que experimentan este trastorno viven con miedo a que la soltería se prolongue para siempre”, explica la terapeuta Alejandra Usabiaga.

Esta condición, como cualquier otra fobia, se convierte en un problema cuando el miedo impide a la persona llevar su vida de manera normal; por ejemplo, cuando una persona no puede centrar su atención en el trabajo por estar pensando en la necesidad que tiene de encontrar pareja o cuando el individuo ve en todo contacto social un posible prospecto de pareja, sin importar si coincide en valores, ideales, educación, etcétera.

Para conocer si padeces de esta fobia, identifica estos síntomas:

  1. Altos grados de ansiedad relacionada con la búsqueda de pareja: se aceptan citas a ciegas o salidas informales, con el único objetivo de encontrar a un novio o una novia.

  1. Son personas que idealizan a cualquier otra persona que busque un acercamiento romántico con ellas, dejando de ver los defectos o aspectos con los que podría no estar de acuerdo.

  1. Generalmente son individuos que viven relaciones inestables, porque al estar en una relación buscan que ésta se formalice a la brevedad. Es decir, el miedo a quedarse solo provoca que las personas se alejen de sí mismas.

Bienestar

Miedo de amar

Me digo: “Miedo de amar”, y me suena como a nombre de telenovela. Pero en el día a día observo que el temor al amor… bien que se muestra en distintas personas, con diversas facetas y a variadas edades.

Cuando navego en internet, con frecuencia se despliega ante mí un sinfín de portales que me invitan a encontrar “la pareja de mis sueños”. Ni qué decir de conversaciones que escucho entre s1ngulares que externan (explícita o tácitamente) su deseo de tener pareja… así como todos los miedos que afrontan al encontrarla.

¿Será que le tememos a esa particular fragilidad que caracteriza los vínculos humanos de nuestro siglo? Si bien la mayoría de las personas anhelamos poder relacionarnos amorosamente, al mismo tiempo cobijamos un temor y una desconfianza de relacionarnos, particularmente en términos del “para siempre”.

La semana pasada recibí la llamada de Roberto, mi vecino. En tono de sobresalto (y por aquello de que soy terapeuta) me pidió un ratito para conversar. Al minuto, toca a mi puerta y entra diciendo de corridito que, tras ocho meses de vivir con una compañera y de hacer vida “medio de pareja”, ella le preguntó qué eran y, de alguna manera, le sugirió dar un paso a un compromiso mayor. Roberto pregunta, con cara de extrañeza: “¿Por qué tan rápido subir un escalón?”. Él teme que la relación se convierta en una carga, generando tensiones que no se siente ni capaz de manejar, ni con ganas de aguantar. “¿Limitar mi libertad? ¡No!”, me dice.

Con esta anécdota presente me vino a la mente Bauman, quien afirma en su libro El amor líquido que, en este mundo de galopante individualismo y autonomía, las relaciones amorosas son un golpe de suerte… ¡a medias! Así como el “encuentro con el amor” es el proyecto de vida de miles de individuos que sueñan en conquistar la felicidad en pareja, es justo esa dificultad de encontrar relaciones satisfactorias la que genera el “miedo de amar”.

El dilema es bastante claro: queremos que una relación disminuya la inseguridad que produce la soledad, al tiempo que, al tenerla, nos genera cierta sensación de asfixia, por aquello a lo que tenemos que renunciar, así como ansiedad por lo que tememos arriesgar. ¿Solución? Quizá más que temerle al amor, habrá que aprender a tolerar la incertidumbre que implica: esa ambivalencia que se ha de soportar para no ahuyentarlo antes de tiempo, y luego esa necesaria carencia en la que vive para no saturarlo y saturarnos en él.

Y al final, en caso de que no marche la cosa, digamos como Samuel Beckett: “Prueba otra vez. Fracasa otra vez. Pero fracasa mejor”.

El dilema es claro: queremos que una relación disminuya la inseguridad que produce la soledad, al tiempo que, al tenerla, nos genera cierta sensación de asfixia, por aquello a lo que tenemos que renunciar

Psicología / Tendencias

Mi vida después del secuestro

Sobrevivir a un secuestro no es solamente volver a casa con vida. Es un trabajo de todos   los   días,   de   restauración   de   nuestra   propia   psicología.   Implica   esfuerzo arrancarse de adentro los abusos y el terror para superar lo que se sufrió. Ésta es mi historia, me llamo Shantale, y soy mucho más que una víctima de secuestro.

