Bienestar / Psicología

Poder elegir te hace infeliz

Café, ¿americano, latte, cortado?, ¿chico, mediano, grande?, con leche ¿entera, light, deslactosada?, ¿regular, de almendras, coco o soya? Y al final ¿estás satisfecho con lo que elegiste?

El mundo actual nos ofrece opciones, muchas y en todo: ropa, comida, carreras universitarias, viajes, trabajos, parejas. Y todo es intercambiable y reemplazable a corto plazo.

En teoría, esto es una ventaja que nos haría más felices; pero de acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades que más afectan a la sociedad hoy en día son patologías mentales y, como primer lugar, la depresión. ¿Por qué?

Una de las causas, según el psicólogo Barry Schwartz, es lo que se conoce como “paradoja de la elección”. Tener la posibilidad de elegir entre diversas opciones nos paraliza -antes de alegrarnos- al no saber qué escoger y, una vez que lo haces, te sientes infeliz al pensar que pudiste haber realizado una elección diferente. Es decir, no disfrutas lo que tienes porque subes las expectativas de aquello que no, de eso a lo que estás renunciando.

Actualmente, es difícil tener una experiencia placentera que te sorprenda, dice el especialista, porque al imaginar el nivel de satisfacción que pueden darte las demás cosas, los estándares están por encima todo el tiempo y, en consecuencia, vives en una insatisfacción continua. Además, al pensar que estaba en tus manos decidirte por otra opción, experimentas una especie de culpa. ¿Habías pensado en todo esto?

Por ello, concluye, una de las claves de la felicidad es aceptar las condiciones básicas que el entorno te ofrece -restando toda la complejidad- y tener bajas expectativas de tus decisiones.

Bienestar

Soltería por decisión no por imposición

Atrás quedó la idea de tener que casarse para formar una “familia feliz”, cuando hombres y mujeres “debían” salir de casa para conocer a la persona que los acompañará toda la vida. El tiempo en que a nadie, o a pocos, les pasaba por la cabeza la idea de que la soltería es una opción, una decisión.

Una decisión que se toma desde el deseo de libertad y de independencia, actualmente las personas solteras ya no producen “lástima o preocupación”, al contrario, son blancos de “envidia” y de admiración.

Los solteros por vocación, quienes decidieron desde hace tiempo no abandonar por nada ni nadie el mundo de los s1ngulares saben de sobra que vivir sin pareja es uno de los mayores beneficios hacia si mismo, el compromiso con uno es y debe ser para siempre (con o sin pareja), eres la responsable de cumplir tus sueños sin excusas ni pretextos.

Estar soltera no es sinónimo de estar sola, es justo romper con esa idea de que una pareja no es tu mundo, tu compañía, es descubrirte y re descubrirte feliz; compartir tiempo y momentos a lado de tus amig@s, familia, a tu gato, perro, peces…y tienes mil y un oportunidades de conocer gente nueva, tienes la libertad de ir y venir sin dar explicaciones; independencia en estado puro.

El grado de soledad que uno siente es el que uno mismo se impone, pero tampoco es sinónimo de “vida loca”, pues no es salir de fiesta cada noche, gritar a los cuatro vientos que estás “libre”, es conocerse a uno mismo cada día más, llegar a ser la persona que siempre has querido ser, porque no eres la media naranja de nadie.

 

Especial NoMo

El bullying pronatalista contra las “NoMo”

“Te voy a dar un consejo para que atrapes a Rogelio, ¡embarázate!”, después de esa recomendación que le hicieron a Mónica, hace años, todavía sigue riéndose y seguramente también sonrieron sus trompas de Falopio, que están ligadas desde hace once años.

Como si fuera un coro pronatalista, familiares, amigos, y gente cercana repiten clichés y estereotipos, algunos realmente humillantes, para convencerlas. “Hay que trascender”, “Quién te va cuidar de vieja”, “Te vas a arrepentir”, “Llegará el amor de tu vida y cambiarás de actitud”, “Te vas a amargar”, “Ten un hijo aunque no tengas pareja”, “La realización la dan los hijos”, “No niegues tu naturaleza”, “Te vas a deprimir sin hijos”, “Ya te enfrentarás al reloj biológico”.

Ante este acoso, las NoMo responden con distintas actitudes, que pasan desde el enojo, la impaciencia, la incomodidad, hasta el sarcasmo y el humor. Por ejemplo, cuando a Paulina le dicen que la felicidad que da un hijo no se compara con un doctorado, ella contesta: “Mi maestría es mi hijo”.

Aunado a esos juicios, las NoMo confiesan que incluso se ha llegado a usar el enamoramiento como premisa para ceder a la maternidad. Abril es firme: “Si encuentro al amor de mi vida y quiere tener hijos, que mejor me deje”. Carmen sostiene: “Mi amor por alguien no hará que me haga responsable de otra persona”. Ariadne expresa: “Un hombre que prefiere a un hijo que no ha nacido antes que a mí, no es un hombre para mí”.

