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Los millennials tienen menos sexo que otras generaciones

De acuerdo con un estudio realizado por el diario estadounidense Archives of Sexual Behavior en 2015, los millennials nacidos a partir de 1990 son dos veces más propensos a ser sexualmente inactivos durante sus 20 en comparación con la generación X y los baby boomers. ¿Por qué?

Contrario a la idea de que se trata de una generación floja, estos jóvenes viven cierta presión por alcanzar el éxito, tienen una obsesión por el estatus de carrera y han generado una cultura de exceso de trabajo -ya sea dentro de una empresa o como freelance-.

A nivel personal, reflejan miedo a involucrarse emocionalmente y perder el control, y han privilegiado la apariencia física al usar apps y sitios para encontrar pareja, que decepciona sus expectativas en un encuentro físico.

Finalmente, los índices de ansiedad y depresión se han elevado con estas generaciones y el uso de antidepresivos también se ha incrementado (medicamentos que pueden afectar directamente el libido).

Esto no es necesariamente malo, señalan los expertos. Decidir cuándo y cómo tener relaciones sexuales puede conducir a relaciones más fuertes a largo plazo. Lo que es preocupante es lo que ésta situación refleja: la dificultad de los jóvenes para formar profundas conexiones con una pareja.

Sexualidad

Cuatro cosas que podrían estar acabando con tu deseo sexual

Cuando de deseo sexual se trata, no todo es goce, existen también ciertos alimentos, actitudes y circunstancias que pueden provocar que no tengamos ganas de bajarnos los pantalones, abrir las piernas, juntar los labios, y dar rienda suelta al éxtasis. Te presentamos estos cuatro matapasiones para que identifiques qué puede estar estropeando tu libido.

Lechuga

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A veces creemos que la mejor cena es aquella que se caracteriza por ser ligera, pero cuando después de esa cena podría haber un encuentro sexual, un gran error sería recurrir al menú de las ensaladas elaboradas con lechuga. Las hojas de esta planta tienen propiedades sedantes, ya que contienen lactucarium, el cual actúa como tranquilizante. Sí, por supuesto, este alimento tiene infinidad de beneficios, pero también ayuda a conciliar el sueño y puedes quedarte sin ganas de llegar al… ¿postre?

Depresión y antidepresivos

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Un trastorno emocional más común de lo que creeríamos; de hecho, en México, entre el 12 y el 20% de la población adulta (de 18 a 65 años) sufre este padecimiento. Una de las consecuencias de experimentarla recae en la falta de deseo sexual; sin embargo, los medicamentos para tratarla suelen ser un arma de doble filo, ya que entre ellos se encuentran inhibidores de la captación de serotonina, lo que nos ayuda sí a disminuir la ansiedad y la impulsividad, pero también dañan el deseo. En estos casos, los especialistas en el trastorno recomiendan tratar los síntomas con psicoterapia y sin necesidad de recurrir a medicamentos que te harán sentir mejor anímicamente, pero entorpecerán tu éxtasis y desempeño en la cama.

Grasas vemos, deseo no sabemos

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Hay dos placeres a los que casi nadie se resiste: el sexo y la comida. Sin embargo, cuando no se saben combinar, ni el mejor afrodisiaco te salva. El alto contenido de colesterol en alimentos ricos en grasas hace que las arterias se obstruyan. Para los hombres, por ejemplo, las grasas son ¡las peores mata erecciones! porque perjudican la irrigación sanguínea.

Alcohol

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Equivocadamente pensamos que una, dos o tres copas nos pueden ayudar a desinhibirnos para convertirnos en todos unos sementales o una expertas en el ligue; sin embargo, las bebidas alcohólicas adormecen el sistema nervioso periférico, el cual concentra y maneja las terminaciones nerviosas de nuestros órganos sexuales. Por supuesto que tras un par de cervezas nos relajamos para decir y actuar de una forma en la que quizá sobrio no lo harías, pero cuando la dosis se incrementa, se debilita el deseo.

Sexualidad / Tendencias

Asexualidad: “aquí no nos gusta el sexo”

Vivir sin sexo, sin que la libido ande acelerada, sin que la calentura física explote, sin que la neurona gire en torno al cuerpo del otro, sin que tu mente viva acosada por el deseo carnal, sin que la adrenalina haga de las suyas. Si tu termómetro marca cero, entonces sabes que eres asexual.

En un mundo donde impera el fervor sexual y la moneda de cambio que goza del mejor prestigio es la aceitada maquinaria de la libido, saber que entre el 1 y el 3% de la población mundial no siente atracción sexual por otras personas y que, además, miles de ellas han salido del armario para decirle al mundo que “tienen orgullo asexual” y que quieren y pueden vivir sin sexo, es como para plantearse si se está ante una tendencia, una moda, una nueva orientación sexual o una expresión más de la sexualidad humana.

Estas personas argumentan que lo suyo no es un trastorno mental sino una forma de ser. No se ubican como heterosexuales, homosexuales ni bisexuales, pero defienden que se reconozca como una nueva orientación sexual: la asexualidad, es decir, la inapetencia sexual. Afirman que pueden ser felices y andar por la vida solos o incluso con pareja o familia. En The Asexual Worldpride Conference, realizada en la Universidad de Southbank, en Londres; Michael Doré, organizador del encuentro, dijo: “Queremos que se reconozca la asexualidad como una orientación válida y no como un trastorno o algo que la gente debe ocultar”.

La asexualidad es un fenómeno poco conocido, incluso por las propias personas que lo son. No abundan los estudios al respecto, pero cada vez cobra más atención por parte de la comunidad científica, antropólogos, sociólogos y sexólogos. Su visibilidad, de hecho, inició con un sitio en internet denominado Asexual Visibility and Education Network (AVEN), fundado en 2001 por David Jay, donde se ha organizado una comunidad que se ha extendido ya por todo el mundo.

En este portal se responden todas las dudas, se dejan testimonios, se discuten diversos conceptos, se comparte la poca literatura que existe, se apoyan investigaciones e incluso surgen parejas asexuales. Aquí los participantes hacen distinción incluso de su celibato: “célibe es quien siente deseo sexual pero por decisión propia se abstiene de actuar para satisfacerlo. En cambio, un asexual no siente atracción sexual, no hay opción de resistirse a la necesidad porque la necesidad sencillamente no está”.

Así, también defienden que la asexualidad no es resultado de haber sufrido un trauma o tener un trastorno psicológico. “La mayoría no tiene historias trágicas para excusar lo que somos; simplemente nunca nos hemos sentido atraídos a otros de una manera sexual”.