Miércoles de 2 x 1

Era miércoles. Lo recuerdo porque en 2003 solía ser de dos por uno en el cine. Y ese día también nos agarraron a dos jóvenes por precio de uno.

Mi novio de toda la vida y yo fuimos al parque a tomar un café y a platicar de nosotros (eso del parque suena romántico, pero era nuestro escenario para discutir) cuando, unos metros antes de llegar al auto, se interpuso un auto oscuro y en un parpadeo se bajó uno de los pasajeros apuntando con una pistola y nos obligó a subir en la cajuela. Y así lo hicimos.

Closing walls and ticking clocks

En algunos minutos de camino y escuchando Clocks de Coldplay a todo volumen, llegamos a la que sería nuestra morada por los siguientes días. Era una casa gris, no la miré, pero la cal en mis manos al tocar las paredes y lo gris de ese episodio en mi vida provocaron que así la recuerde.

El interrogatorio comenzó en la cajuela y siguió en la casa. Todo parecía confuso, la velocidad y el miedo no me permitían pensar con claridad. Noté que mi novio decía mentiras, con una gran habilidad actoral que no le conocía armó una historia que poco se parecía a la realidad. Yo cada vez me sentía más nerviosa, pues temía que nos separaran   y   descubrieran   que   nuestras   versiones   no   coincidían. Así   ocurrió y siguieron los golpes.

Los tres días que duró nuestro cautiverio tuvimos los ojos cerrados, nos vendaron con cinta adhesiva porque, de ver algo, nos matarían.

A mis 23 años, que es la edad que tenía entonces, nunca había sentido en mi cuerpo un miedo tan escalofriante como ese. Un miedo que paraliza y que probablemente meayudó a sobrevivir. No tuve hambre, frío, ni sueño en días, el único objetivo en mi mente era salir de ahí.

Me aguantaba lo más posible para no tener que ir al baño, pero al final iba; me acompañaba un muchachito que se esperaba enfrente de mí, me pasaba el papel y me dirigía de nuevo al catre.

Acurrucados

La posición en que nos acomodamos en ese pequeño catre era cansada, encontrándonos de frente, así como cuando te recuestas con tu enamorado nariz con nariz, sólo que en lugar de hablar de amor y besarnos, temblábamos mudos escuchando nuestra respiración y oliendo nuestro hedor.

Había momentos en que nos separaban y a él lo usaban para la llamada telefónica y la prueba de vida, mientras que a mí me tocaba practicarle un cuidadoso sexo oral al líder con una pistola apuntándome en la cabeza amenazada de no morderlo. Tenía que darle placer sin pensar en dañarlo. Creo que jamás había hecho algo con tanta delicadeza. Salí avante de eso, yo hacía mi parte, sólo faltaba que nuestras familias cumplieran con las exigencias y reunieran el dinero. Cada quien su parte, “todo suma”, pensé.

Así transcurrió el cautiverio, comiendo alimento chatarra, con los ojos vendados como si fuéramos dos ciegos, dando y sufriendo sexo oral obligatorio, con golpes en las costillas   durante   las   llamadas   telefónicas   y   zapes   por   respuestas   irónicas   o equivocadas.

Siempre pensé en mis padres, en qué estarían haciendo, cómo reunirían ese dinero y, sobre todo, por qué tardaban tanto.

Y llega la noche…

Sabía que había transcurrido otro día gracias a la radio y la televisión (las dejaban encendidas), recuerdo canciones de La Oreja de Van Gogh y Tiziano Ferro.   Los cuidadores veían el programa 100 Mexicanos dijeron y en mi cabeza le atinaba casi a todo. A partir de las seis de la tarde mi angustia crecía, un hecho un tanto absurdo considerando que para nosotros fue de noche tres días. Pensaba “ya no es hora hábil, ya cerraron los bancos, nos van a dejar aquí otro día y ya no tarda en llegar el líder”, así que aquí el tiempo y el dolor parecían (eran) infinitos.

De vuelta a la ¿libertad?

El día en que nos liberaron fue el más incierto de todos (para bien y para mal), pues escuchamos que ya tenían el dinero del rescate en la habitación contigua, así que el momento había llegado, sólo había dos opciones: nos iban a dejar libres o nos iban a matar.

Nos metieron al auto de nuevo, nos dijeron que una vez afuera contáramos hasta 100, nos quitáramos las vendas y pidiéramos a un taxi que nos llevara a determinado domicilio.