«Necesitamos silencio para escucharnos, no las voces externas, sino lo que nosotras deseamos en realidad».

Rocío, con 43 años y soltera, recibe por doble partida los embates. Le han dicho amargada, frustrada, egoísta, lesbiana. “¡No me escuchan!, por más que explico que he decidido no tener hijos. Mejor me río y sigo acompañada de mí”.

Pronosticar vejez, soledad y eterna amagura son sólo algunos de los recursos más frecuentes para atemorizar a las NoMo. Pero ya están curtidas. Por ello es que Ema, ante la amenaza de quién la cuidará en la vejez, responde que la misma enfermera que cuidará a varios en el asilo, incluidos los que la cuestionan.

Sin embargo, a veces, los adultos no son sólo los inquisidores de estas mujeres. Catalina hace frente a los hijos de sus amigos cuando le preguntan por qué no tiene niños. Ella responde: “Hay mujeres que tienen hijos y otras que no”.

Ilah, casada, con 32 años, sintetiza ese rumor que corre entre las NoMo: “Necesitamos silencio para escucharnos, no las voces externas, sino lo que nosotras deseamos en realidad. Ésa es la novedad en este tiempo: lo que nosotras estamos diciendo”.

Y sí, lo que ellas están diciendo es que así tengan 20, 40, 50 o 30 años… una revolución de pensamiento ha comenzado, aquella donde por vez primera se declara que la maternidad es una opción, no una obligación.

 

S1NGULAR

Los espejos de la maternidad: las mujeres que eligen no ser madres

La relación de las mujeres con la maternidad es un proceso tan naturalizado y mitificado que “elegir” no ejercerla, sobre todo de manera voluntaria, se convierte en un factor de tensión, que se expresa en la estigmatización y la presión social.

Por eso, es necesario no sólo hacer visible esta situación como un llamado a la tolerancia y al respeto de las mujeres que deciden no ser madres aun cuando pueden serlo. Se trata de algo mucho más profundo: es ubicar a la figura y función de la maternidad: la madre amorosa y solícita con el niño (y la paternidad en el caso de los hombres), como un producto histórico y cultural “inventado”, que puede ser ubicado a partir del siglo XIX.

Dicho modelo basado en la construcción de la identidad femenina y masculina a partir de la maternidad-paternidad, ha servido, entre otras cosas, para legitimar el orden de la heterosexualidad obligatoria y el de una supuesta división natural del trabajo, que asigna a los varones el espacio del mundo público y la proveeduría y a las mujeres el de lo privado o lo doméstico.

Esta elección hacia la “no maternidad” tiene como antecedente el momento histórico bajo el cual fue posible que las mujeres pudieran tener acceso a este derecho reproductivo, al exigir la autonomía de controlar sus cuerpos para decidir libremente la maternidad. Al mismo tiempo, esta defensa por la autonomía del cuerpo ha sido un eje de lucha del movimiento feminista, desde entonces las feministas son quienes han cuestionado este orden natural, al desafiar el axioma que sostiene que la “biología es destino”.

En este contexto, muchas mujeres (madres o no) han derribado las prohibiciones que les impedían participar en los espacios y actividades masculinas, fueran éstas referentes al campo de la ciencia, la política, el arte, el deporte o la tecnología. Esta incursión en el mundo público las ratifica en su condición de ciudadanas, misma que se extiende a todos los espacios, incluyendo la familia y la identidad, ámbitos que también resultan afectados por esta nueva condición, misma que las separa del otrora lugar naturalizado por el sistema de género.

Estos cambios inéditos en la historia son desafíos que llaman a la reflexión y al diálogo, en busca no sólo de describir la realidad, sino principalmente de transformarla. La pregunta que plantea María de Jesús Izquierdo nos convoca a repensar la maternidad, desde una nueva perspectiva: “¿Tiene sentido hablar de una asignación de la función materna a la madre y de la paterna al padre? o ¿es más correcto hablar genéricamente del ejercicio de la parentalidad sin establecer diferencias entre el papel de las mujeres y el de los hombres?”

Especial

“NoMo”: las mujeres que han decidido decirle “no” a la maternidad

Al juicio ajeno de “te arrepentirás, querida”, contestan: “No estoy destinada a ser madre sólo por tener útero”, “Mi trascendencia no se limita a dar vida”, “Tengo derecho a disfrutar la vida sin sacrificios”, “No hay instinto maternal en mí”, “No tengo tiempo ni ganas y sólo cuento con una vida”, “La maternidad es un largo camino de entrega que me parece innecesario vivir”, “No quiero tener hijos porque yo sí lo he pensado”, “La maternidad representa desventajas para la mujer y no estoy dispuesta a vivirlas”, “Los hijos te parten la vida, te quitan los sueños y te alejan del éxito”, “¡Joder!, a mí esa alerta del reloj biológico no se me prende”, “Las mujeres no deberíamos justificarnos de no querer ser madres, se trata simplemente de decir no y listo”.

