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Dime qué escuchas y te diré si me ligas

Sí, sabemos que de la vista nace el amor, pero no olvidemos que en el arte de ligar también intervienen el tacto, el olfato, el gusto y, por supuesto, el oído. ¿Quién no se ha derretido al escuchar una melodía que palpita al ritmo de su corazón o encontró al amor de su vida con el “punchis-punchis” de una fiesta como fondo?

La música nos une, no sólo en un concierto, sino también en la intimidad, por ello Tinder y Spotify se unieron para incorporar “himnos” en los perfiles.

Desde el lanzamiento de esta herramienta, los usuarios “matchearon” con más personas debido a las coincidencias entre sus preferencias musicales. Según las estadísticas, los usuarios que se conectan con Spotify obtienen en promedio 84% más matches. Y es que ¿a quién no le gustaría ir a un concierto con alguien a quien le guste el mismo artista?

Aquí te dejamos una lista de los 10 himnos que hicieron más matches en Tinder.

  1. “Bad and Boujee” – Migos ft. Lil Uzi Vert
  2. “Fake Love” – Drake
  3. “Shape of You” – Ed Sheeran
  4. “Bounce Back” – Big Sean
  5. “Starboy” – The Weeknd
  6. “Caroline” – Amine
  7. “Bad Things” – Machine Gun Kelly, Camila Cabello
  8. “Redbone” – Childish Gambino
  9.  “Closer” – The Chainsmokers ft. Halse
  10. “24K Magic” – Bruno Mars

Así que ya sabes: si quieres ligar, mi música debes escuchar.

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El ligue madurito (léase después de los cuarenta)

Si algo ha cambiado casi en cada generación, ha sido la “ligadera”, el cortejo, “noviar” o como le quieran decir a esa sutil maniobra de lograr que alguien que nos atrajo se fije en nosotros.

En los 20 es cuando somos más torpes que nunca, estamos con las hormonas vueltas locas y con el cerebro a medio hacer. No sabemos bien quiénes somos, ni lo que queremos hacer, pero estamos calientes. Mala combinación.

Sin embargo, alrededor del 80% de las mujeres en sus treinta-y-algo están casadas y con dos o tres hijos; casadas y cansadas. Es irónico que, en la mejor edad de nuestro cuerpo, el cerebro esté ocupadísimo con los biberones y las marcas de pañales orgánicos.

Pero ello tiene una explicación científica (que es hasta bonita): la mente de las mamás cambia para estar al nivel de los bebés, de los llantos y los pujidos, y por eso, cuando algunas tratan de hacer un doctorado al mismo tiempo que dar de mamar, sienten que se están volviendo locas. Pero es sólo un mecanismo de sobrevivencia.

Hoy, sin embargo, las cosas han cambiado un poco y ya vemos a muchos, sobre todo en las ciudades grandes, treintones solteros, trabajando en lo suyo, independientes económicamente y felices. Éste es un buen momento para el ligue y, de hecho, los bares y antros lo confirman.

En los 20 es cuando somos más torpes que nunca, estamos con las hormonas vueltas locas y con el cerebro a medio hacer.

A los 30, las jóvenes ya se pueden pagar algunos tragos y todavía aguantan rato bailando. A veces esta década es angustiosa para las mujeres, sobre todo si no han tenido hijos. Sienten que se les está pasando el tiempo; pero, por otro lado, están disfrutando y no es extraño encontrar algunas que dicen que ni se van a casar ni a emparejar. Por eso es que, entrados ya a los 40, comienza el famoso pero verdadero cliché sobre la “nueva juventud”.

Los 40, una década especial, pero un lugar conflictivo para estar y vivir. Nos sentimos más jóvenes de lo que nos vemos pero, al ver a las de 30, nos damos cuenta de que ya pasamos por esa edad, ya no nos voltean a ver tan seguido como antes y la ropa no nos queda igual (sobre todo, los trajes de baño). Y, en el caso de ustedes, hombres, es lo mismo: a nadie le interesa ver bermudas colgando de cuerpos descuidados.

Lo que podría recomendar alguien como yo, que ha sabido disfrutar su etapa “madurita”, es que, si se van a divorciar, lo hagan en estos años.