Tan pronto nos aventaron, comencé a contar. Escuché que se alejaban, mi chico me tomó de la mano, me arrancó la cinta de los ojos, me dijo que corriera, pero yo no podía ver bien y me lastimaba la luz. La infección en los ojos apenas me permitió despegar los párpados.

Al llegar, había gente esperándonos en la acera. Eran mis padres.

No quiero engañar a nadie, fue un proceso duro y en aquellos días que le siguieron al secuestro no era la mujer feliz y optimista que soy hoy. Me lamentaba mucho, sentía rabia, terror. Debíamos mucho dinero y tardamos un año en reunirlo. También saber que fui noticia y que debía mi libertad a ciertas personas fue muy abrumador.

Me costaba mucho dormir, tardé alrededor de cuatro meses en salir de casa sola y mucho tiempo más para salir de noche. Hasta que por fin pude.

Cómo transformar la rabia en gratitud

Recibí mucha ayuda, de todo tipo, amor y solidaridad; había amigos que se ofrecían a cuidarme y llevarme a las consultas con la psiquiatra. El fin de mi aislamiento fue cuando mi novio, quien meses después se convirtió en mi marido, me consiguió trabajo en su empresa como profesora de inglés. Eso me disgustó porque yo no quería salir ni volver a trabajar, pero fue el empujón que me hacía falta y se lo agradezco en donde quiera que esté. Hoy ya no somos pareja, nuestro matrimonio fue un daño colateral postrauma.

Sé que mi presente lo debo sólo a mí, ahora soy una persona que se guía con libertad. Mientras pueda elegir no me quedo ni quedaré en un sitio o en un momento en el que no deseo estar. ¿Por qué será que, a veces, se nos olvida que mientras podamos elegir siempre habrá soluciones?

Mi yo en el ahora

Soy traductora y periodista; mi capacidad de comunicación y de reinvención me han permitido hablar y escribir de mi vida y los sucesos que la han marcado. La primera vez que escribí en un medio acerca de mi experiencia como víctima de un secuestro lo hice como un ejercicio catártico y como experimento editorial. Al darme cuenta de que no me hacía daño abordar el tema y que, por el contrario, podía ayudar a otros que pasan por lo que yo ya pasé, comencé a dar charlas y entrevistas de radio en México y España y ahora lo hago porque sé que es positivo.

Estoy convencida de que para superar un miedo es necesario parártele en frente. Con ello no quiero decir que me ponga en riesgo, suelo ser prudente, pero procuro no limitarme y hacer lo que me haga feliz.

Recientemente publiqué el libro Toc, toc, ¿quién (se) toca?, un conjunto de textos de sexo con un toque de humor irreverente, en el que propongo que   las mujeres hablemos más abiertamente de este tema, libres de tabúes y de manera que sea divertido y natural. Quizá escribir sea una forma de liberarme.

Tengo 36 años ya y aún me como el mundo a puños. Soy una mujer romántica, enamorada del presente y con muchas historias por escribir, lugares que conocer, personas con quienes compartir. Tengo mucho por descubrir, y lo voy a hacer, porque estoy viva.

Sexualidad

¿El sexo te produce melancolía?, se llama disforia postcoital

El sexo es, para muchas personas, un tiempo en el cual se pueden relajar, satisfacer sus deseos, compartir con la pareja varios sentimientos y emociones, conocerse, explorarse; algo que los hace sentir bien. Sin embargo, está el otro lado de la moneda, pues existen varios hombres y mujeres, mayor porcentaje en ellas, que durante y al final del encuentro -sin importar si fue o no satisfactorio- sienten una inmensa melancolía, ansiedad, tristeza. A situación se le conoce como disforia postcoital.

De acuerdo con un estudio realizado por investigadores del Instituto de Tecnología de Queensland, Australia, a 200 chicas, el 32.9% de ellas admitió haber sentido melancolía después del sexo al menos una vez en su vida. Por otro lado, el 10% dijo que ese sentimiento era frecuente. Algunos de los factores por los cuales se da son:

  •  culpa o vergüenza
  • haber tenido relaciones sin ganas de hacerlo
  • baja autoestima
  • historial de abuso sexual
  • miedo

Pero también se puede presentar por un desequilibrio hormonal, consecuencia del orgasmo, sí ese momento tan placentero y de éxtasis, puede ser el “culpable” de la tristeza posterior, aunque aún no hay muchos estudios que lo comprueben, no se descarta por completo.

