S1NGULAR

La ruta directa al orgasmo (4 pasos)

Al estudiar el comportamiento del cerebro mediante una resonancia magnética, el psicólogo neoyorquino Barry Komisaruk encontró la vía que sigue la mente femenina para llegar al clímax:

1. Una primera caricia

A través de un primer contacto se ilumina la región de la corteza sensorial, la cual se estimula también con el contacto al clítoris, vagina y cérvix.

2. Evocación de recuerdos

Al continuar con la estimulación, comienza la acumulación de placer y esto hace que el hipocampo responda, es decir, la mujer empieza a asociar esa experiencia con recuerdos satisfactorios.

3. Antes de llegar

Justo antes de llegar al orgasmo, el cerebelo se encarga de producir una fuerte tensión en los muslos, nalgas y músculos abdominales. Por otra parte, el cortex del cíngulo anterior (la fibra que transmite las señales neuronales entre los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro) se encarga de inhibir el dolor para que el cuerpo sólo sienta placer.

4. La petite mort

Mejor conocido como “clímax”, es el momento en el que el hipotálamo libera oxitocina, lo cual hace que se produzcan contracciones en el útero que provocan excitantes pulsaciones, conocidas culturalmente como “orgasmo”.

 

¿Un tip extra? Éstas son 2 zonas erógenas poco aprovechadas

Labios

Son peligrosos por naturaleza, ya que son la zona erógena más expuesta del cuerpo humano. Es la parte favorita de muchos, pues tiene tantas terminaciones nerviosas que son 100 veces más sensibles que los dedos.

Axilas

Aunque parece un rincón olvidado, si lo sabes excitar, la respuesta de tu pareja puede ser muy satisfactoria, ya que es una de las zonas más sensibles al tacto. Incluso existe el término “axilismo” para referirse a la filia en la que se utiliza la axila de la mujer para masturbar el pene o simular el coito.

Psicología

La violencia nos excita

La violencia se ha estado normalizando en México desde hace un buen rato. Todos lo sabemos: antes te enterabas de una balacera en la madrugada, ahora un enfrentamiento entre narcos y policías a plena luz del día -con suerte no estás en medio-.

A pesar de esto, el narco sólo es una de las formas en las que se manifiesta la violencia. En el país existen cientos de formas de vivir violentamente y acostumbrarse a ello es uno de los primeros síntomas para replicarla.

Para el filósofo y antropólogo francés George Bataille, la violencia no sólo afecta a quien la vive, sino también a los espectadores de la misma, quienes se dedican a hablar del acto violento que vieron o les contaron.

“El choque de Reforma estuvo leve, he visto peores”, “En Sinaloa me tocó una balacera más fuerte”, “Eso no es nada, en Veracruz encontraron una fosa más grande”. Frases como de este tipo las hemos escuchado en más de una ocasión, con sus respectivas variantes, cuando alguien nos narra un episodio violento.

Bataille decía que la violencia estaba relacionada con una “excitación anónima”, la cual radicaba en el miedo generado por la violencia misma, así, las personas que hablan sobre ella se excitan al hacerlo.

El filósofo creía que al hacer esto nos encontrábamos a nosotros mismos, ya que sabemos que la violencia “nos puede llevar a lo peor”, sin hacer distinción entre género, clase social, o condición física, cubriendo a todos.

“La violencia no nos asombraría tanto si no supiéramos, si no fuéramos por lo menos un poco conscientes, que nos puede llevar a lo peor”, escribió el francés.

Bajo esta premisa, sabemos que los hechos violentos que vivimos a diario en todo el país, y que conocemos gracias a los medios de comunicación o redes sociales, forman parte de este proceso descrito por Bataille, sin embargo, la constante exposición a ella nos puede volver más que insensibles.

La violencia, como se sabe, no es exclusiva de México. Recordemos los años que tienen diferentes países en guerra, los ataques a cada uno y lo poco que recordamos de cada uno, ya que “allá siempre están en guerra”, ¿no?

Salud / Sexualidad

Sexo seco: una extraña práctica que atenta contra la salud

Muchas mujeres hemos estado ahí: libido encendida, sábanas alborotadas, él sobre ti, tú jadeando, mordiscos, besos y gemidos. Todo listo para que el pene entre, pero de pronto… ¡oh, naturaleza! La lubricación vaginal nos hace una mala jugada y no hay poder divino que nos haga quedar mojadas.

Existen múltiples razones que provocan tanto la sequedad vaginal, como el vaginismo (contracción involuntaria de los músculos interiores de la vagina): el climaterio, las infecciones, los efectos secundarios de diversos medicamentos y el estrés, son algunas de las causas.

Sin embargo, mientras la mayoría de las mujeres que experimentan esto piensan que su vida sexual terminó, en el centro de África y el sur de Indonesia hay quienes usan arena, piedras, papel, trapos secos, polvo, detergente o hasta cambian su alimentación con tal de disminuir o eliminar su lubricación natural. Una locura, sí, y un atentado contra su salud que se llama “dry sex”, todo con tal de que el hombre sienta mayor placer y contracción a la hora del coito.

Pues bien, de acuerdo con el Instituto Guttmacher de Estados Unidos, encargado de estudiar los actos sexuales y la salud reproductiva en todo el mundo, en algunos países de África los hombres asocian la idea de una vagina estrecha (y sin lubricación) como un indicador de que su mujer es fiel; por el contrario, a aquellas que muestran humedad y lubricación se les señala incluso como portadoras de enfermedades de transmisión sexual.

Los peligros de practicar sexo seco no sólo se reflejan en la poca educación sexual alrededor de esas comunidades, sino que repercuten gravemente en la salud de las mujeres en el mundo, ya que cualquier objeto o sustancia que contribuya a interferir con los niveles de PH de la vagina, daña el epitelio vaginal provocando inflamación, bacterias, dolor excesivo durante el sexo, laceraciones y contagio de VIH.