Esta etapa es, también, un momento de reflexión; es una excelente edad para darnos cuenta si nuestra relación de pareja sigue vigente o no. Lo que podría recomendar alguien como yo, que ha sabido disfrutar su etapa “madurita”, es que, si se van a divorciar, lo hagan en estos años.

Y no dejen para más adelante lo que ya no saca ni chispitas, ni fuego.

El miedo a la soledad es tan absurdo como el terror a crecer. Además, el ligue es mucho más sencillo. Las mujeres ya salimos solas a cualquier hora y no se ve mal si estamos acompañadas de otros hombres que no sean nuestra pareja, porque casi todas tenemos amigos de trabajo. Por algo es que en el workplace se den muchas de las relaciones extramaritales.

Me he dado cuenta de que, si las mujeres a los cuarenta-y-tantos están solas y con ganas de pareja… son muy lanzadas, pero sin dejar de sentirse inseguras. Se visten para hacer temblar entrepiernas, lo cual no necesariamente es lo mejor.

Tengamos 25 o 48, siempre es mejor mostrarnos y vestirnos tal cual somos. Muchas divorciadas están viviendo su segunda juventud, quizá mucho más divertida que la primera, y están dispuestas a ligar, no matter what.

Antes de internet, Tinder, Facebook y Twitter, la cosa era más difícil pero más personal: por lo general, un grupo de divorciados cuarentones se iba a un lobby de hotel, a un bar con música en vivo o a algún restaurante famoso por los muchos hombres solos que iban en busca de “alguito”.

Así, nosotros (los adultos contemporáneos) hemos pasado de las “manitas sudadas” a los coqueteos por mensajes en Facebook; hoy tenemos un menú rico y completo para elegir citas a ciegas, encuentros amorosos y hasta, por qué no… un segundo o tercer esposo(a).

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Apps para gays, las más eficaces para ligar

Tinder es una red social para el ligue entre solteros, en donde deslizar con el dedo un perfil hacia la izquierda significa decirle Nope, y desplazarlo a la derecha es darle un Like que, a la postre, puede convertirse en un Match, o sea, en la posibilidad de lograr un encuentro real.

Según los expertos, la diferencia de esta aplicación con otras del mismo corte, es que está conectada a tu perfil de Facebook, por lo que resultaría menos probable encontrar usuari@s falsos que sólo quieran andar de “calientalaptops”.

Cada vez existen más ejemplos cercanos de relaciones amorosas sólidas que iniciaron en un calenturiento chat en Twitter o en Messenger. La pregunta principal es… ¿qué es lo que en verdad buscan los usuarios de Tinder? ¿Amor real? ¿Una cita a ciegas? ¿Sexo casual? ¿Cualquiera de estas opciones? ¿Todas las anteriores?

«Tan sólo prenden su “detector de gays” y pueden saber qué tan cerca se encuentran, ven sus perfiles, ven sus fotos, intercambian fotos privadas de sus desnudos y deciden si se quedan de ver».

Según mi experiencia cercana, las mejores y más eficaces relaciones que pasan de lo cibernético a lo carnal/físico/presencial, son debido a las aplicaciones que existen para la comunidad gay, particularmente las que van dirigidas a hombres homosexuales.

Mis cuates gay presumen de lo lindo sus numerosos y efectivos encuentros sexuales con usuarios de Grindr, Hornet o GuySpy. Vaya que eso sí es tener sexo seguro. Sí, porque con esas apps, seguro tienes sexo… #dicen.

Tan sólo prenden su “detector de gays” y pueden saber qué tan cerca se encuentran, ven sus perfiles, ven sus fotos, intercambian fotos privadas de sus desnudos y deciden si se quedan de ver. Así de fácil he constatado las últimas cogidas de varios de ellos.

Uno, en tanto, como buga, desearía que hubiera aplicaciones con tan buenos resultados sexuales como las dedicadas a la comunidad gay. Pero, ¡oh, decepción!, mucho me temo que nada tenga que ver lo tecnológico. Más bien, detecto que los heterosexuales somos mucho más conservadores. ¿O ustedes qué creen?