La buena noticia es que la disforia postcoital es tratable con ayuda de un sexólogo o psicólogo quienes ayudan a encontrar el origen y causa de esta sensación.

Salud

Las 10 fobias más extrañas que no conocías

Las fobias son un trastorno mental, el cual, causa un miedo intenso a objetos, personas, situaciones, climas, entre otras, pero de forma específica, no es un miedo que sólo va y viene, sino que puede paralizar a la persona y provocarle un fuerte shock que no le permita continuar con sus actividades. De acuerdo con especialistas, dos de cada 20 personas padecen de alguna fobia, entre las más comunes están: a los payasos, lugares encerrados, alturas, oscuridad, muerte, arañas, volar, sangre. No hay una cantidad de fobias exacta, en el mundo hay un sinfín de cosas y situaciones, por ende, también las hay de este padecimiento, sin embargo, algunas de las más raras son:

Colpofobia

Ésta se traduce como el miedo a los genitales, específicamente a los femeninos. No hay una causa exacta de estre trastorno, sin embargo, se tiene como patrón a las personas que han sido expuestas de forma vulgar a los genitales.

El texto La envidia del pene de Sigmund Freud busca dar una explicación/hipótesis a este padecimiento, en el cual se establece que la “envidia” nace con la diferencia de anatomías entre los sexos, siendo la mujer quien se siente “lesionada” en comparación con los hombres, por ende, desea tener uno, ya sea a través de su progenitor, o bien, durante el placer sexual.

Pediofobia

Conocida también como la fobia a las muñecas, la cual se origina a partir de la creencia de que los muñecos podrían tener vida propia y sólo fingen ser objetos, por la incertidumbre que el ser humano tiene entre saber qué está vivo y qué no. La fobia se intensifica entre más realista sea la muñeca, o cuando son de porcelana.

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Deipnofobia

Este tipo de fobias es de las que poco se conoce. Se manifiesta con un grado elevado de ansiedad cuando las personas platican mientras comen, de tal forma, puede provocar que las personas se aparten y se vuelvan “antisociales” a la hora de la comida. Su origen puede ser a partir de normas estrictas en los horarios establecidos para ingerir alimentos.

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Ablutofobia

Esta fobia involucra la higiene personal, pues el terror a lavarse o bañarse, la cual es más frecuente en mujeres. Las consecuencias de ésta es que las personas se aíslen, pues encuentran un rechazo social muy fuerte debido a su imagen u olor. 

Aeronausifobia

Es la fobia a volar en un avión, la cual se puede expresar a través del vómito o malestares estomacales.

Agirofobia

Se traduce en el gran temor que tienen las personas al cruzar las calles, sobre todo, cuando son vías primarias, es decir, las más concurridas. Entre sus miedos principales está el ser atropellados.

Caetofobia

Sin duda, “Rapunzel” no podría tener esta fobia, pues ésta radica en el pavor se que se tiene al cabello, ya sea humano o animal, al grado, que puede sentir tanta repulsión al propio que buscan arrancarlo.

Climacofobia

Las personas que experimentan esta fobia, no pueden subir, bajar ni acercarse a las escaleras, ya que su mayor temor radica en la posibilidad de caer de ellas. Este miedo está íntimamente relacionado con las alturas.

Cronometrofobia

Se conoce como el temor a los relojes, la cual está Definida como temor hacia los relojes y al manejo del tiempo, sobre todo en llegar tarde o temprano a las actividades diarias.

 Escabiofobia

Es la aversión a las costras, o bien, a padecer sarna, ya sea en el cuerpo de la persona o ver a alguien más con éstas.

Psicología

6 Tips para hacerle frente a la crisis de ansiedad

Imagina que de pronto, sin explicación alguna, sientes que tu corazón comienza a palpitar cada vez más rapido, las manos te sudan, quizás te sientas mareado, empiezas a tener una sensación de asfixia y lo que te rodea te resulta bastante ajena; en tu mente sólo pasa la idea de que algo malo está por aproximarse. Este tipo de eventos no toman en cuenta la edad, profesión, género o estatus; es decir, a cualquiera le puede pasar en cualquier momento de la vida, y para que puedas hacerle frente a estas crisis, te compartimos algunos consejos.

1. Respira profundamente. Sostén el aire por 5 segundos y sácalo poco a poco, luego respira con normalidad y repite entre 4 y 7 veces la respiración profunda.

2. Acepta y concientiza que el momento que estás pasando es de crisis, pero tranquilízate con frases como: “todo va estar bien; todo pasará pronto”, etc.