Son mujeres que forman parte de una tendencia mundial que cada vez crece más en los países occidentales; las llamadas NoMo (Not Mother), quienes levantan la voz, hacen visible su elección y asumen las consecuencias.

La escritora chilena Lina Meruane, en su libro Contra los hijos, dice que son la “revolución-de-los-sin-hijos”. Lo que está en el fondo de esta decisión, apunta, es que son mujeres que por primera vez se preguntan por qué no tener hijos.

Yanina Ávila González, antropóloga, lo define como un hecho histórico porque cuestionan que la maternidad sea “el núcleo natural y fundante de la identidad femenina”. Advierte que elegir y conducir sus vidas sin prestar atención a los mandatos o a las creencias externas es una gran transformación.

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No es gratuito que el papa Francisco, quien observa la tendencia en los países europeos, y en Estados Unidos, critique la opción de no tener hijos como una elección “egoísta e irresponsable”, y afirme que tenerlos “es un don y un regalo, más que una realización”.

Al parecer, la palabra egoísmo ha perdido su fuerza demoledora para millones de mujeres que en distintos lugares del mundo apuestan por un estilo de vida diferente. “Teoría de las preferencias”, la llama la socióloga Catherine Hakim, quien realizó una investigación en 25 países para saber qué había detrás de la decisión voluntaria de no tener hijos. En esta investigación se encontró que muchas mujeres no quieren hijos y prefieren priorizar un estilo de vida; son una minoría, advierte, pero han revolucionado los parámetros demográficos.

Según el Centro de Investigaciones Pew, en Estados Unidos, la presión social ha disminuido y la decisión de tener hijos es una opción individual. Además, no están de acuerdo con que la gente sin hijos “vive vidas vacías”, y algo más subversivo: consideran que los niños son cada vez menos vistos como eje central de un buen matrimonio.

Opinión

¿Cómo alimentarnos sanamente?

Por aritmética simple, la “dieta” no es un método viable para la salud. Dos signos distintos dan como resultado uno negativo. Así pues, no podemos obtener un resultado positivo, con base en un pensamiento negativo o restrictivo. Si tienes que empezar una frase con un “no puedo”, queda concedido. Es imposible alcanzar un objetivo bajo esta premisa. La idea es estar sano. ¡Sentirte bien! Tal vez quieras o necesites bajar niveles de colesterol en sangre, controlar la diabetes o evitar un infarto. Asuntos de salud que no se curan en un mes, ni dos.

Nos estamos acostumbrando a tener prisa. Queremos todo para antier en un mundo que, entiendo, tiene toda la información en la palma de su mano. Pero para la naturaleza ¡no existen los resultados en 10 días! ¡Ni el pasto puede crecer en 10 días!

Ahora, a favor del siglo XXI, buscar “diet books” en Amazon arroja 200,491 resultados… ¡Tenemos recursos! Aún así, en México nos hace falta información. Todavía hay quienes piensan que la culpa es del refresco, el pan, el taco, la papa… ¡Pues si el que engorda es uno! En nuestro país las aguas frescas y las frutas están en cada esquina. El mismo papero te vende la piña. En la misma tiendita hay refrescos y agua simple. ¡Y no me salgan con que es más caro, porque no es cierto! El verdadero problema de la obesidad en este país, es el consumidor. Compramos las papas de a 3 x 10 en pleno periférico, porque la ansiedad. Hay tienditas en cada cuadra. ¡No nos esperamos a la comida!

Hay veces que los estudios científicos no me cuadran con nuestra realidad consumista. Los esquimales y el omega 3… ¿Y el Oxxo? Los Franceses y el vino, ¿y el Oxxo? La dieta mediterránea, ¿y el Oxxo? A estas alturas me pregunto si no sería más conveniente limitar la miscelánea gringa, que ponerle impuestos al azúcar.

Una vida sana cobra sentido en el momento que el consumidor toma las riendas de su vida. Cuando se atreve a ser selectivo. En nuestro país tendría que ser más fácil porque esta tierra nos da mucho: empleos y cosechas.

¡Ojalá le echáramos un ojo al campo! A los productores que aún observan la luna y agradecen la lluvia. Apuéstale a la obra maestra de la naturaleza, a la sabiduría de nuestros agricultores y ganaderos. Date el lujo de elegir a las manos de México. Involúcrate con la industria alimenticia. Muchos dan buenos empleos en el país y ofrecen productos dignos de tu organismo. ¡Date el lujo de elegir!

Dos signos positivos, dan positivo. Y una vida sana piensa positivo. Asume el futuro como garantía del bien estar. Bienestar que escribo por separado para dejar bien claro que no lo vas a encontrar en Tahití, o en Bermudas. Estar bien es gratis. Porque todo depende de lo que piensas, sientes y haces. Hábitos que, si los educamos, nos acercan a la misma libertad que se nos otorga al nacer.