Psicología / Salud

Gaslight: ¿tu pareja te tortura psicológicamente?

Gaslighting es una forma de tortura psicológica. El término fue tomado de la película de Hollywood Gaslight estrenada en 1944, y protagonizada por Charles Boyer e Ingrid Bergman, en la cual un hombre manipula mentalmente a su mujer para hacerle creer que está loca y así robar su fortuna, ¿cómo? Esconde distintos objetos y le dice que ella es la responsable, o baja la intensidad de la luz de gas (porque en esa época no había electricidad) y la convence de que el fuego tiene la misma intensidad.

Pocos somos dueños de una fortuna de la cual podamos ser extorsionados, pero este tipo de maltrato se da con frecuencia en relaciones de pareja, familiares, entre amigos y hasta laborales.

¿Alguna vez has reclamado a tu pareja cómo te lastimó cuando dijo ciertas cosas y su respuesta fue “estás loca, yo nunca dije eso”? o ¿tú has contestado a lo mismo diciendo “Eres muy sensible, todos saben que estaba jugando”? Pues esto es gaslighting en cierto nivel,  manipulaciones sutiles que buscan convencerte de que quien está equivocado siempre eres tú, las cuales -a corto y largo plazo- provocan un desequilibrio mental, emocional y hasta físico considerable.

Además de mantenerse en una relación tóxica, las personas que lo sufren, viven angustiadas, inseguras y con desconfianza de sí mismos; y después de un tiempo, son incapaces de tomar desiciones por sí solos e incluso comienzan a mentir también para adecuarse a la falsa situación que les imponen. ¿En cuántas de tus relaciones has sentido esto?

Bienestar

¿Cuánto te puede afectar una cirugía plástica?

Aumentar la copa de bra, levantar el mentón, disimular las arrugas o la mínima rinoplastia,  todos son procesos quirúrgicos de tipo estético que, en algún momento, consideramos hacer con el fin de elevar el autoestima. Pero ¿qué pasa cuando los resultados no son los esperados?

Antes de cualquier intervención, las personas interesadas crean una idea de cómo se verán y los efectos positivos que esto traerá en su vida: tener más seguridad en sí mismos, verse más atractivos, usar la ropa que les gusta; sin embargo, hay que tener claro que una cirugía cambia aspectos físicos, no conflictos internos.

Alguien con una autoestima sana que decide someterse a algún procedimiento de este tipo, por lo regular, actúa con base en su propio criterio, seguro de sí mismo y convencido de alcanzar sus objetivos. Por lo que, en caso de que los resultados no cumplan con sus expectativas, su actitud positiva le permite manejar estos momentos de crisis y buscar otras soluciones sin hundirse en la depresión.

Por otro lado, quienes lo hacen sólo para llenar un hueco emocional (inseguridad, frustración, vergüenza) la mayoría de las veces no se sienten completamente felices con los resultados y acaban envueltos en una espiral de continuas cirugías o son incapaces de lidiar con los resultados y terminan por aislarse aún más.

Definitivamente verse bien y sentirse cómodo con el físico, refleja una actitud positiva a la vida; pero antes de decidir someterse a alguna de estas intervenciones es importante:

  • Trabajar en una autoestima sana. Quizá es de más ayuda un terapeuta que un cirujano plástico.
  • Estar seguro de lo que se busca con esta operación y saber hasta dónde es posible lograrlo.
  • Buscar opiniones de varios especialistas y elegir un experto que cumpla con las expectativas que ofrece, y asegure no correr riesgos que puedan traer efectos negativos.

 

Sexualidad

El cuerpo y la mente: dos complejos enemigos del sexo

A la hora de tener sexo siempre hay una mosca en la sopa y, en este caso, el gran insecto negro se llama “complejo”. Son muchos los aspectos que construyen nuestra seguridad en relación al sexo. Por un lado está la parte emocional y por otro la física. Nuestro cuerpo y mente son herramientas fundamentales para gozar del placer.

El físico

Sentirte cómodo en tu piel te puede llevar a la plenitud en muchos planos. Algunos rechazamos partes de nuestro cuerpo que no se acercan al concepto que tenemos de belleza. Somos bombardeados con imágenes de cuerpos “perfectos” que nos hacen ver lo que nos falta y sobra. Estamos expuestos a mujeres de curvas plásticas u hombres que parecen tener el abdomen esculpido a mano. Esta propaganda puede lograr, si lo permitimos, que nos sintamos infelices y defectuosos. Algunas mujeres recurren al relleno en el brassier o los calzones con pompa para lucir un derrierenvidiable. Hay hombres que se inyectan anabólicos para desarrollar una falsa musculatura, y hasta recurren a un calcetín para aparentar atributos que despierten más de un antojo.

La realidad es que la mayoría de la población no luce como en las revistas. Así que vamos haciendo lo que esté en nuestras manos para sentirnos seguros y sexys con lo que tenemos. El resto se lo dejamos a las hormonas y a nuestro carisma (que no está de más mencionar), que puede ser nuestro mayor atractivo. Bien dice el dicho que “la suerte de la fea, la bonita la desea”.

La mente

Por otro lado está la parte mental. Nuestra cultura, educación, sociedad y religión nos han llenado de piedritas la conciencia, y todo esto está aderezado con la desinformación. Nos repitieron desde niños que el sexo es algo prohibido. Una “perversidad” que solo hacen algunos en lugares oscuros y escondidos. A muchos les dijeron, incluso, que es pecado. Y además es un tabú. Pero, nos ponemos a pensar: ¿si es tan repugnante cómo nos las hemos ingeniado para so-brepoblar el mundo? Con tanta información retorcida y antinatural es lógico que nos incomode estar en contacto con otro cuerpo, dándonos mutuo placer. Los complejos provocan ansiedad, inseguridad y timidez, impidiéndonos actuar con libertad. Detecta los tuyos y supéralos, el resultado será muy satisfactorio.