3. No busques controlar la situación, lo mejor es aceptar la crisis, sentirla y, si puedes, distráete con otra cosa que no sean los síntomas de la crisis.

 

4. Recuérdate que no te va a pasar nada grave. Haz a un lado los pensamientos catastróficos.

 

5. Busca un lugar que te haga sentir cómodo, o visita a un amigo, familiar, etc., que te de confianza y te haga sentir más seguro.

 

6. No te sientas mal por sentir esto, no eres la única persona que ha experimentado, y sigue, crisis de ansiedad. Recuerda que tiene solución y, además, existen varios lugares que te pueden ayudar a tratar y superar eventos de crisis extrema.

 

 

Bienestar / Psicología

¿Miedo irracional a quedarse soltero? se llama anuptafobia

La anuptafobia es el miedo exagerado, irracional e incluso fantasioso a quedarse soltero por siempre. Existen tres formas de presentarse: miedo a no tener pareja nunca, perder la que se tiene o elegir estar con una persona incorrecta y que al final nos deje. Se asocia a problemas de ansiedad en el que las personas ven el no tener pareja como un tipo de fracaso.

Este tipo de fobia se puede identificar cuando el deseo por tener una pareja se convierte en una necesidad vital, al grado de sentir terror por no conseguirla, incluso ese sentimiento comienza a interferir con las actividades cotidianas y simples de la vida. Por lo regular se da en personas mayores de 30 años, aquellos que son dependientes emocionalmente, que viven bajo la aceptación social –no querer ser un “forever alone”- , cuando la persona crece bajo una cultura machista y en muchos casos por el llamado “reloj biológico”.

Otro punto para identificar la anuptafobia es cuando la persona empieza a salir con alguien y trata de complacerla en todo para evitar que se aparte de su lado. Son demasiado serviciales, tolerantes,“rogones”, soportan los abusos y ofensas como justificantes del “amor e interés”.

Las personas con este problema comienzan a bajar su autoestima y autovaloración. Se vuelven hipervigilantes, es decir, buscan “señales” que les demuestren que son el único y más importante ser en la vida del otro, “sinónimo” de que siempre van a estar juntos, de lo contrario, opta por buscar a alguien más y así es una y otra vez, lo que se convierte en un círculo vicioso.

Finalmente, cuando ven que sus amigos o el círculo social en el que se desenvuelven comienzan a formalizar las relaciones, inician los compromisos y las bodas, dejan de mostrar felicidad por los demás, ahora son motivos de depresión y de sentirse miserables emocionalmente, no soportar ver a las personas felices en la calle; los planes, metas, sueños y deseos personales pasan a segundo término y sólos los tienen contemplados hasta que encuentren a ese “alguien” especial con quien tener su “vivieron felices para siempre”

Cine

7 thrillers psicológicos que te quitarán el sueño

No hay que negar que todos -¡sí, TODOS!- esperamos el último día de octubre para, justo a las 12 de la noche, poner las películas que más miedo nos dan y hacer todo un coro de gritos.

Sin embargo, no sé ustedes, pero yo ya no he encontrado nuevas cintas que de verdad asusten, sin llegar a lo gore, sustos medios sosos o historias demasiado comerciales.

Nada como aquellos thrillers psicológicos que se volvieron de culto hace ya varios años. Para recordar esos tesoros terroríficos de hace algunos ayeres, éstas son aquellas cintas que hasta el día de hoy siguen poniendo los pelos de punta y dejando a más de uno traumadito del susto.

7. El Silencio de los Inocentes

Historia de terror escrita por Thomas Harris y en la que actúa Anthony Hopkins. Gracias a esta película es que muchos no podían dormir, pues la cara psicópata del actor era lo primero que venía al recuerdo una vez que cerrabas los ojos.

La historia radica en un asesino en serie, cuyo principal blanco son adolescentes lindas, a las que goza arrancarles la piel. Para poder atraparlo, Clarice Starlin (Jodie Foster) debe entrevistarse con Hannibal Lecter (antiguo psicoanalista y asesino dotado de una inteligencia superior a lo normal) para sacarle la mayor información posible sobre los patrones de conducta de los asesinos seriales y así atrapar al que persigue el FBI.

Ésta es una de las pocas cintas de terror que han ganado un Óscar a Mejor Película; creo que eso le da un punto más para no dejar de verla.

6.  Oldboy: cinco días para vengarse

Película ganadora del Gran Premio de Cannes, decir que es una película coreana ya es auguro de extremo terror. No sé qué tienen los asiáticos, pero hacen unas películas muy buenas, sin utilizar tanto el horror del maquillaje o los efectos especiales; ellos apuntan más hacia el thriller psicológico.

Mink-Sik es un empresario coreano que es secuestrado y llevado a una prisión, sin explicación ni motivo alguno, dónde sólo tiene una televisión para poder distraerse. Conforme pasan los días, se entera de que se le acusa del brutal asesinato de su esposa, además su hija es dada en adopción. Ese shock lo lleva a querer vengarse una vez que quede en libertad, la cual alcanza sin saberlo, pues echan gas en su celda, se desmaya y aparece en otro lugar, pero libre. Ahora, con sólo un teléfono y una cartera llena de dinero, debe encontrar al verdadero responsable de la muerte de su esposa.

5. Irreversible

Como el nombre lo dice, esta película inicia con el final y cuadro por cuadro te va llevando al inicio; no es fácil de digerir. En un principio, las imágenes son confusas, pero es justo lo que te va metiendo más a la trama. Los elementos audiovisuales hacen de esta película algo sumamente interesante, pero es poco digerible y, para las personas sensibles, puede ser muy explícita.

Es una historia de venganza, que termina mal, y en la que el espectador tiene múltiples sentimientos. Marcus y Pierre inician la búsqueda del violador de la novia de Marcus, que está tan enojado, que va por la vida asesinando a las personas que considera responsables.

4.- Vértigo

Cinta dirigida por el máster del género de terror psicológico Alfred Hitchcock. Fue un acierto y error, porque la película nace de la mala adaptación de la novela del mismo nombre por parte del director y, sin embargo, se convirtió en una de las películas más famosas del género.

La historia se lleva a cabo en San Francisco, cuando el detective John Scottie se encuentra en una persecución policiaca entre los tejados de las casas y, en uno de los brincos que da, se queda colgando en el borde. Este shock lo lleva a desarrollar su enfermedad: acrofobia. Aquí se mezclan los síntomas de la fobia con el vértigo y algunos elementos sorpresa que tienen que ver con asesinatos.

3.  The Pledge

En esta cinta dirigida por Sean Penn, un policía veterano a punto de jubilarse está en su fiesta de despedida, la cual se ve interrumpida por el descubrimiento de una niña asesinada. La madre de la pequeña le hace jurar al oficial que encontrará al culpable de su muerte. La investigación es tan profunda que lo lleva de un lado a otro, de supuestos culpables a otros, pasando por casos no esclarecidos con los mismos patrones. Se obsesiona tanto con los casos que termina perdiendo la cordura.

2.- Rosemary’s Baby

Basada en la novela de Ira Levin, que lleva el mismo título, fue una de las primeras películas en tratar el terror sobrenatural. La trama se desarrolla dentro del matrimonio de Guy y Rosemary, quienes se mudan a un antiguo edificio lleno de siniestras leyendas, en Manhattan.

Todo marcha viento en popa y la pareja decide que es momento de tener un hijo. El embarazo de Rosemary es el inicio de una serie de sucesos extraños a su alrededor: en primer lugar, la muerte repentina de uno de sus amigos, después, comportamiento extraño de sus vecinos y amigos. No obstante, el verdadero terror de esta película radica en el miedo que provoca, sin ver nada material, la paranoia que se forma alrededor de los hechos.

1.- The Shining 

Sin duda, es una de las más icónicas y más influyentes películas de terror psicológico que existen. Nadie debería hablar del género sin antes verla. Dirigida por Stanley Kubrick y protagonizada por Jack Nicholson, en 1980. No sé qué es lo más angustiante, si los largos e infinitos pasillos del Hotel Overlook, o los gestos y actuación de Nicholson aunado a la persecución que hace hacia su esposa e hijo

La historia va de una familia que llega a un hotel para cuidar las instalaciones durante el invierno y que, por la gran cantidad de nieve, no cuenta con huéspedes. Debido al aislamiento, su trastorno de personalidad e influencias del lugar, Jack Torrance comienza a mostrar comportamientos sumamente extraños.

Ahora sí el menú está puesto, ya sólo decide qué película o en qué orden comenzarás a verlas. Por cierto, no nos hacemos responsables de los daños (estrés, ansiedad, enojo, miedo, confusión) que éstas puedan ocasionar. ¡Disfruta la función!